Solidaridad entre dictadores

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En la toma de posesión del golpe de Estado de Maduro para consolidar su ilegítimo mandato tras el fraude electoral, apareció de pronto, irrumpiendo en el acto “solemne”, el codictador de Nicaragua Daniel Ortega cuya presencia no había sido anunciada por motivos de pánico.

Sin respetar el protocolo de rigor, Ortega entró sorpresivamente con su chaqueta roja y su gorra, mientras la concurrencia se regocijaba con su presencia, cuando en lugar de buscar su asiento se dirigió hacia Maduro, quien ya en el podio lucía la banda presidencial. Allí lo interrumpió para darle un abrazo solidario, robándose el show de dictadores, al son de los aplausos de la concurrencia.

Después de saludar a algunos de los presentes en primera fila, se fue a sentar al lado del dictador de Cuba, Miguel Díaz-Canel, el único jefe de Estado que junto con el recién llegado codictador asistió a la puesta en escena de la toma de posesión en un avión que a última hora le mandó Maduro.

El aislamiento continental de estas tres dictaduras: Nicaragua, Cuba y Venezuela, había quedado en evidencia en un acto que solo se puede calificar como solidaridad entre dictadores, que extrapolada durante el discurso de Maduro del 10 de enero anunció que estos tres países se estaban preparando para defender la soberanía de Venezuela ante una supuesta invasión estadounidense que se está gestando.

Ortega ya había prometido enviar combatientes sandinistas durante la última cumbre del Alba realizada en Caracas en agosto de 2024. Aunque yo personalmente no creo que esta posibilidad tenga una alta probabilidad de ocurrencia, de llegar a suceder, las promesas de solidaridad militar entre las tres dictaduras de América tienen aún menos probabilidades de materializarse.

Basta decir que ningún país comparte fronteras comunes y están muy distantes de Venezuela, de tal manera que la única forma de enviar contingentes militares sería por medios aéreos o acuáticos, en cuyo caso hipotético, serían un blanco fácil de ser interceptados con medios tecnológicamente muy avanzados. Todo esto en el caso, también hipotético, de que encontraran voluntarios para tal aventura kamikaze.

La única solidaridad real que vemos entre la dictadura de Maduro y la dictadura de Ortega, es el ejemplo represivo de este último con su deriva totalitaria y el último zarpazo a la Constitución para instaurar un marco legal hecho a la medida de los dictadores que se ha dado a llamar la nueva constitución “chamuca” que se “discute” en este mes de enero en la Asamblea Nacional de los aprieta botones solo para dar la apariencia, no disimulada, de que ha habido “debate”.

Díaz-Canel con su empobrecida Isla que no tiene ni energía, no puede demostrar su solidaridad con Maduro más allá de la trasnochada retórica revolucionaria.

Lo único que nos ha quedado claro del escenario que hemos visto recientemente en Venezuela es que la solidaridad entre dictadores tiene su razón de ser en el miedo, la incertidumbre y el aislamiento continental. Ni siquiera los gobiernos supuestamente afines ideológicamente de Colombia, México, Bolivia y Brasil enviaron delegaciones de alto nivel, ya no se diga encabezadas por sus jefes de Estado.

Por el otro lado se destaca la valentía de María Corina Machado que lideró una jornada de protesta histórica el 9 de enero, unas horas antes del show de los dictadores.

Finalmente, considero que la preservación de la legitimidad por medio del presidente Edmundo González Urrutia, derivada de su abrumadora victoria electoral el 28 de julio del 2024, fue una decisión acertada de la oposición venezolana y su líder María Corina Machado. Si este se hubiera dejado capturar o asesinar con el derribo de su avión, las luces de esperanza para Venezuela se hubieran apagado.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”.

Opinión
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