Semana Santa a 7 años de abril

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Hoy 18 de abril se cumplen 7 años del inicio de las protestas sociopolíticas que un 18 de abril del 2018 marcaron un antes y un después en la historia contemporánea de Nicaragua, lamentablemente un capítulo de dolor y represión nunca antes visto y que aún no termina.

Como se conmemora esta Semana Santa el séptimo aniversario de lo que LA PRENSA llama en un editorial del lunes pasado “la impronta de abril” refiriéndose a la marca o huella que en el orden moral deja una cosa en otra”. Se conmemora con una continuidad de la represión en todos los órdenes, particularmente a la Iglesia católica que en esta Semana Santa tiene prohibidas las procesiones fuera del perímetro de sus templos.

Y como si fuera poco, son ya 71 sacerdotes los que están en el exilio, la dictadura familiar volvió a arremeter contra la Iglesia católica al impedir el ingreso al país de otro sacerdote. Según la investigadora Martha Molina en una nota citada en el Diario LA PRENSA el pasado 14 de abril, se trata del reverendo Jalder Hernández, párroco de Jinotepe, Carazo, quien en el 2018 fue agredido físicamente por las turbas simpatizantes del régimen y desde entonces su labor pastoral ha estado bajo constante asedio.

Un segundo sacerdote, afirma Molina, también fue impedido de regresar al país por la dictadura familiar Ortega-Murillo, pero por temor a represalias no ha autorizado a divulgar su nombre, con lo que la lista de sacerdotes desterrados suma ya los 73, más al menos 132 religiosas que tuvieron que salir del país.

La saña contra la Iglesia católica se evidencia esta Semana Santa. Según la investigadora Martha Molina, en esta Semana Santa sólo algunas parroquias han logrado obtener autorización para realizar pequeñas procesiones en los atrios de las iglesias hasta el altar. No obstante, la fe sigue viva.

La verdad es que los acontecimientos épicos de abril del 2018, las manifestaciones multitudinarias más grandes de nuestra historia, que en cualquier lugar del mundo hubieran provocado una renuncia de los gobernantes y el surgimiento de un gobierno de transición, en Nicaragua fueron reprimidas violentamente, dando paso a una radicalización de la dictadura, que como la pasión de Cristo sigue ensañándose en el pueblo nicaragüenses y en particular en su Iglesia católica.

Por una de esas casualidades del destino, hoy Viernes Santo 18 de abril coincide con la misma fecha, hace 7 años que estallaron las protestas ciudadanas que desembocaron en la rebelión cívica, la que a su vez fue sangrientamente reprimida. Ahora 7 años después, no hay mucho que celebrar, Nicaragua se encuentra sometida a la peor dictadura de su historia, y la Iglesia católica perseguida y diseminada.

Ninguna dictadura en la historia de Nicaragua —que es pródiga en dictaduras— soñó alguna vez tener tanto poder, ni reprimió con tanta saña a la Iglesia católica, pero como dice el sabio proverbio de Lord Acton en el siglo XIX: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Como Cristo, Nicaragua vive una prolongada pasión, no obstante, tal como vaticinó una vez monseñor Silvio Báez, “si hay pasión, habrá resurrección”.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia”

Opinión
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