El jefe del Ejército de Nicaragua, general Julio César Avilés, y el dictador Daniel Ortega, llegando al acto por el 44 aniversario del Ejército, el 4 de septiembre de 2023, en la Plaza la Revolución de Managua. Foto de El 19 Digital

General Julio César Avilés, el «guardián» de la dictadura Ortega Murillo

El general Julio César Avilés será ratificado este viernes como comandante en jefe del Ejército de Nicaragua, para un nuevo período que lo extenderá en ese cargo hasta el 2031

Este viernes 21 de febrero, el general Julio César Avilés será ratificado como jefe del Ejército de Nicaragua para un período que lo tendrá en ese cargo hasta el año 2031, lo que para los críticos significa la extensión de una alianza entre las fuerzas armadas y la dictadura de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

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Bajo la dictadura Ortega Murillo —que lleva 18 años consecutivos en la Presidencia de Nicaragua—, el general Avilés ha sido uno de los pocos funcionarios públicos que se ha mantenido invicto en la jefatura de la institución castrense, en un régimen caracterizado por la inestabilidad, las destituciones y cambios constantes de ministros, embajadores y directores de las instituciones públicas

La dictadura Ortega Murillo ratificó a Avilés en el cargo de jefe del Ejército el pasado 21 de febrero, para un período extendido de seis años. Con su prolongación de seis años más, Avilés se proyecta 21 años a la cabeza de las fuerzas militares si llega a completar este nuevo período hasta 2031.  

El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Nicaragua, Julio César Avilés Castillo, habla en el Foro Xiangshan de Beijing, China, el 30 de octubre de 2023. Foto: Archivo/Reuters

El pasado 21 de diciembre, por medio de un acuerdo presidencial publicado en el diario oficial La Gaceta, el dictador Ortega afirmó que «el Consejo Militar de forma unánime propuso por su desempeño, méritos militares, profesionales y personales, al General Julio César Avilés Castillo, para ocupar el cargo de Comandante en Jefe del Ejército de Nicaragua, por un período de 6 años, del 21 de febrero de 2025 al 21 de febrero del 2031».

Este «acuerdo» se conoció tras las profundas reformas constitucionales que entraron en vigencia esta semana que, entre otras cosas, aumentaron un año el período de todos los cargos públicos, incluido la Presidencia, los magistrados electorales, judiciales, el jefe del Ejército, el jefe de la Policía, entre otros.

Juramentación no es simple formalidad

La juramentación del general Julio César Avilés para ser ratificado oficialmente como comandante en jefe del Ejército nicaragüense ha sido anunciado por la dictadura como acto de máxima relevancia. La vocera, vicepresidenta y esposa del dictador, Rosario Murillo, ha informado los últimos días la llegada de las primeras delegaciones extranjeras que asistirán a este evento.

Murillo confirmó este jueves la llegada del ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba, general Álvaro López, con su esposa, la coronel Rosa María Rodílez Alarcón. De Honduras, llega una delegación de militares encabezada por el jefe del Estado Mayor conjunto de las Fuerzas armadas, Roosvelt Hernández Aguilar, también con su esposa. De Venezuela asistirá el mayor general del Ejército, Johan Hernández, en representación de la Fuerzas Armadas de Venezuela. De Rusia, que es uno de sus mayores aliados, asistirá un representante del Ministerio de Defensa de la Federación rusa. También asistirán representantes de la fuerzas armadas de México, Guatemala, El Salvador y Argelia.

Félix Maradiaga, politólogo y exsecretario general del Ministerio de Defensa durante el gobierno de Enrique Bolaños (2002-2007), manifestó que el acto de juramentación del general Avilés no debe ser visto como una simple formalidad, sobre todo en un régimen caracterizado por el simbolismo en los actos públicos. 

Félix Maradiaga, politólogo nicaragüense. LA PRENSA/Cortesía

Para el politólogo, el acto de juramentación «es la ratificación de un modelo de dictadura en el que las Fuerzas Armadas han dejado de ser una institución nacional para convertirse en el guardián de un régimen que lleva años pisoteando la soberanía, la democracia y la Constitución».

«El Ejército de Nicaragua ha dejado de ser una institución profesional para transformarse en el brazo armado de la dictadura. Con la reelección indefinida de Avilés, Ortega y Murillo han asegurado que las Fuerzas Armadas sigan funcionando como un instrumento de control y represión interna, sometido exclusivamente a los intereses de la pareja gobernante», valoró Maradiaga.

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Reforma al Código Militar abrió las puertas

El politólogo recordó que desde la reforma del Código Militar en 2014, que eliminó los límites a la reelección del jefe del Ejército, quedó claro que la intención del régimen no era otra que perpetuar una cúpula militar leal, sometida y enriquecida a través de prebendas.

«Esta estructura no solo ha generado una muralla de privilegios que impide la renovación institucional, sino que ha consolidado un Ejército que ya no responde al interés nacional, sino a los intereses de una tiranía en plena descomposición». 

Esta nueva fase consolidada del pacto de la dictadura Ortega Murillo con las fuerzas armadas es también para Maradiaga una reafirmación de «la subordinación del Ejército de Nicaragua a los intereses de la dictadura».

«Una dictadura que, además de reprimir a su propio pueblo, ha convertido a las Fuerzas Armadas en una herramienta de los intereses geopolíticos de Rusia, China e Irán. Ortega ha entregado la soberanía nacional a cambio de apoyo político y militar de estas potencias, y el Ejército ha guardado un silencio cómplice».

Maradiaga advirtió que la historia ha demostrado que cuando una dictadura logra someter completamente a las Fuerzas Armadas a sus intereses personales, se convierte en un régimen brutalmente estable y profundamente peligroso. 

¿Jurar lealtad a Nicaragua o a una dictadura?

Sin embargo, el politólogo señaló que «no hay institución monolítica» y tiene la esperanza de que entre las filas del Ejército de Nicaragua haya muchos soldados y oficiales que ingresaron con la convicción de servir a su país, con la esperanza de formar parte de una institución que protegiera la soberanía y la integridad nacional», aunque «en lugar de encontrar un espacio de crecimiento profesional, se han visto atrapados en una estructura dominada por la lealtad política y las prebendas».

«La pregunta que muchos de ellos deben hacerse hoy es si juraron lealtad a Nicaragua o a una dictadura que ha convertido a las Fuerzas Armadas en su empresa privada», dijo Maradiaga.

El politólogo igualmente cuestionó la necesidad de un cuerpo armado nicaragüense.

«La pregunta que los nicaragüenses debemos hacernos no es solo cómo recuperar unas Fuerzas Armadas al servicio de la nación, sino si realmente necesitamos un Ejército. Países como Costa Rica han demostrado que la estabilidad y el desarrollo pueden lograrse sin una estructura militar que, en Nicaragua, ha sido utilizada sistemáticamente como un mecanismo de opresión», agregó.

El «poder real de las armas»

Un analista político que pidió no ser identificado manifestó que la ratificación del general Avilés en el cargo de jefe del Ejército tiene un trasfondo político sobre quien tiene en sus manos el «poder real» en el país, teniendo en cuenta la dinámica interna en la que la vicepresidenta y primera dama Murillo ha querido acaparar todos los espacios de poder antes de que la vida del dictador Ortega llegue a su fin.

EJERCITO SANDINISTA
Julio Avilés entregando la Memoria anual 2023 del Ejército, pese a que la institución no la publica en su sitio web desde 2022. Foto: Presidencia.

La fuente confirmó la creencia de que Avilés no es del agrado de Rosario Murillo, pero sí de Ortega, lo que significaría que es el dictador quien quiere mantener a Avilés en la jefatura militar, para a la vez mantener el poder de las armas de su parte.

«Daniel quiere seguir manteniendo su influencia del Ejército más que Rosario Murillo y eso es clave en los desacuerdos que hay entre ellos dos en la dinámica de poder, porque Rosario jala para su lado y Daniel jala para su lado, pero quien tiene el poder real de las armas es lo determinante», dijo la fuente.

El analista aseguró que incluso el poder de las armas le asegura a un envejecido Ortega una defensa contra su propia esposa.

Sin profesionalización ni ascensos

La permanencia del general Avilés en la jefatura del cuerpo castrense impide el ascenso y promoción de cuadros profesionales que están en niveles superiores e intermedios. Su mandato ha creado lo que se conoce como un «tapón institucional» para el relevo.

Una fuente que pidió el anonimato consideró que esto significa que el régimen de Ortega «prefiere mantener a ese viejo estamento fidelizado a través de prebendas».

«Cuando esos cuadros militares no puedan ascender más porque el tapón se los impide, entonces los van a mandar a retiro. En el fondo esto también significa que tanto Daniel Ortega como Rosario Murillo tienen temor que un cambio en la pirámide del Ejército pueda afectar la continuidad de la dictadura», dijo la fuente.

Todos los críticos como expertos coinciden en que esta perpetuidad de Avilés en la jefatura de la institución castrense no debe ser del agrado de los demás jefes militares, que ven limitadas sus aspiraciones de ascensos en el escalafón militar.  

Implicado en los crímenes del régimen

La complicidad del general Avilés en la masacre de nicaragüenses durante las protestas de 2028, de acuerdo con el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (Ghren), designado por el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), aún debe ser investigada a fondo. «El nivel de participación del Ejército de Nicaragua en los actos de represión de la protesta social merece una investigación adicional», sugirió el Ghren, al presentar un informe tras un año de investigar las violaciones y abusos de los derechos humanos perpetrados por el régimen de Ortega-Murillo.

Sin embargo, en diciembre del año pasado, Avilés fue citado a declarar por el juez federal argentino Ariel Lijo, quien además giró orden de captura internacional contra él y 14 funcionarios más del régimen por su vinculación con los crímenes cometidos a partir de 2018.

A Avilés se le acusa específicamente de proveer armamento a los grupos paramilitares que participaron en actos represivos contra manifestantes durante las protestas de 2018.

El jefe del Ejército permanece sancionado desde mayo de 2020 por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, «por apoyar al corrupto régimen de Ortega».

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