La Asamblea de los aprietabotón

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Es vergonzoso en lo que ha convertido la dictadura totalitaria la Asamblea Nacional de Nicaragua, lugar donde 91 diputados se congregan para apretar el botón verde de toda ley —por más absurda que sea y de consecuencias impredecibles— que les envía la pareja dictatorial.

Estos diputados no conocen lo que es un debate parlamentario, mucho menos votar en contra (botón rojo) de una ley, acción que consciente o inconscientemente, podría significar ahora una temporada en el Chipote o al menos, el despojo de su condición de diputados y arresto domiciliario.

Ni siquiera conocen lo que es abstención (botón amarillo), ni tampoco quedarse conectado (encendido en la pizarra) para no ejercer el derecho al voto, ya sea por pena, conciencia, o vergüenza, tal como lo hizo la diputada Xóchilt Ocampo en junio 2013, cuando se discutía la Ley 840 del fracasado Gran Canal Interoceánico de Wang Jing, omisión que de todas formas le costó su diputación. Una pena menor, si se considera que en estos días seguramente le costaría una temporada en el Chipote.

Fui diputado desde el 2007 hasta agosto del 2016 fecha en que fui destituido arbitrariamente por el CSE por no plegarme, junto con la mayoría de los diputados del Partido Liberal Independiente (PLI), al nuevo jefe del PLI asignado por el Consejo Supremo Electoral, Pedro Reyes.

Recuerdo que cada lunes teníamos por espacio de 2 a 4 horas una reunión de bancada para revisar la agenda parlamentaria de la semana y definir címo íbamos a votar y quiénes iban a iniciar el debate parlamentario. Recuerdo también que a mí se me concedió en junio de 2013 el privilegio de abrir el debate que duró 4 horas, en contra de la Ley 840 del Gran Canal Interoceánico en el que tomaron la palabra 25 diputados de la Alianza PLI y aunque perdimos, quedamos con nuestra consciencia tranquila porque nos opusimos con firmeza al otorgamiento de aquella nefasta concesión y entrega total de nuestra soberanía nacional.

Hacíamos oposición, los periodistas independientes, que entonces eran muchos, encontraban en los diputados opositores la fuente de la noticia crítica y podían publicar una noticia balanceada. Ya no más: ni diputados opositores, ni periodistas independientes, ni medios críticos.

Hoy en día, los diputados no tienen que hacer tanto trabajo, el único esfuerzo que deben hacer es que a la hora de una votación no equivocarse de botón, y apretar siempre el verde. ¿Para qué arriesgarse a hablar o decir algo que pueda molestar a los redactores de las leyes que tienen poderes omnímodos? …después de todo, las leyes ya vienen a la Asamblea con el sello de aprobadas “desde arriba”.

Los diputados de hoy en día a la hora de votar, rápidamente iluminan en verde toda la pizarra electrónica y no se ve ninguna mancha en rojo o en amarillo de algún disidente o distraído que apretó el botón equivocado.

La Asamblea Nacional presidida por Gustavo Porras ha hecho historia legislativa en Nicaragua y el mundo al aprobar en forma urgente en primera legislatura y sin debate alguno, un nueva Constitución hecha a la medida de la pareja dictatorial, bajo el no disimulado disfraz de que se trata de una “reforma parcial”, para no pasar por el engorroso proceso requerido de tener que elegir una Asamblea Constituyente.

Y en la misma semana ha aprobado una “Ley de protección de los nicaragüenses ante sanciones y agresiones externas”, cuyos alcances según el criterio de expertos economistas, podrían sacar a Nicaragua del Sistema Financiero internacional, lo que tendría un efecto bumerang devastador para le economía nacional.

La Asamblea de los aprietabotones se ha convertido en un espejo de la voluntad absolutista de la pareja gobernante, que le da carácter de “legalidad” a sus disparates y aberraciones jurídicas y le permite “justificar” con leyes a posteriori, la brutal represión existente. Las leyes son entonces reflejo de los delitos cometidos, no por los ciudadanos, sino por sus gobernantes.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”.

Opinión
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