El cardenal Leopoldo Brenes acompañado por el clero de Managua, el nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag y miembros de ANPDH. Brenes fue agredido al llegar a la Basílica de Diriamba por fuerzas de choque y paramilitares del orteguismo. ARCHIVO LA PRENSA

El día que los obispos quedaron “en shock” tras sufrir la agresión de turbas orteguistas

La Basílica de Diriamba fue el escenario donde turbas orteguistas agredieron a obispos, feligreses y al nuncio apostólico, cuando estos trataban de parar la Operación Limpieza y rescatar a un grupo de manifestantes que se refugió en el templo.

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Aquel domingo 8 de julio de 2018, las ciudades de Diriamba, Jinotepe y Dolores, que desde el inicio de las protestas de abril mantenían tranques en sus carreteras, se convirtieron en el blanco de la Operación Limpieza ejecutada por la dictadura. Obispos, junto al nuncio apostólico y otros sacerdotes, fueron agredidos por turbas sandinistas ese día. 

Un año después del ataque, en entrevista con Canal 12, monseñor Miguel Mántica dijo que aquel había sido un día muy angustiante. “Lo que vivimos ese día fue como un shock. Así veníamos en el bus”, valoró. 

Desde primeras horas del amanecer de ese 8 de julio, un contingente de policías y paramilitares, armados con fusiles M-16, AK-47, ametralladoras PKM de alto calibre, cohetes RPG-7 y lanzagranadas M-79, atacó de forma coordinada estas ciudades. Los pobladores de Diriamba resistieron durante cuatro horas, pero hacia las 10:00 de la mañana, el control ya estaba en manos de las fuerzas orteguistas. 

El saldo de la ofensiva fue de 38 personas muertas. Muchos habitantes de Diriamba se refugiaron en la Basílica de San Sebastián, que fue rodeada por grupos armados. Ante esta situación, una delegación encabezada por obispos, miembros de la Comisión de Derechos Humanos, periodistas y el recién llegado nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag, viajó a Diriamba para mediar. 

A lo largo del trayecto, la caravana fue recibida por ciudadanos que agitaban banderas azul y blanco de Nicaragua y la enseña amarilla y blanca de la Iglesia católica. 

Al llegar a Diriamba, los obispos se dirigieron a pie hacia la Basílica, pero fueron rodeados por turbas y paramilitares que comenzaron a empujarlos y agredirlos verbalmente. Les lanzaron piedras y objetos mientras gritaban: “¡Asesinos!”, “¡Mentirosos!” En el interior del templo se encontraban refugiados paramédicos y misioneros franciscanos, a quienes los religiosos intentaban rescatar. 

Las turbas impidieron el acceso por la entrada principal, obligando a la comitiva eclesiástica a rodear el edificio e ingresar por la parte trasera, mientras eran objeto de más insultos y amenazas. Cuando finalmente entraron al templo, grupos armados irrumpieron tras ellos portando tubos, palos y machetes. 

Dentro del recinto sagrado comenzaron las agresiones físicas. Monseñor Silvio Báez fue herido con un cuchillo en el brazo y recibió golpes en el estómago. También le fueron arrebatadas sus insignias episcopales. El padre Edwin Román y monseñor Miguel Mántica fueron golpeados, este último con heridas en el rostro y cuello. El nuncio apostólico también fue agredido. 

Tras liberar a los refugiados, los obispos intentaron abandonar la Basílica, pero nuevamente fueron atacados junto a los periodistas que daban cobertura. Varios reporteros fueron golpeados y sus cámaras robadas. 

Los religiosos lograron salir después de que el nuncio llamó a Rosario Murillo y le pidió que respetara su investidura como diplomático. Después de esa llamada, “entró un policía y les dijo: desalojen. En cosa de segundos estaban todos fuera”, relató Mántica en 2019. 

Los sacerdotes se dirigieron después a la Catedral Metropolitana de Managua, donde oraron y agradecieron al Santísimo, mientras en otras ciudades continuaban las masacres bajo la sombría Operación Limpieza.

Monseñor Silvio Báez y miembros de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) se reúnen en la Catedral Metropolitana de Managua antes de partir en caravana hacia Diriamba, junto a periodistas nacionales e internacionales. ARCHIVO / LA PRENSA
Feligreses del municipio de El Crucero ondean banderas de Nicaragua y de la Iglesia católica mientras la caravana de obispos y defensores de derechos humanos se dirige a Diriamba. ARCHIVO LA PRENSA / AFP
Turbas orteguistas agreden verbalmente a los obispos mientras intentan ingresar por la entrada lateral de la Basílica de San Sebastián. ARCHIVO LA PRENSA / AFP.
El cardenal Leopoldo Brenes, escoltado por obispos y sacerdotes, trata de evadir las agresiones de las fuerzas de choque del régimen, que los asediaron desde su llegada a Diriamba. ARCHIVO LA PRENSA / AFP
Paramilitares encapuchados se parapetan en la parte trasera de la Basílica de San Sebastián, asumiendo una postura de combate ante la llegada de los obispos. ARCHIVO LA PRENSA / AFP
Un simpatizante del régimen amenaza a periodistas que cubrían la visita de los obispos a Diriamba. ARCHIVO LA PRENSA / AFP
Los obispos y sacerdotes fueron impedidos de ingresar por la entrada principal del templo y obligados a dirigirse a la parte trasera, mientras eran nuevamente agredidos por turbas orteguistas. ARCHIVO LA PRENSA
Un grupo de paramédicos, con los rostros cubiertos para proteger su identidad, quedó atrapado en la Basílica de San Sebastián tras brindar atención a heridos durante el ataque de la Operación Limpieza. ARCHIVO LA PRENSA
El cardenal Leopoldo Brenes y el nuncio apostólico intentan calmar a las turbas del orteguismo, que irrumpieron violentamente en el templo. ARCHIVO LA PRENSA / AFP
El padre Edwin Román se defiende de los ataques de paramilitares encapuchados que agredieron brutalmente a los obispos y periodistas. ARCHIVO LA PRENSA / AFP
Turbas agreden verbalmente a un sacerdote en el altar mayor, profanando la Basílica de San Sebastián por órdenes del régimen. ARCHIVO LA PRENSA
Simpatizantes del régimen insultan a una mujer que acompañaba la delegación episcopal. ARCHIVO LA PRENSA
El periodista Jackson Orozco, de 100% Noticias, con la camisa manchada de sangre tras ser agredido dentro de la Basílica de San Sebastián. ARCHIVO
Monseñor Silvio Báez muestra la herida provocada por un arma blanca en su antebrazo. “Esto no es nada comparado con lo que sufre el pueblo de Nicaragua”, expresó tras la agresión. ARCHIVO
Tras la agresión a los obispos, paramilitares colocaron banderas del FSLN en el reloj de la ciudad de Diriamba. ARCHIVO

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