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Después de un trayecto largo, sinuoso, pero también reconfortante, Salvador Pérez siente el sabor de la victoria, mientras concentra sus mayores esfuerzos en la consolidación de su legado luego de una exitosa y extendida carrera que podría llevarlo al Salón de la Fama del beisbol de Grandes Ligas, de acuerdo con analistas de este deporte.
El niño abandonado por su papá cuando tenía cuatro años, tiene ahora 35 y 14 temporadas en las Ligas Mayores bajo su faja. Es considerado uno de los mejores receptores de su generación y un sólido candidato a Cooperstown, ese sitio reservado solo para legítimas estrellas del big show. A Salvador le atrae esa posibilidad y trabaja en eso.
“Creo que todos los jugadores de las Grandes Ligas anhelan algún día terminar en el Salón de la Fama del beisbol. Sabemos que no es fácil, pero con trabajo duro y con la ayuda de Dios para estar saludable se puede lograr”, señala el espigado receptor nacido en Valencia, Venezuela, y firmado por los Royas de Kansas City en 2006.
Cuidado por su mamá y su abuela, Pérez encontró en el beisbol la compañía que necesitaba, pero a la vez, descubrió la puerta hacia el futuro. Del bono de 65 mil dólares con el que los Royals lo firmaron, le construyó una casa a su madre y cinco años después debutó en las Grandes Ligas, lo que cambió por completo sus vidas, pero no su esencia.
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“Mi mamá ha sido padre y madre para mí. Ha sido una guerrera que se fajó duro para sacarme adelante. Gracias a Dios y a mi mamá es que yo estoy en las Grandes Ligas. Por eso me llenó de mucha alegría haberla tenido en Kansas City el día de la madre haciendo el primer lanzamiento del juego y todo salió bonito ese día”, revela Pérez.
Salvador, o solo “Salvy” como le llaman sus compañeros de equipo, es un bateador de .266 en su carrera de 14 años, con 275 jonrones conectados y 936 carreras empujadas. Son cifras sólidas sin dudas y más desde una posición como la receptoría. No obstante, si termina de darle forma a sus cifras sus posibilidades de ir a Cooperstown aumentarán.
“Yo me siento bien, saludable, motivado y con deseos de continuar. Disfruto cada día. Sé que en algún momento no estaré aquí. Quienes me conocen saben cuánto amo al beisbol y el entusiasmo con el que juego. Así que seguir varios años más, es algo que se puede dar si Dios me mantiene saludable”, asegura el venezolano sin alarde en su voz.
A Pérez le faltan 25 jonrones para los 300, 393 hits para los 2,000 y 64 carreras impulsadas para las 1,000. De conseguir esas cifras, su candidatura a Cooperstown se fortalecería, pues a eso hay que agregarle, que ha ido a nueve Juegos de Estrellas, cinco Guantes de Oro, una Serie Mundial y además, Jugador Más Valioso de esa Serie Mundial.
“Dios me ha regalado una buena carrera, con salud y a pesar de lo difícil que es la posición en la que juego, me he mantenido con consistencia y espero seguir así”, afirma Pérez, quien también tiene el récord de más jonrones para un receptor con 48 en 2021, cuando también remolcó 121 carreras y recibió votos para el Jugador Más Valioso.
Una Venezuela que honra a Luis Aparicio, único en Cooperstown, y se alista para el ingreso al Salón de la Fama de Miguel Cabrera y más delante de José Altuve, tiene también sus esperanzas en Salvador Pérez, el niño esforzado y determinado a salir adelante que encontró en su mamá el punto de apoyo y ahora es un referente de su posición en el mejor beisbol del mundo.
«Pasamos muchas dificultades, pero Dios nunca se olvidó de nosotros y ahora tenemos una vida mejor, gracias a él, al beisbol y a mi mamá que nunca dejó de empujarme para que jugara y me alejara de las malas costumbres», señala Salvador, un tipo siempre sonriente, aunque muchas veces la vida no le sonrió a él. Ahora todo es distinto, gracias a su trabajo.