Sorpresas navideñas

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Esta recién pasada Navidad trajo sorpresas no deseadas para los nicaragüenses que siguen en su lucha por la sobrevivencia en el régimen dictatorial bicéfalo Ortega-Murillo, que no descansa un día de darnos una o más noticias desagradables.

Entre otras, el régimen ha decidido hacer un recorte en la excesiva planilla de empleados públicos, lo cual no está mal, lo que sí está mal es hacerlo en la Navidad y despacharlos a sus casas sin prestaciones sociales ni indemnización alguna, lo que constituye una verdadera crueldad navideña.

Algunos opositores se alegrarán porque muchos de estos servidores públicos vivaron al régimen con sus pañuelos rojinegros al cuello, juraron lealtad y de muchas formas vivaron como en el pasado “Ortega forever”, pero no es consecuente con el espíritu cristiano de Navidad alegrarse por el sufrimiento de los demás.

Los miles de empleados públicos despedidos antes de Navidad sin sus prestaciones ya tendrán tiempo suficiente para arrepentirse de haber apoyado a un régimen despiadado. La barrida de empleados públicos en 11 ministerios e instituciones públicas trajo como ahorro al gasto presupuestario de salarios unos 220 millones de córdobas, según la reforma presupuestaria publicada en La Gaceta el pasado 8 de diciembre.

Otra sorpresa navideña que nos trajo el binomio dictatorial es la autoindemnización por 22 millones de dólares de la quebrada y sancionada empresa privada de la familia Distribuidora Nicaragüense de Petróleo (DNP), los que deberán ser pagados por el pueblo nicaragüense en bonos de indemnización con una tasa de interés anual del 4.17 por ciento.

Esto significa que las pérdidas de dicha empresa privada quebrada por las sanciones deberán ser asumidas por el Estado en forma de inventarios que supuestamente tienen un valor de 22 millones de dólares y pagadas con los impuestos de los nicaragüenses. Esto es una confusión más Estado/familia y un esquema de corrupción que evidentemente favorece a la familia.

Para rematar, mientras se pretende des dolarizar la economía, el acuerdo ministerial establece que la deuda asumida por el Estado estará denominada y pagadera en dólares además del pago de intereses.

Otra sorpresa navideña es el anuncio de la extensión del mandato de Julio César Avilés como jefe del Ejército de Nicaragua (ahora de la familia Ortega/Murillo) por 6 años más como una prueba de su lealtad ciega con el régimen y no por sus dotes militares al frente de la institución armada, por la que cumpliría casi 20 años, más que ningún otro militar en la historia de Nicaragua.

Como lo han señalado otros analistas opositores, el congelamiento del escalafón militar en el Ejército de Nicaragua en virtud de la lealtad a la familia gobernante y no a la patria constituye un “tapón” institucional que impide el ascenso natural y relevo generacional de sus miembros, lo que provoca el descontento de muchos oficiales de menor rango que podría tener consecuencias en el futuro.

Quizás la única sorpresa positiva que nos trajo la pasada Navidad fue que aparentemente el Vaticano ya ha dado el visto bueno para que muchos obispos y sacerdotes que estaban silenciados como monseñor Silvio Báez y monseñor Rolando Álvarez, celebren la eucaristía en el exilio y con firmeza alcen sus voces desde el púlpito emanando esperanzas a la feligresía agobiada por la dictadura.

Hasta el papa Francisco se ha mostrado más beligerante en la defensa de la Iglesia en Nicaragua y la feligresía diciendo que Nicaragua está siempre en su mente y en sus oraciones y abogando por una salida a través de un diálogo constructivo.

El balance de las sorpresas navideñas ha sido más negativo que positivo, esperemos que en las sorpresas que aguarda el Año Nuevo, el balance se revierta.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”.

Opinión
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