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La experiencia que está viviendo el exmandatario sirio Bashar al Assad, quien se vio obligado a dejar el poder y su país tras 13 años de guerra civil, es un patrón que repiten algunos gobernantes cuando se resisten a dejar la silla presidencial, pese a las crisis que ellos mismos provocaron.
El dictador Daniel Ortega ha logrado retener el poder en Nicaragua más de 17 años consecutivos con artimañas políticas, concentración de poder, fraudes electorales y violencia política. En 2018, miles de nicaragüenses salieron a las calles para demandar la salida de Ortega del poder, a lo que el dictador contestó con una represión armada que dejó más de 300 muertos ese año, receta que aplican todos los dictadores. Desde entonces en Nicaragua impera un estado policial y un férreo control social.
Sin embargo, el reciente caso de Bashar al Assad, quien estuvo casi 25 años en el poder luego de heredarlo de su padre, Hafez, quien se hizo del poder tras un golpe de Estado en 1963, es una prueba de que no todos tienen la misma suerte que hasta ahora sigue teniendo Ortega.

Bashar al Assad heredó el poder tras la muerte de su padre en el año 2000. Los primeros años pareció impulsar un gobierno transparente y democrático, pero con el tiempo hizo uso de las mismas prácticas autoritarias y métodos represivos para apaciguar el descontento social y las voces críticas, además de anular las libertades civiles y políticas.
En 2011, estalló la guerra civil, detonada por la represión armada contra una protesta pacífica en el contexto de la «primavera árabe». Los medios internacionales hablan de medio millón de muertos en los 13 años del conflicto interno en Siria, además de encarcelamientos políticos, exilio masivo y destrucción por todo el país.
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Durante su gobierno, Al Assad estaba en el bando liderado por Rusia, que a la vez es uno de los mayores aliados de Ortega, lo cual hacía de Nicaragua y Siria parte del mismo bloque político de países bajo regímenes antidemocráticos. Precisamente Rusia fue el mayor aliado de Siria durante los últimos años de Al Assad en el poder y ahora es el país donde se ha refugiado.
Otros aliados de Ortega obligados al exilio
Rafael Correa y Evo Morales son dos expresidentes que fueron grandes aliados de Ortega en el pasado, dentro del bloque socialista de América Latina que lideró el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Ambos gobernaron sus países bajo un modelo autoritario y represivo, para muchos copia del modelo cubano del régimen castrista, que lleva más de 60 años en el poder.
Aunque sus historias políticas no son las mismas y mucho menos hubo una guerra de por medio como el caso sirio, también fueron considerados dictadores durante sus mandatos y tras dejar el poder se vieron obligados a exiliarse.
Evo Morales
Evo Morales, el icónico presidente indígena de la etnia aimara de Bolivia, estuvo 13 años en el poder. En 2006 asumió por primera vez la Presidencia de manera legítima y luego se reeligió de manera consecutiva dos períodos presidenciales más.

En el convulso proceso electoral de finales de 2019, cuando buscaba su tercera reelección, Morales fue obligado a desistir. Presentó su dimisión tras recibir la “sugerencia” del Ejército y la Policía de que renunciara “por el bien de Bolivia”.
Morales se vio obligado a esconderse tras perder el apoyo de las fuerzas armadas y de su propia guardia personal. Recibió la ayuda del presidente de México, Manuel López Obrador, quien mandó un avión para sacarlo de Bolivia en medio de la agitación social y el repudio de todo el país.
Aunque México lo sacó de Bolivia, Morales decidió refugiarse en Argentina, país vecino de la frontera sur boliviana. En 2020, un año después de su partida, Evo Morales regresó a su país tras el triunfo electoral de su partido con Luis Arce a la cabeza. Con el tiempo, Morales y Arce entraron en un enfrentamiento por el control del poder, convirtiéndose en rivales políticos en el país.
Rafael Correa
Rafael Correa gobernó Ecuador diez años, de 2007 hasta 2017, el mayor tiempo que un presidente ecuatoriano ha gobernado hasta ahora. Hizo profundos cambios en el país que incluyeron una reforma constitucional que estableció la reelección presidencial indefinida, aunque eso no aplicó para él en ese momento, así que salió de la Presidencia tras las elecciones de 2017, quedando en el poder Lenín Moreno, uno de sus anteriores exvicepresidente y su aliado político en ese momento. Aunque quiso ser el poder tras el poder, fuera de la Presidencia lo alcanzaron las acusaciones de corrupción y las divisiones políticas en su mismo círculo, lo que lo llevó al exilio.

Actualmente se encuentra en Bélgica, que le concedió asilo político en 2022, lo que le ha permitido evitar la cárcel en Ecuador, donde fue condenado en ausencia por corrupción contra la administración pública.
Ortega alberga a expresidentes acusados de corrupción
El mismo dictador Ortega alberga en Nicaragua a expresidentes de la región centroamericana, que han huido de su país tras acusaciones de corrupción, como Mauricio Funes, quien fue presidente de El Salvador de 2009 a 2014, y Salvador Sánchez Cerén, también exmandatario salvadoreño que gobernó de 2014 a 2019. Ambos fueron nacionalizados nicaragüenses, además.