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Proletario. Quienes lo consideran un símbolo de la lucha popular suelen creer que era un muchacho de origen humilde. La realidad es que Ernesto Guevara de la Serna creció en una familia de clase media alta con ascendencia española e irlandesa. Nació el 14 de junio (o 14 de mayo, dicen otros biógrafos) de 1928 en Rosario, Argentina, como el mayor de cinco hermanos. Aunque sus padres no eran adinerados, sí tuvieron los recursos necesarios para enviarlo a la universidad para cursar la carrera de Medicina en 1947. En esa época obtuvo el apodo de “Chancho” debido a que sólo se lavaba la ropa una vez a la semana, según su amigo Carlos Ferrer, pero no fue porque no tuviera más prendas que usar.
Austero. La imagen idealizada del Che también dicta que era un asceta revolucionario, que rechazaba todo lujo. Sin embargo, el escritor cubanoamericano Humberto Fontova lo retrató de otra manera en su libro Exponiendo al verdadero Che Guevara y a los útiles idiotas que lo idolatran, publicado en 2007. Según Fontova, tras la victoria de la Revolución cubana de 1959, “el Che se apropió de una de las mansiones más lujosas de La Habana, con un puerto de yates, una piscina monstruosa, siete baños, sauna y salón de masajes, y cinco televisores”. Además, el periodista alemán Toni Keppelera subraya en su texto Che Guevara, el hombre Marlboro de la izquierda que el argentino “murió con un Rolex en la muñeca”. Hay que decir, sin embargo, que Fidel Castro usaba dos.
Asesino. Mientras sus devotos le entronizan como un revolucionario de naturaleza no violenta, otras personas lo consideran un asesino que “amaba matar”. Según numerosos artículos, Guevara habría escrito en una carta a su padre: “Tengo que confesarte, papá, que realmente me gusta matar”. Está documentado su papel en fusilamientos durante y después de la Revolución cubana de 1959. Participó en ejecuciones de presuntos traidores, desertores o informantes que eran pasados por las armas ante la más leve sospecha. Tras el triunfo de la guerrilla, lo nombraron jefe de la fortaleza militar La Cabaña, convertida en prisión. Al menos 55 personas fueron ejecutadas ahí bajo su supervisión directa. El Che defendió los juicios sumarios como necesarios para evitar contrarrevoluciones. En la ONU llegó a decir: “Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”.
Homofóbico. Hoy día es común ver el rostro del Che asociado con la bandera de la diversidad sexual. Esto se debe a que muchos lo recuerdan como un luchador por la justicia social. La verdad es que Guevara expresaba abiertamente su desprecio a la homosexualidad, que asociaba con debilidad, decadencia burguesa y desviación moral. Se refería a los homosexuales como “pervertidos sexuales”. Aunque no fue el principal arquitecto de la política homofóbica del régimen castrista, el Che formó parte de un gobierno que persiguió activamente a los homosexuales, especialmente a través de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción). Estas eran campos de trabajo forzado adonde se enviaba a homosexuales, religiosos y otros ciudadanos considerados “no aptos” para la revolución.
Libertad. El mito del Che también se vincula con la idea de la libertad individual, pese a que para él esta debía subordinarse al proyecto colectivo del socialismo autoritario. Según el periodista cubano Jacobo Machover, “suele olvidarse que fue el Che Guevara quien creó el primer campo de trabajo de Cuba (…). Una prisión donde metían a funcionarios y militantes del Partido Comunista que no habían cumplido con las normas y que fue el primer paso hacia más campos iguales en 1960, tristemente conocidos como Unidad Militar de Ayuda a la Producción”.
Igualitario. El Che también se presenta como un partidario de la igualdad entre seres humanos. Sin embargo, en su juventud el guerrillero mostró posiciones racistas, hechos que algunos le perdonan porque entonces tenía 24 años. En un artículo publicado por Huffington Post, la analista de datos Guillermina Sutter Schneider recordó que en su diario personal Guevara se refirió a los negros como “esos magníficos ejemplos de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias a su falta de afinidad con el baño”. También “pensaba que los europeos blancos eran superiores a los de ascendencia africana” y describió a los mexicanos como una “banda de indios analfabetas”, dice la autora. De igual manera se ha criticado que se refiriera al pueblo cubano como “masa proletaria” que actuaba como “manso rebaño”.
Belicista. El hecho de que el Che manifestara su disposición a lanzar armas nucleares contra Estados Unidos durante la crisis de los misiles contradice el mito que lo presenta como un idealista humanista y lo muestra como un belicista radical. En una entrevista con el periódico británico Daily Worker en noviembre de 1962, poco después de la retirada de los misiles soviéticos de Cuba, Guevara confesó: “Si los misiles hubieran permanecido en nuestro poder, los hubiéramos usado todos y dirigido hacia el corazón mismo de los Estados Unidos, incluyendo Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión. Pero no los tenemos, así que pelearemos con lo que tenemos”.
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Desinteresado. El Che Guevara ocupó altos cargos en el gobierno cubano, como presidente del Banco Nacional y ministro de Industrias, con resultados desastrosos. El Che quería que el “hombre nuevo” trabajara por conciencia revolucionaria y no por recompensa personal. Aunque reconocía la importancia de los estímulos materiales, los consideraba una herencia del capitalismo y obstáculo para el desarrollo de la sociedad comunista. Bajo su dirección, la economía se desplomó. Algunos sectores de izquierda lo retratan como un brillante estratega de la economía social, pero analistas independientes destacan el fracaso de sus políticas utópicas.
Incompleto. Jean Paul Sartre lo llamó “el hombre más completo de su tiempo”, y a Fidel Castro, le gustaba hablar del “hombre probablemente más completo y transparente de la historia”. Estas afirmaciones contribuyeron al mito. Sus críticos creen que es necesario bajarlo del pedestal. “Ernesto Che Guevara no era un hombre agradable. A pesar de todos sus méritos como guerrillero, fue vanidoso, temperamental y autoritario. Un hombre descuidado que no se bañaba muy seguido. Podía ser injusto y brutal y a veces tenía ataques de racismo. Esto no está escrito en las leyendas del santo (…). Uno tiene que leer las cartas y diarios de Guevara. Así uno escucha y lee muchas cosas que no caben en el mito del Che como hombre bueno”, sentencia Toni Keppeler.
Estratega. La izquierda suele colocar al Che Guevara como un pensador serio y estratega militar. Pero, incluso desde el marxismo se cuestionó su teoría del foquismo, la idea de que un pequeño grupo guerrillero podía encender la revolución en cualquier país. Sus fracasos en el Congo y Bolivia confirmaron que su estrategia era impracticable: no logró apoyo popular y terminó como un experimento improvisado e ineficaz. Sin embargo, hay algo que todos le reconocen: estaba dispuesto a arriesgar su propio pellejo para probar sus métodos. Así fue como terminaron sus días, cuando ya era guerrillero de tiempo completo, emboscado en Bolivia y fusilado a la edad de 39 años, el 9 de octubre de 1967.