25 de abril de 1990, 35 años después

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Un día como hoy, el 25 de abril de 1990 tuvo lugar un hito positivo en nuestra accidentada historia patria: la transferencia pacífica de mando de un gobierno revolucionario a un gobierno electo democráticamente en un proceso que se gestó después de 10 años de confrontación y guerra civil en la década de los años 80.

Violeta Barrios de Chamorro, primera mujer presidente en el continente americano y orgullosamente mi madre, había derrotado dos meses antes con el 54.74 por ciento de los votos al actual codictador de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra en un proceso electoral ampliamente observado nacional e internacionalmente, por lo que este no tuvo otra opción que conceder la victoria. Fue un “error” en su formación autoritaria que no volvería a cometer después del 2006, año en que regresó al poder con una votación del 38 por ciento.

Yo fui testigo de aquella mañana soleada en el Estadio Nacional que estaba dividido visualmente en dos barras de simpatizantes: los del FSLN agitando sus banderas rojinegras y los simpatizantes de la UNO, agitando sus banderas azul y blanco.

Fui testigo de aquel momento muy tenso cuando mi madre pasaba saludando frente a la multitud sandinista que le abucheaba y le lanzaba objetos al terreno al paso de su pequeña camioneta de tina blanca destartalada, apodada popularmente durante la campaña como “la Violemóvil”. Ella respondió con besos y abrió los brazos en señal de abrazo fraterno a sus adversarios, cambiando de una vez con su espontánea y humilde reacción, la cultura política de confrontación vigente en nuestra historia.

Enumerando los logros y el legado de su gobierno que entregó a otro presidente electo libremente el 10 de enero de 1997, el doctor Arnoldo Alemán, tenemos:

Restablecimiento de la paz e inicio de un proceso de reconciliación nacional luego de una cruenta guerra civil que dejó miles de muertos, el éxodo masivo de miles de inmigrantes y una economía en bancarrota.

Revirtió el proceso hiperinflacionario, dio inicio al crecimiento económico y logró la condonación de casi la totalidad de una abultada deuda pública de 12,500 millones de dólares que heredó del gobierno anterior.

Dejó los poderes del Estado, legislativo, judicial y electoral independientes y sujetos a la Constitución Política vigente.

Transformó el Ejército y la Policía convirtiéndolos en cuerpos armados nacionales, no partidarios y obedientes al poder civil, la Constitución Política y las leyes.

Respeto absoluto y observancia de las libertades ciudadanas, particularmente la vigencia irrestricta de la libertad de expresión. Consecuente con ello, no hubo durante todo su gobierno un solo prisionero político, ni medios de comunicación censurados o cerrados. Más bien proliferaron los nuevos medios de comunicación, particularmente fue notorio en el campo televisivo que estaba vedado al surgimiento de medios independientes.

Se transforma la economía de una economía estatizada a una economía libre de mercado. Se reduce el abultado e insostenible tamaño del Estado y su papel rector de la economía, con ello crece el dinamismo de la economía con la inversión privada, nacional y extranjera.

Doña Violeta establece un nuevo estilo de gobierno: austero, humilde, cercano y coloquial, atrayendo el regreso a su país a miles de nicaragüenses que en los 80 habían buscado refugio en otros países democráticos como Costa Rica y los Estados Unidos. Esta reversión del flujo migratorio es particularmente importante y notoria actualmente, porque contrasta con la tendencia migratoria que es hacia afuera, en busca de seguridad y mejores oportunidades.

La reversión del flujo migratorio es en sí, un reflejo del éxito de su gobierno que comenzó un día como hoy, 25 de abril de 1990 y me atrevo a vaticinar que el día que este fenómeno social vuelva a acontecer en Nicaragua será una señal inequívoca de que respiramos aires de libertad, democracia y prosperidad.

Finalmente, y no menos importante, otro logro que nos deja el legado de doña Violeta es que al concluir su mandato se retiró a su casa frente al Parque Las Palmas y no intentó reelegirse, ni siquiera después de haber transcurrido un período alterno, requisito de la Constitución vigente en aquel entonces.

Ese notorio ejemplo de no continuismo voluntario debe ser emulado en la nueva Nicaragua con la prohibición constitucional de la reelección definitiva, porque esta ha sido una de las causas principales de todos los conflictos que ha vivido la nación durante toda su historia.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia”.

Opinión
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