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Winston Churchill aseveraba: “Para un político, los buenos momentos para aprender las mejores lecciones están en las campañas electorales”.
Las elecciones generales parlamentarias canadienses del pasado 28 de abril confirman lo dicho por el estadista británico.
Esas elecciones las ganó el partido Liberal que desde hace pocas semanas dirige Mark Carney, quien es ahora el primer ministro cuando hasta hace tres meses todos los observadores y las encuestas daban ese puesto al conservador Pierre Poilievre y una mayoría a su partido. La debacle ha sido tal que Poilievre hasta perdió su escaño.
El economista Carney nunca había sido parlamentario, fue asesor económico del gobierno saliente de Justine Trudeau, y ha sido asesor económico y financiero para bancos centrales y privados. El partido Liberal lo catapultó en semanas. ¿Cómo se explica y qué le espera?
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El “factor Trump”
Para unos, su experiencia convenció plenamente al electorado canadiense. Para otros, el llamado “factor Trump” fue decisivo en la victoria de los liberales porque el contendiente conservador, Pierre Poilievre, inicialmente intentó emular a Trump prometiendo políticas populistas, sin embargo, tuvo que poner los frenos a esas propuestas cuando el mandatario estadounidense inició una guerra tarifaria con su vecino del norte y pretendió menospreciar a Canadá al asegurar que debería ser el estado número 51 de Estados Unidos. Un tercer factor fue que los votos en la provincia de Quebec fueron importantísimos.
La columnista Allison Hanes, del diario The Gazette, subrayó en su artículo ¿Puede Carney permanecer del lado correcto de la Provincia de Quebec?:
“Contra todos los pronósticos, los quebequenses acogieron al otrora banquero centralista, a pesar de su poco agraciado francés y de sus torpezas tempranas de campaña, dándole un golpecito al hombro como primer ministro por sus habilidades gerenciando crisis en un día en que el presidente estadounidense Donald Trump, una vez más, les recordaba a los canadienses que quería convertir a este país en el estado número 51”.
Reconocen habilidades comunicativas de Carney
En los dos debates presidenciales (en inglés uno, en francés el otro), se enfrentaron los candidatos de los cuatro grandes partidos: liberales, conservadores, socialdemócratas, y el bloque quebequense, un partido provincial que defiende la preservación cultural francesa. Ahí el liberal Carney se batió contra tres atacantes. A todos les ripostó respetuosamente con ideas claras.
El columnista francófono del periódico Le Devoir, Jean-François Lissée, pintó a Carney con sarcasmo novelesco: “La victoria del caballero-ladrón”:
“Arsenio Lupin es el personaje de ficción que más se acerca al nuevo primer ministro canadiense, Mark Carney. Además de encantarse por su botín, sin dar muestras de la menor agresividad, Lupin sabe seducir a sus víctimas con una mezcla de inteligencia y humor”.
Sin importar enfoques, los liberales ganaron un cuarto período. Siguen en Ottawa.
Mark Carney acaba de obtener 169 votos. Requería 174 para gobernar holgadamente; lo hará en minoría, probablemente, aliado con partidos menores.
Carney tiene mucho a su favor después de vencer a los conservadores de Poilievre que aventajaba a los liberales por 12 puntos porcentuales cuando Trudeau renunció en marzo.
Los desafíos del nuevo primer ministro
Al desatar Trump una guerra comercial y amenazar con anexionar a Canadá, propició la unificación de los canadienses: políticos, empresarios, gobernadores y ciudadanos. La postura de Carney frente a Trump es firme: “Hablaremos como dos naciones libres, soberanas y bajo mis términos”. Además, agregó: “Se terminó la relación comercial de antes con Estados Unidos”. En cuanto a la anexión, dijo: “No seremos parte nunca de Estados Unidos”.
El 70 por ciento de lo que Canadá produce va a Estados Unidos: gas, automóviles, petróleo, energía limpia, repuestos, y artilugios aeroespaciales, entre otros. Todo desembocará en una revisión del tratado de libre comercio.
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En cuanto a política interna, hay alza de precios y la guerra comercial con Washington disparará más el costo de vida. La experiencia de Carney al frente del Banco de Inglaterra debería ayudarle a lidiar con esta crisis.
También debe reorientarse la política de migración. Se necesita mano de obra e intelectos. Pero para acoger a miles de inmigrantes faltan estructuras, viviendas, instituciones, personal para atenderlos e integrarlos para impulsar la economía.
La división interna en Canadá puede parecerse a la de España con Cataluña. Aquí el independentismo no sólo es francófono, en Quebec. La Alberta —oriental, petrolera y pudiente— quisiera también separarse. La premier de Alberta dijo: “Si los liberales continúan por un cuarto período, Alberta exigiría más y podría convocar a un referendo”. Sin embargo, las amenazas de Trump han unido a las provincias como nunca.
En el plano internacional Canadá debe tener un rol más protagónico. China es un problema económico, financiero, comercial y últimamente de seguridad para Ottawa. Chinos y rusos están en estado expansivo, desafiando los cánones básicos internacionales. El Ártico es el nuevo botín. Canadá, en términos militares, está mal armada para el tamaño de su geografía e intereses.
Con la Unión Europea hay que relanzar las relaciones comerciales y las militares. Las primeras se enmarcan en tratados comerciales justos y paritarios; las segundas en el marco de la OTAN. ¿Se puede hacer otra alianza Atlántica sin Estados Unidos?
Canadá nunca ha sido belicoso, pero hoy hay más potencias mundiales y regionales pendencieras en fila y engavilladas: Rusia, China, Irán, Corea del Norte; hay que ponerles mejores bisagras y candados a las puertas y remplazar los viejos fierros que resguardan zaguanes y portones traseros.
Marc Carney tiene ante sí retos nada fáciles, las exigencias más allá de los mares, y fronteras, demandan políticas internas y externas ajustadas a los retos globales.
*Análisis escrito para LA PRENSA por un nicaragüense residente en Canadá