Mis memorias vívidas de LA PRENSA (III)

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En septiembre de 1979, poco después del triunfo de la Revolución sandinista, el recordado y admirado expresidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez (CAP), realizó una visita a Nicaragua durante la cual, acompañado por mi madre (entonces miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional), visitó las destruidas instalaciones del Diario LA PRENSA.

Al entrar y presenciar su fachada destruida con un boquete producto de un proyectil de un tanque, y observar el edificio colapsado con sus hierros retorcidos sobre la moderna rotativa Goss Urbanite, este gran amigo de mi padre y de la lucha por la democracia y la libertad de Nicaragua pronunció esta célebre frase que me quedó grabada en el disco duro de mis memorias y que resume brillantemente la vida de LA PRENSA: “La fe y la mística, en el valor de la palabra, en el valor de las ideas, en eso se puede resumir la obra de LA PRENSA”.

Era el complemento de la célebre frase del poeta Pablo Antonio Cuadra (PAC) que definió a LA PRENSA como “la República de Papel”.

Traigo a colación esta profunda frase de CAP precisamente ahora que el Diario se aproxima a los 100 años de accidentada existencia y ha sido galardonado con el Premio de Periodismo Rey de España, en la categoría de Medio de Comunicación de Iberoamérica, por su valentía y compromiso diario con la libertad de expresión.

Después del cisma a lo interno de LA PRENSA en abril de 1980 que dio como resultado el nacimiento de El Nuevo Diario y la reafirmación de la línea independiente y crítica de LA PRENSA, enfrentamos dos tareas fundamentales que se desarrollaron paralelamente: la reconstrucción física de su valiosa rotativa offset Goss Urbanite que entonces ya tenía 8 unidades, con capacidad de impresión de 32 páginas blanco y negro, y el fortalecimiento de una Redacción para mantener el espíritu independiente que había caracterizado al Diario a lo largo de su historia.

Muchos diarios nacieron y desaparecieron en Nicaragua a lo largo de la historia de LA PRENSA, algunos que yo he sido testigo, recordamos a Novedades, El Centroamericano, Barricada, La Tribuna y El Nuevo Diario, algunos de una tendencia claramente partidista, pero LA PRENSA se ha vuelto a levantar de sus cenizas una y otra vez como el ave fénix enarbolando únicamente ese pensamiento de Carlos Andrés Pérez como un principio subyacente a su independencia.

La reconstrucción física de la masiva rotativa, un hecho inédito en el mundo, comenzó rociándola con aceite de automóvil quemado para evitar su mayor deterioro porque había quedado a la intemperie después del incendio del 11 de junio de 1979 provocado por la guardia somocista. Así pasó un año mientras el diario se imprimía en la pequeña rotativa de El Centroamericano de León dislocado a casi 100 kilómetros de su Redacción.

A comienzos de 1980, pocos días después del cisma con El Nuevo Diario, el director de LA PRENSA, Pablo Antonio Cuadra, decidió reforzar la página editorial, tan importante entonces por ser la trinchera para la lucha ideológica contra un régimen que ya se perfilaba autoritario y socialista de ideología marxista leninista, bajo el manto de sandinistas.

Fueron contratados entonces Humberto Belli como director de opinión, Roberto Cardenal y José Dávila Castellón, los tres trabajaban en la misma pequeña oficina e hicieron un papel memorable. Ya para entonces Chepe Chico Borgen se había jubilado.

Sobre esta época, Belli me dijo recientemente: “Mi participación en LA PRENSA de entonces, como director de la página editorial, la recuerdo como una de las etapas más tensas, pero al mismo tiempo más felices de mi vida. Me acuerdo cómo gozábamos cuando publicábamos Rionsito, y cómo gocé cuando vos sacaste aquel artículo Apocalipsis Ya. También gocé cuando sacamos enterita la obra de George Orwell, Rebelión en la granja. Una de mis mayores satisfacciones fue trabajar muy de cerca con Pablo Antonio Cuadra, uno de los mayores hombres que ha dado Nicaragua. Me acuerdo una vez, cuando ya estábamos bajo censura después de marzo de 1982, vos escribiste un artículo crítico, que evidentemente no podía publicarse, se lo mostraste a PAC y cuando saliste de su oficina él me dijo sonriendo: Pedro se hizo la paja mental. Fueron tiempos inolvidables cuando a pesar de los ataques y tensiones, nunca perdimos el humor. En mayo de 1982 me fui al exilio”.

A fines de diciembre de 1981, el entonces coordinador de la Junta de Gobierno, Daniel Ortega, convocó a la Junta Directiva de LA PRENSA a una reunión en la Casa de Gobierno para amonestarnos. Asistimos en representación de los tres principales grupos accionistas: Jaime Chamorro (q.e.p.d.), Carlos Holmann (q.e.p.d.) y yo. Por parte del Gobierno, además de Ortega estaban presentes los comandantes de la Revolución, Tomás Borge Martínez (q.e.p.d.), Jaime Wheelock Román, Bayardo Arce y creo que el miembro de la JGRN, Sergio Ramírez.

La reunión, ya comenzada la noche, fue muy tensa. LA PRENSA ya había sido cerrada por períodos cortos de 24 y 48 horas en 5 ocasiones, por publicar noticias supuestamente violatorias a los decretos 511 (seguridad del Estado) y 512 (economía nacional) y la advertencia implícita era que el próximo cierre sería definitivo.

Borge nos advirtió que LA PRENSA se había convertido en un diario “enemigo de los intereses del pueblo” y no podía seguir así. Yo le repliqué que el pueblo escogía todos los días en la calle lo que quería leer y hasta pagaba por llenar la encuesta en que LA PRENSA salía favorecida tres veces más que la circulación de Barricada, diario oficial del FSLN y dos veces más que el diario oficialista El Nuevo Diario. Dejemos que el pueblo tome la decisión de qué quiere leer, le dije.

Borge tomó la palabra nuevamente y esbozó otra crítica: “Es que ustedes nos están comparando con cerdos y perros en una publicación”. Da la casualidad, que en el libro de Rebelión en la granja, de George Orwell, que recién habíamos publicado, mandaban los cerdos y eran 9 perros los encargados de imponer los 7 mandamientos, y en la Nicaragua de entonces el poder lo tenían los 9 comandantes de la Revolución.

Entonces mi tío Jaime, en una de esas salidas magistrales, replicó con su humor característico: “No Tomás, no es eso, esto es parte de la lucha ideológica”, un terreno que aún no estaba vedado por el incipiente régimen revolucionario que poco a poco fue cambiando y convirtiéndose en la imagen del derrocado granjero Howard Jones.

Otra salida magistral de mi tío Jaime, durante esa misma reunión, fue cuando yo le anuncié a Ortega que pronto LA PRENSA volvería a publicarse en Managua (entonces se imprimía en León) en la misma rotativa que destruyó la guardia somocista y que estábamos reconstruyendo meticulosamente desde hacía un año. Asombrado, Daniel Ortega repreguntó: ¿la misma que destruyó la guardia?

Mi tío Jaime, haciendo un ademán de acaparar con sus brazos, le respondió de inmediato: “Sí Daniel y sabés lo que nos dice la gente en la calle: que vayamos despacito, despacito, porque ustedes sólo están esperando que terminemos, ¡para quitárnosla!” Lejos de provocar una reacción que caldeara más aquella reunión, la franqueza y el humor de mi tío apaciguaron los ánimos y LA PRENSA se siguió publicando.

La rotativa fue desarmada totalmente y reconstruida durante un año, luego de que un nuevo edificio fuese levantado para cubrirla en el sitio donde yacía quemada a la intemperie, aparentemente inservible, pero volvió a la vida.

Esta hazaña inédita en el mundo se logró realizar gracias a los ingentes esfuerzos de mis recordados tíos directivos Jaime Chamorro y Carlos Holmann, así como un equipo de mecánicos liderados por Winston Umaña, que a su vez fueron asesorados por un ingeniero enviado por fábrica GOSS de los Estados Unidos. Tal esfuerzo fue también posible gracias a un préstamo en condiciones muy favorables para la reconstrucción que nos otorgó entonces la Fundación liberal de Alemania Occidental Frederich Nauman.

Esa misma rotativa, 44 años después de su reconstrucción y posterior modernización y ampliación, yace ahora nuevamente silenciada, a la espera de mejores tiempos. Mientras tanto, el Diario LA PRENSA continúa publicándose en forma digital e informando al pueblo nicaragüense con su tradicional objetividad e independencia, siendo consecuente con la visión y principios de sus fundadores.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia”.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    El diario Novedades no desapareció sino que lo desaparecieron mediante el delito criminal denominado ROBO en el codigo penal.

  2. Hace 1 año

    Oficiales de la Guardia Nacional de Nicaragua han relatado que la razon de que la Prensa fue atacada en 1979 fue de que patrullas del ejercito operando en los alrededores fueron atacadas por sujetos del criminal FSLN ocultos en el edificio de La Prensa. «No estaban aventandonos confites desde el interior de La Prensa», afirman los oficiales de la Guardia. Por consiguiente, «Nosotros estabamos en nuestro derecho a contraatacar al enemigo oculto en el edificio de La Prensa.», afirman los oficiales.

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