Familias que vivían en los antiguos escombros de Managua durmieron a la intemperie, luego de la serie de temblores que iniciaron la noche del domingo 13 de abril de 2014. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE

Las sacudidas que hicieron dormir en las calles a los managuas

Un terremoto de 6.2 en la escala de Richter fue sólo el primero de más de 800 temblores que mantuvieron en vilo al Pacífico del país por varios días.

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Managua fue destruida casi en su totalidad por el terremoto del 23 diciembre de 1972 y desde entonces no sufrió otro sismo de esa magnitud, pero 42 años después, otro remezón hizo estremecer el Pacífico del país en abril de 2014.

Eran las 5:27 de la tarde del jueves 10 de abril de ese año cuando se produjo la sacudida, calificada como de 6.2 en la escala de Richter. Al siguiente día, se registró otra más potente, de 6.6.

Tras estos dos terremotos se produjo un enjambre de sismos y microsismos que mantuvieron a la población en alerta máxima, provocando más daños en las zonas de Nagarote, Mateare y Managua, ya que el epicentro de los temblores estaba próximo a esos lugares, en el lago Xolotlán, entre los volcanes Momotombo y Apoyeque.

Mientras los pobladores trataban de recobrar la calma, pues muchos se preparaban para celebrar la Semana Santa, el Domingo de Ramos, 13 de abril, se sintió otro fuerte sismo a las 4:38 de la tarde, como un preámbulo a los que se producirían durante el resto de la noche.

El siguiente fue a las 10:12 de la noche, de 4.9 grados con epicentro a dos kilómetros del volcán Apoyeque, causando pánico en la población que se vio obligada a pasar la noche en vela y durmiendo todos en colchones y camas improvisadas fuera de sus viviendas.

El sismo más fuerte ocurrió a las 11:07 de esa misma noche del 13 de abril y tuvo una magnitud de 5.6, con el epicentro a un kilómetro de la laguna de Apoyeque, a una profundidad de 5.4 kilómetros. Este sismo se sintió con mucha fuerza en los departamentos de Managua, León, Granada, Boaco y otras partes del Pacífico de Nicaragua.

El nerviosismo se convirtió en histeria colectiva. En los reportes de última hora en las estaciones de radio y televisión se recomendaba a la población tomar medidas extremas, dormir fuera de sus viviendas y prepararse para lo peor, lo que también obligó a desalojar hospitales en varias ciudades, así como autoevacuaciones de la población.

El lunes 14 de abril inició la Semana Mayor, pero los sismos no cesaron y ese día, a las 2:29 de la tarde, se produjo otro de 6.6 con un epicentro a 18 kilómetros al suroeste de Nandaime, Granada. Luego, hubo una réplica de 4.9 en la ciudad de Carazo y cinco más en Managua, todas de entre 3.3 y 3.7 grados de magnitud, con epicentros registrados cerca del volcán Apoyeque.

El miedo se apoderó también de los veraneantes en las playas del Pacífico, lo que se evidenció porque estas últimas contaron con poca actividad. En cuanto a las actividades religiosas, se realizaron con ciertas precauciones.

Los enjambres de sismos continuaron en todo el mes de abril, hasta contabilizarse un total de 803 eventos sísmicos que, además de infundir temor en la población, también provocaron la muerte a 2 personas, además de 42 heridos, 396 familias evacuadas, 1,035 viviendas colapsadas y otras 3,775 dañadas.

Pacientes evacuados del Hospital Salud Integral pernoctaron en el parqueo del centro médico la noche del domingo 13 de abril, después que las autoridades recomendaran a la población dormir al aire libre y fuera de sus viviendas debido a los fuertes sismos que ocurrieron ese día y al terremoto de 6.2 que había ocurrido el jueves 10 de abril. LA PRENSA/ ARCHIVO/ AP/ ESTEBAN FÉLIX
Familias de los barrios orientales de Managua durmieron fuera de sus viviendas la madrugada del lunes 14 de abril de 2014, por la alerta roja que provocaron los sismos ocurridos en esos días. LA PRENSA/ ARCHIVO/ AP/ ESTEBAN FÉLIX
Vecinos del barrio 19 de Julio permanecieron en las aceras de sus viviendas en abril de 2014. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Los managuas vivieron prácticamente una semana en las afueras de sus casas, muchos de ellos aún con el recuerdo vivo del terremoto de diciembre de 1972, el que sepultó para siempre a la antigua capital. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Una casa parcialmente destruida por el terremoto de 6.2 en la escala abierta de Richter del jueves 10 de abril, en la ciudad de Nagarote, fenómeno natural que afectó también a Mateare y Managua. LA PRENSA/ ARCHIVO/ AFP
Una casa parcialmente destruida por el terremoto de 6.2 en la escala abierta de Richter del jueves 10 de abril, en la ciudad de Nagarote, fenómeno natural que afectó también a Mateare y Managua. LA PRENSA/ ARCHIVO/ AFP
Los viejos edificios de la antigua Managua, que fueron conocidos como “los Escombros”, fueron desocupados para su posterior demolición. Managua está asentada sobre varias fallas sísmicas, por lo que los terremotos han sido cíclicos en la capital, como el del 31 de marzo de 1931, el ya mencionado del 23 de diciembre de 1972 y, el último, del 10 de abril de 2014. Los tres últimos han tenido una frecuencia de al menos 40 años entre uno y otro. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Las familias de Managua vivieron en los andenes de las calles durante los enjambres sísmicos de abril de 2014. La mayoría de los epicentros de estos fenómenos naturales se produjeron en el lago Xolotlán y en los volcanes Momotombo y Apoyeque. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
En la Semana Santa de abril de 2014 se registraron más de 800 temblores en la franja del Pacífico del país, por lo que se tuvo que desalojar a las personas que vivían en los escombros de Managua. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Los primeros en socavar los edificios que estaban en la zona de los escombros fueron los buscadores de hierro, conocidos como “chatarreros”, y luego el trabajo de demolición lo completaron las maquinarias pesadas de la Alcaldía de Managua. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Lo que los terremotos de diciembre de 1972 y de abril de 2014 no pudieron hacer, lo lograron los chatarreros, quienes finalmente acabaron con los escombros de Managua al extraer una gran cantidad de hierro de los edificios que estaban en esa zona de la capital. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Una escena muy similar a la vivida tras el terremoto de 1972 se aprecia en esta imagen, luego de la demolición de los edificios que habían sobrevivido a ese sismo. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
En los escombros de Managua, el tiempo se había congelado en los años sesenta del siglo pasado, cuando fue un periodo de esplendor de la vieja Managua. En la imagen, varias personas se preparaban para ser desalojadas el 15 de abril de 2014.LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Las ruinas del antiguo mercado de San Miguel, en Managua, fueron cercadas en medio de los escombros, tumbados de forma definitiva para no volver a ser habitados. El régimen, a través de la Alcaldía de Managua, mandó a derribar todos los edificios sobrevivientes al terremoto de 1972. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Empleados del edificio BAC se resguardaron en el parqueo del mismo tras el sismo de 6.6 que sacudió Managua la tarde del viernes 11 de abril de 2014. En la tarde del día anterior había ocurrido otro terremoto con una intensidad de 6.2 en la escala de Richter. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Así estuvieron las playas del Pacífico durante la Semana Santa de 2014. En la fotografía se observa a pocos veraneantes en el balneario de Masachapa. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Durante todo el mes de abril tembló en Managua y en el resto del Pacífico. Según el Ineter, se registraron en todo el mes 803 eventos sísmicos. Managua se encuentra permanentemente bajo una situación extrema de amenaza sísmica, porque está ubicada directamente en el eje de la cadena volcánica de Nicaragua. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Con el pretexto de que los sismos de 2014 habían dañado de forma parcial la concha acústica, la Alcaldía de Managua comenzó a demoler la obra construida en la administración edilicia de Herty Lewites el 5 de mayo de ese mismo año, pero les llevó seis días completar su demolición. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE.
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