La transferencia pacífica del poder

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Seguí con mucha atención y suma admiración los actos ceremoniales de la transferencia pacífica del poder en los Estados Unidos de América, que en lugar de llamarles “toma de posesión”, como se les llama en Latinoamérica, aquí se les llama justamente “transferencia pacífica del poder”, porque eso es lo que tradicionalmente ha sido después de la independencia de esta gran nación, cuando fue electo el 30 de abril de 1789 el primer presidente, George Washington, a quien la capital debe su nombre.

 Cuarenta y seis presidentes le han sucedido a Washington, siendo Donald Trump el cuarenta y siete en el ejercicio político democrático más longevo del mundo, que tiene lugar cada cuatro años y cuya base fundamental es el respeto a la voluntad soberana del pueblo expresada en la urna electoral.

Después de una campaña electoral altamente polarizada fuimos testigos de una transferencia de poder de un partido a otro con admirable civismo y educación, lo que hace grande a la democracia estadounidense.

No voy a valorar en este artículo los temas de política interna que aún dividen a los estadounidenses, solo pretendo destacar algunos aspectos ejemplificantes que pueden servir para ser emulados por otras democracias más jóvenes o para los países que aún luchan por alcanzarla.

La tentación de permanecer en el poder, que es tan humana como la misma historia de la humanidad, fuera de lo estipulado en la Constitución, que es un período adicional, se descarta en esta nación que lidera también el desarrollo económico y tecnológico de la humanidad y que lleva 236 años repitiendo ese ejercicio democrático cada 4 años.

Desde que fue establecida la Presidencia de los Estados Unidos en 1789, cuarenta y cinco presidentes han servido, muchos de los cuales lograron reelegirse por un período consecutivo permitido y únicamente dos, Grover Cleveland y Donald Trump, fueron reelectos en períodos no consecutivos.

Para una persona que viene de un país donde la norma ha sido las dictaduras y no la democracia, no deja de ser sorprendente la forma galante en que los adversarios políticos, Joe Biden saliente y Donald Trump entrante, así como toda la clase política norteamericana celebraron el pasado 20 de enero una vez más, la transferencia pacífica del poder.

Temprano por la mañana, el presidente Biden y su esposa Jill le dieron la bienvenida al presidente electo Donald Trump y su esposa Melania en las gradas de la Casa Blanca y con admirable cortesía entre dos acérrimos adversarios, Biden le dijo a Trump welcome home (bienvenido a casa), haciendo referencia al hecho que para el presidente Trump la Casa Blanca no era desconocida, pues había estado allí del 20 de enero del 2017 al 20 de enero de 2021.

Durante los actos protocolarios de impecable organización y vistosidad de la juramentación, que tuvo lugar en la Rotonda del Congreso, se destacó ante las cámaras que transmitían en vivo, la altura en que todos los allí presentes, muchos de los cuales fueron y siguen siendo enconados adversarios, se comportaron.

Congruente con esta tradición democrática asistieron todos los expresidentes y exvicepresidentes con vida, lo que le dio un gran realce al acto de juramentación.

Para un político que viene de donde un dictador se ha atornillado al poder por segunda vez, desde el 2006 y ha visto pasar a los presidentes Jimmy Carter, Ronald Reagan, George H. Bush, Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump, Joe Biden y ahora nuevamente coincide en el poder con Donald Trump, lo ocurrido el lunes en Washington es ejemplificante y refleja una cultura política democrática muy arraigada.

Qué diferencia con los regímenes de Maduro y Ortega, donde la voluntad popular no cuenta ni se respeta, como en los Estados Unidos y algunos países latinoamericanos entre los que se destacan Uruguay, Argentina, Chile y Costa Rica, donde los que ganan en las urnas acceden al poder y los que pierden, felicitan a los que ganan y aceptan con hidalguía su derrota. Es la esencia de la democracia.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    Y qué del 6 de enero del 2021?

  2. Hace 1 año

    El traspaso pacífico del poder es lo que hace destacar a los EE.UU. entre las naciones. En la América Central solo Costa Rica puede vanagloriarse de la transferencia pacífica del poder.

  3. Hace 1 año

    Me sorprende que no haya ninguna palabra sobre la actitud de Trump que trato de atornillarse en el Poder, y no demostro la mas minima verguenza que el Presidente Biden lo recibiera en la Casa Blanca, despues de ser electo a pesar de sus multiples y variadas violaciones a las Leyes que lo convirtieron en el primer Presidente Convicto condenado por el Sistema Judicial.

    1. Hace 1 año

      100% de acuerdo….

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