Antes del ataque, Jocelyn se dedicaba a vender números de lotería, una actividad bastante común en Costa Rica,

Jocelyn Vallejos, la nicaragüense que sobrevivió a un ataque con ácido de batería

Las quemaduras de tercer grado la mantuvieron más de dos meses en el hospital y aún enfrenta cirugías, dolor y secuelas físicas

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Para la nicaragüense Jocelyn Vallejos, de 31 años, uno de los momentos más difíciles que ha pasado desde que su expareja le lanzó ácido de batería al rostro, cuello, brazos y piernas, ha sido no poder abrazar a sus tres hijos.

La mujer de 31 años, que estuvo entre la vida y la muerte y más de dos meses en el hospital, sigue en proceso de recuperación de sus graves quemaduras. Ni siquiera lleva la cuenta de las cirugías que le realizaron. «Entraba al quirófano dos o tres veces a la semana», recuerda.

La noche que fue atacada por su expareja, el nicaragüense Luis Alfonso Calero Peña, de 37 años, ella recibió un puñetazo en la cara cuando el hombre se metió sigilosamente a su vivienda en Cocorí, Aguacaliente, Cartago, Costa Rica. Por reflejo vio que él iba a tirarle algo y se tapó el rostro. Pero el potente líquido le cayó en la parte baja de la nariz, barbilla, cuello y la mayoría en el pecho.

También tiene quemaduras en los brazos y piernas por las salpicaduras del ácido de batería. Ya pasaron tres meses desde que salió del hospital y no ha podido abrazar a sus niños, le duele el pecho y en ocasiones le salen ampollas que luego se revientan y quedan en carne viva.

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Las quemaduras causadas por Luis Calero Peña son de tercer grado.

Semana Santa fatídica

El 14 de abril de este año era Lunes Santo. Jocelyn aprovechó la semana anterior para ir a Nicaragua para ver a su mamá. Ella es originaria de El Sauce, en el departamento de León.

Jocelyn Vallejos antes del ataque. Foto: Cortesía

En Costa Rica, donde vive desde hace 15 años, no tiene a ningún familiar. A su expareja, Luis Calero Peña, lo conoció hace 10 años e iniciaron una relación de la que nacieron tres niños, un varón de 5 años y el menor de 1 año y siete meses, la niña tiene 3 años.

Ella regresó de Nicaragua ese mismo día. A las 6:00 p.m. ya estaba en su casa, pero alrededor de las 9:00 de la noche sólo sintió el golpe seco en su cara. Se sospecha que Calero entró cuando algún vecino de los demás apartamentos entraba o salía y él aprovechó para colarse dentro de la propiedad.

Después del golpe vino lo peor, primero la amenaza que ya había hecho en ocasiones anteriores: «Si no sos mía, no vas a ser de nadie» y luego el ácido de batería que le cayó en su cuerpo.

«Lo primero que yo hice fue taparme los ojos y el líquido se derramaba por mis manos y acá (señala el pecho). Acá en la parte de la nariz, la boca y el tórax», recuerda Vallejos.

Calero huyó de la escena. Pasaron tres meses hasta que el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) logró su captura la semana pasada.

La nicaragüense comenzó a pedir auxilio y los vecinos llegaron a socorrerla. Una vecina la metió a la ducha. «Me echaban agua, yo sentía donde se me desprendían los pedazos de carne. No sé si era la carne, no sé si era la ropa, pero yo sentía que algo se me desprendía, que caían. Y yo lloraba y pegaba gritos y pedía auxilio, auxilio, auxilio», cuenta Jocelyn.

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«Sentía como cuando usted tiene una esponja y que absorbe. Sentía que me absorbía por dentro, como que me succionaba», agrega.

El nicaragüense Luis Calero Peña. Foto: Cortesía

Lo último que recuerda es cuando la subieron en la ambulancia. Después de eso quedó inconsciente, y así estuvo por un mes en el hospital. Hasta que recobró la conciencia las enfermeras le contaron que los doctores sólo le daban una semana de vida.

Dolor

Cuando recobró la conciencia pasó un mes y dos días más en el Hospital San Juan de Dios, en Costa Rica. Como no tiene familiares en ese país, los tres niños pasaron a manos del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), una instancia similar a Mifamilia en Nicaragua. Habla con ellos por videollamadas y ha logrado verlos unas tres veces en persona desde que dada de alta hace un mes.

Debido a sus heridas no ha podido abrazarlos bien. «Se me hace difícil porque me lastiman, entonces sólo los tengo aquí en las piernas y yo les digo: ‘Mi amor, no se haga para atrás porque me duele’. Ellos son muy comprensibles», narra.

Vallejos necesita otras cirugías de manera urgente. LA PRENSA/Óscar Navarrete

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Los niños estaban en la casa cuando ocurrió el ataque y lograron ver cuando Calero salió huyendo. El sujeto se mezcló en medio de una procesión que iba pasando en ese momento por el lugar y le perdieron el rastro.

Cuando Jocelyn salió del hospital, Calero la llamaba y le mandaba mensajes de texto diciéndole que quería hablar con ella.

Cuatro años separados

Vallejos cuenta que debido a la violencia que recibía de parte de Calero, se separó de él, incluso lo había denunciado y le habían enviado medidas cautelares. Él no podía acercarse a ella.

La violencia que recibía era física y psicológica, no la dejaba tener amistades y también la comparaba con otras personas.

Jocelyn Vallejos se había separado de Luis Calero Peña por el maltrato que recibía. LA PRENSA/Óscar Navarrete

«Yo ya le había puesto la primera medida. Él ya había caído preso una vez, duró un año estando preso por lo mismo. Él después salió de eso y volvía a lo mismo», recuerda Jocelyn. El sujeto le pedía volver y le decía que lo hiciera por los niños. «Él siempre como que buscaba el pretexto de los niños para acercárseme. Y en eso él me decía: ‘Volvamos, mirá voy a cambiar, voy a ser así’. Yo siempre: ‘No, Luis, mirá, mejor hacé las cosas bien, buscate otra mujer, hacé tu vida, yo no te voy a quitar el amor de tus hijos’. Pero él nunca entendió, o sea, nunca entendió que yo le dijera que no, ya no más».

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La pareja se conoció en Costa Rica. Calero es originario de Esquipulas, en el departamento de Matagalpa. Jocelyn nunca conoció a la familia de él. Pero sí viajaron juntos en algunas vacaciones a El Sauce. En Costa Rica, Calero trabajaba en construcción.

Recuperación

Vallejos no sabe cuántas cirugías le realizaron en el primer mes que estuvo inconsciente. Cuando recuperó la conciencia, había ocasiones que entraba en quirófano los lunes, miércoles y viernes.

Le realizaron varios injertos de piel que le quitaron de sus piernas. «Ya el siguiente mes ya empezaba a recordar, me pusieron mucha sangre, me pusieron hasta plasma, es lo único que yo me recuerdo y también tenía sonda para que me metieran de comer por acá», explica.

El próximo mes Vallejos regresará al quirófano. Los doctores necesitan reconstruirle parte de la nariz, ya que debido al ácido una de las fosas nasales quedó cerrada y sólo puede respirar por una. También debido al ácido, la barbilla al cicatrizar le quedó pegada al cuello y no puede estirar bien su cabeza. «Esto es urgente», recalca. «El cuello tiene que volver a la normalidad», agrega.

A Jocelyn tuvieron que quitarle piel de sus piernas para realizarle injertos. LA PRENSA/Óscar Navarrete
A Jocelyn tuvieron que quitarle piel de sus piernas para realizarle injertos. LA PRENSA/Óscar Navarrete

Por el momento, su alimentación es normal, fue probando poco a poco si algo le hacía daño, pero no puede cocinar, al sentir fuego cerca le duele y arden las heridas. Unas monjas nicaragüenses son las que le llevan la comida. También el Estado de Costa Rica ha apoyado económicamente y con las terapias psicológicas que recibe semanalmente.

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Antes del ataque, Jocelyn se dedicaba a vender números de lotería, una actividad bastante común en Costa Rica, de esa manera sigue manteniéndose en la actualidad, porque el trabajo lo realiza con su celular.

Ella no puede salir de su casa ni asolearse, al menos por un año. Sólo puede usar ropa de algodón y de colores claros. Solamente sale para ir al hospital o al psicólogo, o cuando tiene cita con el forense.

Cuando hay mucho calor se le hacen ampollas de agua en el área quemada que luego se revientan. «Es un dolor, es ardor, es comezón, duele, arde, pica, de todo», explica.

Tres veces al día tiene que aplicarse antibacterial, luego pasarse una toallita húmeda y después aceite mineral para mantener húmeda el área afectada. También toma pastillas para el dolor y para dormir, porque a veces el dolor es tan insoportable que no puede dormir.

Justicia

Vallejos espera que no suelten a Calero Peña por todo el daño que le hizo, no sólo a ella, sino a sus hijos. «Más el daño se lo hizo a ellos, o sea, porque es un trauma mucho más pesado para ellos», agrega.

«No le guardo rencor, tampoco le guardo odio, no. Yo todo se lo estoy dejando a Dios y a la Virgen que ellos hagan lo que tengan que hacer», manifiesta.

Luis Calero Peña, de 37 años, cuando fue capturado por el OIJ. Foto: OIJ

Para Vallejos el dolor y aceptarse ha sido lo más duro. «Me tengo que aceptar como soy por ahora. Porque yo sé que no me voy a quedar así por las cirugías que vienen, pero es muy para mí… es muy tormentoso verme a un espejo, verme las secuelas, verme mi cara, el pecho», dice.

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Todavía le cuesta asimilar lo ocurrido. «No he logrado todavía entrar en sí».

Calero Peña fue detenido el 5 de agosto mientras se escondía en unas bodegas de almacenamiento en la zona de San Ramón, Alajuela, Costa Rica. Había sido circulado por la Interpol. La semana pasada fue llevado a los juzgados y se le decretó prisión preventiva por un año. El sujeto es acusado del delito de tentativa de femicidio.

Sucesos Costa Rica nicaragüenses en Costa Rica archivo

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