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Tuvo su primer contacto con Nicaragua gracias a la información que llegaba a España durante los años 80. Así que ya conocía la figura de Daniel Ortega y un poco menos la de Rosario Murillo, quien en la actualidad tiene mayor relevancia en la represión que sufre la Iglesia católica en el país.
Ha viajado por el mundo documentando la persecución que sufren los cristianos. Desde Medio Oriente, donde grupos terroristas islamistas asesinan a cristianos, hasta lugares remotos de Asia, como China, donde la fe es vista como enemiga desde tiempos del líder comunista, Mao Zedong.
Este próximo lunes 17 de febrero presentará un documental llamado Nicaragua levantará, que cuenta a detalle la persecución que han sufrido laicos, sacerdotes, religiosos y obispos de la Iglesia católica a manos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El documental se rodó fundamentalmente en Costa Rica, e incluye material audiovisual recogido en Nicaragua, España y Estados Unidos. En este se recogieron testimonios de líderes estudiantes, sociales y religiosos.
En esta entrevista cuenta su breve entrada al país, y señala que fue más fácil entrar en China que en Nicaragua. Además, opina sobre la postura del papa Francisco, de las dificultades que se encontró durante el rodaje del documental y cuenta lo que piensa de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Previo a la realización del documental, ¿tenía alguna relación con Nicaragua?
Tenía contacto con personas que están exiliadas en España. Había hecho varias entrevistas sobre la dictadura de Ortega y su negación de los derechos fundamentales. Durante los años 80 y los años 90, como buena parte de la sociedad española, seguí muy de cerca la evolución que se producía en Nicaragua con la Revolución sandinista y sus efectos.
¿Por qué un documental sobre la persecución religiosa en Nicaragua?
Desde hace 12 años viajo por todo el mundo documentando la persecución religiosa. Y la persecución que se produce en Nicaragua es muy desconocida, a pesar de ser una de las más crueles. En España no es conocida, a pesar de los lazos que tenemos con el país.
Cuénteme un poco sobre el intento de entrar en Nicaragua.
Siempre hago mis documentales sobre el terreno, en el país donde se produce la persecución. He conseguido entrar para hacer este trabajo en países como China y Pakistán, con sistemas de control muy sofisticados. Pero en Nicaragua no he podido entrar. Para poder viajar en avión hay que recibir un permiso y no lo solicité porque es fácil saber quién soy y qué hago con una rápida consulta de mi perfil digital en internet. Intenté entrar a pie por la frontera sur en Las Tablillas, pero en el control me indicaron que tenía que rellenar la misma solicitud que se utiliza en los viajes en avión. Al final entré de forma ilegal, pero solo de forma testimonial. Una persona me estaba informando en ese momento de que habían detenido a un periodista que había hecho lo mismo que yo.
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Logísticamente hablando, ¿qué fue lo más difícil del viaje?
No he tenido problemas logísticos especiales, una vez que decidí trabajar con el exilio de Costa Rica, España y Estados Unidos. El problema ha sido el miedo de la gente. Casi nadie quiere hablar porque tiene miedo a las represalias. En Costa Rica hay miedo a las acciones de personas del régimen que actúan en ese país de forma impune. Y todo el exilio tiene miedo a las represalias que puedan sufrir los familiares.
¿Había visto persecución de este tipo anteriormente?
He visto persecución de grupos yihadistas e hinduistas radicales. Aquí estamos ante una persecución estatal frontal. Si se parece a algo, esta persecución es a la de China, pero se realiza de un modo menos sutil. En China, durante años los creyentes sufrieron internamientos en campos de trabajo, cárcel y torturas. Y el régimen chino intentó crear una iglesia cismática. En China la persecución es ahora más sutil. Lo de Ortega y Murillo se parece. No hay libertad de expresión, no hay libertad religiosa fuera de los templos. A veces, ni siquiera dentro de los templos, no hay libertad de asociación y se recurre a la tortura y a la expulsión.
¿Qué imagen se le quedó grabada de la gente con la que habló?
Muchas. Es sorprendente cómo los cristianos y los no cristianos que son perseguidos en Nicaragua son personas de luz. Para muchos la persecución, la tortura y el encarcelamiento ha sido ocasión de maduración personal, de crecimiento en la fe, de perdón… Eso es impresionante.
¿Qué piensa de Daniel Ortega y Rosario Murillo?
Son dos dictadores, encarnan una especie de estalinismo caribeño. Me parece que son ese tipo de personas que para conservar el poder están dispuestas a cualquier cosa. Me ha interesado el periodo en el que intentaron construir una iglesia nacional nicaragüense. Rosario pasa por ser una impulsora de la religiosidad indigenista cuando en realidad recurre a un nacionalcatolicismo muy primitivo, quiere aprovechar la religiosidad popular para sus fines.
¿Qué opina de las acciones del Vaticano ante la persecución religiosa en Nicaragua?
El papa ha denunciado con claridad en varias ocasiones la falta de libertad de forma rotunda. Cuando las cosas se han complicado mucho, ha facilitado el exilio de sacerdotes y obispos que corrían un riesgo difícil de imaginar para los que no estamos allí.
El año pasado fue uno de los más difíciles para la Iglesia católica, tres obispos fueron desterrados, sacerdotes, laicos y religiosos, ¿cree que la Conferencia Episcopal podría hacer algo más?
Me parece que hacen lo que tienen que hacer.
¿Qué le diría a los nicaragüenses que vayan a ver el documental?
Gracias por vuestra lucha por la libertad. Estamos con vosotros, hermanos.
Plano personal
Además de periodista, es productor y director de documentales.
Se licenció en Ciencias de la Información, en la Universidad de Navarra en 1993.
Antes se graduó en Derecho por la universidad de Córdoba en 1989.
Es conocido por sus opiniones y análisis en temas de actualidad, especialmente en el contexto español, y por su participación en debates y entrevistas con figuras políticas y expertos.
Está casado y es padre de cuatro hijos.
El documental se estrenará el 17 de febrero, en Madrid, en la Universidad CEU San Pablo.