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Leche que no es leche
Aunque han ganado terreno en el mundo de los lácteos, las leches vegetales en realidad no son leche. Sus críticos consideran que la forma correcta de llamarlas es “bebidas vegetales”, pues no guardan similitud alguna con la leche de vaca, más allá de que son blancas y cremosas.
En 2023 la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) de España analizó 181 bebidas a base de soya, avena, arroz o almendra a la venta en supermercados. Su conclusión fue que el 90 por ciento de estos productos es agua; el resto, materia prima vegetal. Además, muchas incorporan aditivos como sal, aromas, azúcares y aceite vegetal.
Estas “leches” suelen “ordeñarse” poniendo en remojo legumbres, frutos secos, granos u otro ingrediente principal para, a continuación, prensarlos y colar el líquido. Aunque son una alternativa con poca grasa y más amable con el medioambiente, las vacas y los veganos, no debe asumirse que contienen los mismos nutrientes que la leche vacuna.
Es necesario leer la tabla nutricional para averiguar si la bebida vegetal está fortificada con proteína, calcio, potasio y vitaminas de los grupos B y D, que se encuentran de manera natural en la leche de vaca. También hay que poner atención al contenido de azúcar (sacarosa), fructosa, azúcar de caña, sirope o jarabe. Las versiones más dulces pueden llevar más azúcar que una dona.
Si la bebida está enriquecida y no tiene azúcares añadidos, puede ser parte de una dieta saludable y una alternativa para personas que evitan los lácteos. Debido a su alto contenido de proteínas, la leche de soya es una de las mejor valoradas.

Queso que no es queso
No todo lo que parece queso realmente lo es. Si lo quemamos y, en lugar de fundirse, se pone negro, no es queso. De estos abundan en los supermercados y no todos llevan advertencia en el envoltorio. En muchos casos la cantidad de queso presente en el producto no llega ni al 15 por ciento.
Sin embargo, para cuando hagamos la prueba del fuego el falso queso ya estará comprado. Es mejor detectarlo antes de pasar por caja. Para empezar, estos productos imitadores (ya sean amarillos o blancos) evitarán la palabra “queso” en el paquete.
Hay que asegurarse de que la etiqueta no incluya más que leche, cuajo, fermentos lácticos y sal, los ingredientes que se encuentran en las queserías tradicionales. “Si incluye algún otro ingrediente, es probable que no sea queso”, advierte Antena 3, diario español.
No obstante, algunas legislaciones, como la española, permiten que el queso se elabore a partir de nata o suero de mantequilla y que contenga ciertos ingredientes extra como “colorantes o cultivos microbianos y levaduras y especias”.
Las imitaciones de queso suelen ser grasa vegetal prensada y almidón, sus ingredientes principales. Se recomienda revisar los sellos de advertencia sobre el exceso de calorías, sodio o grasas saturadas antes de tomar una decisión.

Jugos que no son jugos
Si cree que tomar jugos de frutas envasados es más sano que consumir bebidas gaseosas, puede que esté equivocado. Aunque algunos sí contienen algo de fruta, su consumo frecuente no es recomendable debido a su alto porcentaje de azúcar, que se transforma en calorías y causa estragos en el organismo.
Ciertos jugos de fruta industrializados contienen hasta 12 cucharadas de azúcar. Además, al final del proceso pierden propiedades, como la vitamina C en el caso del jugo de naranja, aunque algunas marcas agregan vitaminas como B y D.
Según Infobae, los jugos que contienen la menor cantidad de fruta son los de mango y le siguen los de durazno. Por otro lado, los que tendrían mayor cantidad de pulpa son los de manzana.
El consumo excesivo de jugos naturales tampoco es tan recomendado, porque aportan mucho azúcar y en el proceso de extracción se elimina casi toda la fibra. Siempre es mejor comerse la fruta.

Atún que no es atún
En el caso del atún enlatado, muchas veces no es precisamente atún. La sustitución de especies y la incorporación de altos porcentajes de soya son estrategias utilizadas por muchas marcas, para abaratar los costos de producción.
A veces las latas contienen diferentes tipos de atún, capturados en distintas zonas del mundo; pero en ocasiones ni siquiera es atún. Se han identificado especies como caballa, jurel y escolar, que puede causar problemas gastrointestinales y está prohibido en Japón desde 1977. En ocasiones incluso se agrega colorante para “maquillar” pescados más baratos y hacerlos pasar como atún rojo.
En 2016 un informe del grupo Oceana advirtió que, de 25 mil muestras de productos del mar analizadas, una de cada cinco estaba mal etiquetada. Es decir, no declaraba con claridad lo que realmente contenía. Y en abril de 2025 la Profeco de México alertó sobre marcas que deberían llamarse “soya con atún” y no “atún con soya”.
A pesar de todo, la etiqueta es importante para distinguir entre el atún falso y el real. Una lata de verdadero atún usualmente especificará de qué especie se trata: atún rojo o atún aleta amarilla, por ejemplo. También mencionará método de pesca y país de origen. Sin embargo, estas precauciones podrían no ser suficientes.
Se recomienda evitar marcas genéricas y preferir las que contengan sellos de certificación. Sospeche de los productos demasiado baratos y de las etiquetas que dicen “atún blanco”, pues lo más probable es que sea escolar. Revise la tabla nutricional, algunas etiquetas sólo mencionan azúcares y sodio y nada de proteína u Omega 3.

Pavo que no es pavo
Los embutidos de origen animal son carnes frías preparadas con recortes de cerdo y con sobras de cortes de tocino, pollo y pavo. Estos ingredientes se trituran en máquinas y luego se mezclan con condimentos, conservantes, azúcar, colorantes y otros aditivos.
Hace algunos años la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó evitar el consumo de embutidos y carnes procesadas, al incluirlos en el grupo de “carcinógenos para humanos”, junto con el alcohol, el tabaco, la contaminación ambiental y el sol.
Según una experta consultada por el diario La Vanguardia, las salchichas contienen “un 30-35 por ciento de grasa, otro 30-35 por ciento de carne y el resto son nitratos y nitritos, aditivos considerados potencialmente peligrosos que deberíamos evitar”.
En cuanto al salchichón, contiene 438 calorías por cada 100 gramos y unos 40 gramos de grasa, de los cuales 12 gramos son grasas saturadas. Además, según la OMS, tiene una posible relación con el cáncer colorrectal y, igual que otros embutidos, grandes cantidades de sal.
Podía pensarse que los jamones de pavo y pollo son más saludables, pero resulta que rara vez son de pavo o pollo. Suelen contener aditivos, sales añadidas, fécula de patata o proteína de soya y en muchos casos apenas alcanzan un 50 por ciento de carne. Se recomienda revisar las etiquetas y sólo adquirir el producto si supera el 90-95 por ciento de carne.

Pan integral que no es integral
Existe una relación directa entre el consumo de pan y el riesgo de padecer obesidad, problemas cardiovasculares o diabetes. Por ello se recomienda disminuir su ingesta y optar por variedades elaboradas con grano entero. Los productos integrales (pan, pasta, arroz) reducen un 17 por ciento la posibilidad de padecer enfermedades cardiovasculares, respiratorias, cáncer de colon o diabetes, de acuerdo con la revista British Medical Journal.
Según el diario El Español, el pan integral verdadero “se elabora a partir de harinas que no han sido refinadas y que contienen las tres partes del cereal intactas, incluyendo el germen y el salvado, cuyos componentes favorecen nuestra salud intestinal”. Sin embargo, muchos panes etiquetados como integrales o con un alto contenido en fibra contienen harinas refinadas, apenas aderezadas con salvado de trigo.
Para que un pan pueda ser considerado integral debería estar elaborado al menos en un 75 por ciento con harina integral. Esto debe estar indicado en la etiqueta del producto y aparecer en los primeros lugares, ya que los ingredientes se enumeran de mayor a menor, según la cantidad que contenga el alimento.
Además, dice El Español, un pan de molde sólo podrá resaltar que es “fuente de fibra” si contiene un mínimo de tres gramos de fibra por cada 100 gramos o, como mínimo, 1.5 gramos por 100 kilocalorías.

Nuggets
Si desea comer pollo, no espere encontrarlo en los famosos nuggets de pechuga, al menos no en altas cantidades. Estudios de la Profeco de México revelaron que muchos de estos productos no alcanzan ni 2/3 partes de carne de pollo.
De acuerdo con el diario ABC, su principal ingrediente es la carne que se desprende de los huesos luego del deshuesado (cerca del 30 por ciento). Después va la pechuga de pollo (alrededor del 25 por ciento) y el resto (45 por ciento) son harinas refinadas, fécula de papa, aceites vegetales de poca calidad, almidón, azúcares, grasas trans y agua. Debido a esto son un producto nutricionalmente pobre y altamente calórico.
Otras publicaciones afirman que los nuggets también contienen vísceras, cartílago, piel de pollo e incluso algo de hueso triturado, para que nada se desperdicie.