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En un discurso pronunciado durante la cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el dictador nicaragüense Daniel Ortega sorprendió al autodenominarse “cristiano” y comparar al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez con Cristo.
Ortega presento a Chávez como un líder revolucionario que llevó a cabo la misión de levantar a los pueblos oprimidos de América Latina.
Estas declaraciones se dan en un momento de inédita persecución religiosa en Nicaragua, donde su régimen ha intensificado los ataques contra la Iglesia Católica, sacerdotes, monjas y feligreses desde 2018.
Ortega evocó sus inicios en la política, asegurando que fue Cristo quien lo inspiró a abrazar el ideal revolucionario.
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«Yo soy revolucionario porque conocí la vida de Cristo, luchando por los pobres, entre los pobres, y al verlo crucificado, para mí se convirtió en un héroe y en el revolucionario por excelencia», afirmó el dictador, aludiendo que después complementó esta visión con lecturas de Lenin y Marx.
Cristo y Chávez: un paralelismo controvertido
El tirano nicaragüense trazó un vínculo entre Cristo y Chávez, señalando que el exlíder venezolano encarnaba los valores del cristianismo al luchar por la justicia social.
Ortega describió el momento en que conoció a Chávez como «impresionante», y dijo que la voz del expresidente venezolano era como «la voz de Bolívar» y su espíritu, «el alma de Cristo», animando a los pueblos de América Latina a levantarse.
«Chávez, cómo llevaba a Cristo… era como que cuando se reunió con Fidel y nuestros pueblos estaban desangrándose, empobrecidos, sin mayores esperanzas, como que Cristo les había dicho: ‘Levántense y anden’”, expresó Ortega en referencia a la fundación del ALBA hace dos décadas.
Además, exaltó la rapidez con que los programas del ALBA «promovieron la redistribución de riqueza», algo que describió como «sin precedentes en la historia de la humanidad».
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Persecución religiosa en Nicaragua
Las referencias de Ortega a Cristo y Chávez en un contexto revolucionario contrastan fuertemente con las acciones de su régimen contra la Iglesia católica en Nicaragua.
Desde el estallido social de 2018, el régimen de Ortega y Rosario Murillo ha intensificado su persecución contra la Iglesia Católica en Nicaragua a través de una serie de acciones represivas que incluyen el secuestro y encarcelamiento de sacerdotes, como el caso del obispo Rolando Álvarez, condenado a más de 26 años de prisión en un juicio sin garantías.
Además, ha llevado a cabo destierros y desnacionalizaciones, expulsando a sacerdotes, monjas y líderes laicos, despojándolos de su ciudadanía.
Las propiedades de la Iglesia, entre ellas clínicas, comedores, asilos de ancianos, colegios y universidades católicas, han sido confiscadas arbitrariamente, mientras que las procesiones y celebraciones religiosas han sido severamente limitadas o prohibidas en diversas localidades, consolidando a Nicaragua como uno de los países con mayor represión religiosa en América Latina.
Según informes recientes de la organización Open Doors y el Observatorio de Libertad Religiosa en América Latina, Nicaragua se ha convertido en el país del continente con los más altos niveles de persecución religiosa.
La Santa Sede ha condenado estas acciones, y el Papa Francisco ha calificado al régimen de Ortega como una «dictadura grosera» y «hitleriana». En represalia, el régimen suspendió sus relaciones con El Vaticano y ha arreciado la represión contra los católicos.