La Concha Acústica era el monumento más emblemático de la administración de Herty Lewites como alcalde de Managua.

Los intentos de Ortega y Murillo de borrar la memoria de sus “enemigos” 

Personalidades que no se alinearon con la dictadura o que simplemente son un recordatorio de la época en la que Daniel Ortega tuvo que “gobernar desde abajo” han sido blanco de acciones que buscan, inútilmente, eliminar su rastro en Nicaragua.

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Borrón al legado de Herty

El monumento emblema de la administración de Herty Lewites como alcalde de Managua “vivió” sólo diez años, como una enorme espumilla blanca que adornaba la Plaza de la Fe Juan Pablo II, cerca de la costa del lago Xolotlán. Durante esa breve existencia, la Concha Acústica fue una de las edificaciones más grandes y bonitas de Managua, una ciudad que de por sí no posee mucha arquitectura destacable.

La construyeron en 2004, último año de la gestión de Lewites, con un costo de más de un millón de dólares. Tenía 23 metros de altura y un diseño inspirado en el movimiento de los vientos del trópico, con paredes que funcionaban como reflectores acústicos.  Al inicio la usaron como escenario de conciertos públicos, pero en sus últimos años fue empleada como tarima para los actos del Frente Sandinista, con la inconfundible mano de Rosario Murillo en los elementos decorativos. 

 Sin embargo, a pesar de las flores, las luces psicodélicas y las “arbolatas” circundantes, el monumento seguía siendo un gigantesco recordatorio de Lewites, el hombre que se atrevió a desafiar al orteguismo en las elecciones presidenciales de 2006 y que murió en circunstancias sospechosas cuatro meses antes de los comicios en los que Daniel Ortega logró volver al poder, “raspándose la panza” con el 38 por ciento de los votos válidos. 

En mayo de 2014, el régimen de Ortega presentó una excusa para demoler el molesto recuerdo de su antiguo rival. Fidel Moreno, secretario general de la Alcaldía de Managua, salió a explicar que el monumento sería derribado porque tenía “daños estructurales” causados por las lluvias y el enjambre sísmico registrado en abril de ese año, por lo que no soportaría un terremoto. La Concha Acústica soportó más, mucho más.

Durante seis días se resistió a caer, mientras decenas de obreros de la Alcaldía de Managua debilitaban su caparazón de concreto con martillos, cinceles, grúas rentadas y cables de acero amarrados a camiones. Así echó por tierra los argumentos de quienes intentaron justificar su muerte. 

Otro monumento de la administración de Lewites era la rotonda Colón. Con un diseño de abanico espiral con fuente luminosa, fue construida entre finales de 2003 y comienzos de 2004, en un periodo de cuatro meses, dos para el rodamiento de la rotonda y dos para la instalación de la fuente en su centro. Costó casi nueve millones de córdobas. 

La fuente pasó a la historia en julio de 2013 y en su lugar fue erigido el conocido monumento luminoso al expresidente Hugo Chávez Frías, padrino económico de Ortega, a quien entregó petróleo venezolano a manos llenas. La rotonda recibió el nombre del fallecido mandatario y en sólo una semana estuvo acondicionada con la nueva temática, para ser inaugurada el 28 de julio, fecha del cumpleaños de Chávez. 

Faro de la Paz, de enorme valor histórico, fue derribado por el régimen de Ortega en mayo de 2014, mismo mes en que demolieron la Concha Acústica.

Ataque a la memoria de doña Violeta 

Derrotado en las elecciones generales del 25 de febrero de 1990, Ortega entregó la Presidencia de Nicaragua; sin embargo, sus críticos aseguran que en el fondo nunca aceptó los resultados. Durante 16 años se dedicó a “gobernar desde abajo” y cuando finalmente regresó al poder tomó las medidas necesarias para no volver a permitir comicios libres. El mayor recuerdo de aquella derrota inesperada que marcó la vida del dictador tiene nombre y apellidos: Violeta Barrios de Chamorro. 

Se ha intentado borrar la huella de la familia en general y de doña Violeta en particular. Además de perseguir a tres de sus hijos (Cristiana, Carlos Fernando y Pedro Joaquín) y acusar de “agente extranjero” a la Fundación Violeta Barrios de Chamorro hasta lograr su cierre, la dictadura confiscó los bienes del mayor legado de la familia: el Diario LA PRENSA, cuyo edificio robado fue convertido en el Centro Cultural y Politécnico José Coronel Urtecho, un “honor” que amigos del poeta consideran una ofensa a su memoria. 

En el nuevo centro colocaron, más como un mantra que como una afirmación, la frase “No volverá el pasado”, extraída de un poema de Coronel Urtecho.

Pero incluso antes de que el régimen Ortega Murillo se consolidara como dictadura, la existencia del Faro de la Paz, herencia del gobierno de doña Violeta, parecía estorbarle. En mayo de 2014 los pretextos para derribarlo fueron los mismos empleados para la demolición de la Concha Acústica: supuestos daños estructurales que representaban un riesgo para la población en caso de actividad sísmica. 

El monumento simbolizaba el fin de la guerra entre el gobierno sandinista y la Contrarrevolución, que duró toda la década de los ochenta, hasta el triunfo de doña Violeta. En 1990 se construyó con un costo de más de un millón 200 mil dólares de la época. A sus pies sepultaron 15 mil fusiles usados durante el conflicto que acabó con la vida de unos 30 mil nicaragüenses, lo que le confería una alta carga simbólica y gran valor histórico para el país. No obstante, para Ortega sólo era un permanente recuerdo de su derrota electoral. 

La fuente musical de Arnoldo Alemán.

Tampoco Arnoldo

Ni siquiera el monumento instalado durante la gestión presidencial de Arnoldo Alemán escapó de la exterminación. También era un recordatorio de la época en que Daniel Ortega no pudo ostentar el poder. En junio de 2007, recién llegado a la Presidencia, el líder del Frente Sandinista ordenó la destrucción de la fuente musical que desde 1999 embellecía el centro de la Plaza de la Revolución, aportando vistosidad a las postales de la vieja Catedral de Managua. 

La fuente, que había funcionado bien durante ocho años, tenía jardines y graderías y por las noches llenaba el ambiente de colores y música clásica. Sin embargo, para Murillo se trató de un “adefesio” sin estética que construyó “el gobierno somocista del señor Alemán” y debía eliminarse para recuperar ese sitio histórico del sandinismo. 

Nueve años después, en 2016, el régimen mandó a construir otra fuente musical, a escasos 200 metros de donde alguna vez estuvo la que demolió, olvidándose así de los argumentos expuestos en 2007. 

La dictadura mandó a quitar el nombre de Dennis Martínez de la fachada del estadio nacional. Después lo bautizó como Soberanía.

El nombre de Dennis Martínez 

El 23 de noviembre de 2022 el Estadio Nacional Dennis Martínez, inaugurado en 2017 en homenaje a la mayor gloria del beisbol nicaragüense, amaneció sin nombre. Fue el “castigo” de la dictadura a Martínez por no alinearse con el partido ni callar ante su violenta arremetida contra la ciudadanía, los estudiantes y la Iglesia. Además, el pelotero había lamentado que el estadio que llevaba su nombre se haya usado como plataforma de francotiradores en 2018.

Dos años antes del rebautismo, el propagandista sandinista Moisés Absalón Pastora ya promovía insistentemente, con el favor de Rosario Murillo, que se cambiara el nombre al parque de pelota, porque Martínez era un “traidor”, “mal agradecido y vendepatria”. Su propuesta no tuvo mucho eco, pero se impuso en 2022. 

El 16 de diciembre de ese año el parque pasó a llamarse oficialmente Estadio Nacional Soberanía. Desde la óptica de Murillo, el cambio fue un “momento de dignidad y decoro nacional, de honra, gloria y victoria del pueblo nicaragüense”. 

Por su parte, Martínez le dio “gracias a Dios” por la decisión dictatorial de eliminar su nombre. “No quería estar relacionado con algo que se había usado por paramilitares y francotiradores para atacar y asesinar gente”, expresó en marzo de 2023 el pelotero, quien continúa siendo el mejor de la historia de Nicaragua, con o sin estadio. 

El museo Juan Pablo II nunca abrió al público. Se desconoce el paradero de las reliquias que albergaba.

El recuerdo de Juan Pablo II 

El papa Juan Pablo II vino a Nicaragua en dos ocasiones, una en los ochenta y otra en los noventa. La primera fue el viernes 4 de marzo de 1983, durante su gira por Centroamérica. Como un anticipo de lo que pasaría horas después, lo recibieron con una pancarta que decía: “Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la Revolución”.

A los pies del avión le esperaban Ortega, cabeza de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, y sus ministros. Fue entonces cuando, blandiendo un dedo, el papa regañó al sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, activista de la teología marxista de la liberación y en ese momento ministro de Cultura del sandinismo. “Regulariza tu posición con la Iglesia”, le dijo, y no permitió que le besara el anillo papal. Las imágenes le dieron vuelta al mundo. 

El rostro del papa mostraba claramente su descontento con el comunismo, que él mismo había padecido en carne y huesos en su natal Polonia. Para algunos analistas, el pontífice quería mostrar respaldo a la Iglesia que dirigía monseñor Miguel Obando y Bravo y condenar implícitamente a la Revolución y sus dirigentes. 

La respuesta del sandinismo fue hostil. En plena misa, los militantes del partido coreaban sin descanso: “Queremos la paz”. Los gritos molestaron al papa, quien pidió silencio más de una vez y finalmente exclamó su frase histórica: “La primera que quiere la paz es la Iglesia”. Trece años más tarde, en 1996, Juan Pablo II volvió a Nicaragua y se refirió a su visita de 1983 como “una gran noche oscura”.

Esos desaires papales viven en la memoria de Ortega. Una de las evidencias más claras es el trato que recibió el Museo Juan Pablo II, inaugurado por su propio régimen el 14 de diciembre de 2016. Se suponía que la ciudadanía podría observar ahí reliquias como la silla que el pontífice utilizó en una de sus multitudinarias misas en Nicaragua y fotografías tomadas en sus dos visitas, pero durante siete años el museo permaneció cerrado al público. 

El 22 de diciembre de 2023 el régimen lo eliminó oficialmente para instalar en su lugar el Parque y Centro Cultural Tino López Guerra, bautizado en honor al compositor nicaragüense. El nuevo centro es escenario de desfiles de moda y conciertos musicales que organizan los hijos más mediáticos de la pareja dictadora: Camila y Laureano Ortega Murillo. Se desconoce el paradero de los objetos que guardaba el museo. 

Ese mismo año, pero en marzo, la dictadura canceló la personalidad jurídica de la Universidad Juan Pablo II, dirigida por el padre Ramiro Tijerino, sacerdote de Matagalpa encarcelado por la dictadura en agosto de 2022 y desterrado a Estados Unidos en febrero de 2023. 

El régimen no se detuvo ahí. En julio de 2024 aparecieron rótulos verdes con letras blancas en los que la Pista Juan Pablo II, anteriormente llamada Pista de la Resistencia, cambiaba su nombre a Pista Héroes de la Insurrección. 

Por ahora sobrevive a la exterminación el nombre de la Plaza de la Fe Juan Pablo II.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí