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Al menos de manera retórica, el régimen de Ortega y Murillo ha metido a Nicaragua en la guerra de Israel con Irán que ocurre en el lejano Medio Oriente.
De la misma manera, la dictadura involucró a Nicaragua en la guerra de la Rusia autocrática contra la Ucrania democrática, poniendo al país del lado del régimen agresor de Vladímir Putin. Y también en la que Israel libra contra Hamás en la Franja de Gaza.
Decimos que la dictadura ha involucrado a Nicaragua en esas guerras, aunque sólo sea simbólicamente, pues por desgracia histórica y las incongruencias y limitaciones del derecho internacional es la que representa al país ante los gobiernos del mundo.
Es lógico que por afinidad ideológica totalitaria y el odio compartido hacia el mundo democrático, en particular a Estados Unidos (EE. UU.) y la Unión Europea, los dictadores de Nicaragua se alineen incondicionalmente con la tiranía iraní, la autocracia rusa y la fuerza terrorista de Hamás.
En nuestro caso, somos pacifistas por principios morales y humanistas. Repudiamos la guerra y la agresión armada de unos países contra otros y de algunas personas contra las demás. Pero eso no nos impide distinguir entre los agresores y los agredidos, entre las guerras injustas de agresión y las guerras justas que se ven obligadas a sostener las víctimas para defenderse de sus agresores.
La historia, la doctrina cristiana y el derecho internacional, desde Santo Tomás de Aquino pasando por el gran jurista neerlandés Hugo Grocio (1583-1645), hasta las normas actuales de las Naciones Unidas, enseñan a distinguir moralmente entre las guerras justas y las injustas.
De acuerdo con el derecho internacional contemporáneo, sólo es guerra justa (jus ad bellum) la que se libra para enfrentar una agresión directa grave, como una invasión armada, o una amenaza directa de que va a ocurrir y más cuando es existencial. Es decir, que amenace la misma existencia del país, nación o población amenazada.
Tal es el caso de Irán, que de manera declarada y reiterada ha amenazado a Israel con exterminarlo como Estado, país y nación. La misma amenaza que es la razón de ser de los movimientos armados terroristas palestinos como Hamás, Hezbolá y los Hutíes.
De manera que, reconociendo como es de rigor ético los excesos que ha cometido Israel en su guerra defensiva contra los terroristas palestinos, también debemos reconocer que es una guerra justa la que está librando en Gaza y contra Irán.
Además, hay una enorme diferencia política y social entre Israel con respecto a Irán y el régimen de Hamás en la Franja de Gaza. Israel es un país democrático y pluralista, en el que hay libertades y derechos y la minoría árabe palestina también tiene su lugar en la sociedad y representación en el Parlamento. Por el contrario, Irán y el régimen de Hamás son tiranías abominables que no reconocen libertades de la gente ni respetan sus derechos humanos más elementales.
De manera que si la guerra de la Franja de Gaza y en Irán terminara con la caída de las dos tiranías, sería como una bendición para esos pueblos tan sufridos o más que el de Nicaragua.