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La reanudación de la participación de Nicaragua en la demanda de Sudáfrica contra Israel y su solidaridad con la causa palestina plantea varios interrogantes sobre los objetivos de la dictadura y la falta de coherencia con respecto a la sujeción de la misma a los organismos internacionales de justicia y derechos humanos.
Por un lado, da la falsa apariencia de observar y apuntalar las decisiones que toman las Cortes Internacionales de Justicia, pero cuando se trata de observarlas en su propio pellejo, las ignora totalmente, sean estas de la CIDH, la ONU, la OEA o la Corte Internacional de Justicia, ya no digamos de las Cortes Argentinas que han dictado orden de arresto internacional a toda la plana mayor del régimen por su demostrada participación en crímenes de lesa humanidad.
Se trata de fingir la preocupación por los derechos humanos palestinos, mientras flagrantemente la dictadura violenta diariamente los de sus propios ciudadanos, todo con el objetivo de buscar un poco de reconocimiento en los foros internacionales donde se encuentra totalmente desprestigiada y acorralada.
La demanda de Nicaragua contra Alemania y su interés en participar en el caso de Sudáfrica contra Israel pretende que el régimen se presente como defensor de la “causa palestina y busca cómo ganar simpatías frente a los señalamientos de crímenes de lesa humanidad.
Es un oportunismo mediático disfrazado de buenas intenciones, “candil de la calle oscuridad de tu casa”, como dice el dicho.
Recientemente la dictadura anunció que presentará una ayuda memoria contra Alemania ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) “para que este país europeo deje de dar apoyo político, financiero y militar a Israel ante la campaña de destrucción del pueblo palestino”. La codictadora Rosario Murillo dijo recientemente que “Nicaragua estará presentando dicha ayuda memoria ante la CIJ durante este año en seguimiento al curso normal del proceso”.
Alemania, por su parte, ha reiterado ante la corte de mayor rango de la ONU que la seguridad de Israel está en el centro de su política exterior y ha rechazado las acusaciones de la dictadura Ortega-Murillo de estar facilitando un “genocidio” en Gaza con la venta de armas a Israel.
La dictadura rechaza “como una intromisión en los asuntos internos de la nación” todos los señalamientos bien fundamentados de violaciones a los derechos humanos más elementales a los ciudadanos nicaragüenses: como el derecho a la vida violentado en el 2018; a la libertad de expresión, a la libertad religiosa, el derecho elemental a la nacionalidad, el derecho también elemental a vivir en su propio país. Sin embargo, pretende edificarse como un adalid de la defensa de los derechos humanos de otros pueblos, como el pueblo palestino.
Para tales propósitos, es evidente que carece de autoridad moral porque esta autoridad únicamente la pueden tener quienes predican con el ejemplo y no quienes lo hacen bajo el manto de la hipocresía.
Y más allá del basamento moral que carece, el régimen debería considerar también en su balanza de pérdidas y ganancias, los adversarios que cosecha con sus acciones: Alemania e Israel son poderosos países que no se deben subestimar. Ese afán irresistible de “jugar en grandes ligas” podría costarle muy caro.
Aún si Nicaragua ganase en sus “demandas” contra Alemania e Israel, no ganaría ninguna legitimidad en los foros internacionales y más bien quedaría expuesta su doble moral.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia”.