Reflexiones póstumas sobre HOS

He sido un opositor a las dos dictaduras sandinistas que he conocido en mi vida. Desde los albores de la Revolución en 1979 fui crítico desde mi columna en LA PRENSA de las desviaciones del proceso revolucionario, lo que gradualmente me llevó a adoptar posiciones cada vez más firmes que me llevaron al exilio y a la Contra, donde en los años 80 fui miembro del Directorio de la Resistencia Nicaragüense.

Apoyé decididamente las negociaciones de Sapoá y aunque no participé directamente en la mesa de negociaciones de paz, me sentí representado por Adolfo Calero Portocarrero, con quien mantuve siempre una gran amistad, heredada de mi padre y compromisos por la lucha libertaria en Nicaragua.

Participé como asesor político en la campaña de mi madre en 1989 y cuando triunfó el 25 de febrero de 1990 celebré con ella la victoria del pueblo nicaragüense y poco antes de la toma de posesión el 25 de abril, le aconsejé en privado que no dejara al general Humberto Ortega al frente del EPS.

No puedo afirmar que soy un disidente sandinista porque nunca lo fui, pero siempre he querido ser objetivo al expresar mi criterio y valorar todo sin la óptica del apasionamiento político.

Puedo afirmar que, viendo las cosas en retrospectiva, mi madre tuvo razón en dejar por un tiempo a Humberto Ortega al frente del Ejército porque este contribuyó mucho a fortalecer la paz y la precaria estabilidad de la transición democrática y la profesionalización de la institución militar.

Humberto no se plegó a boicotear el gobierno de mi madre, siguiendo la consigna de su hermano Daniel “vamos a gobernar desde abajo”, pero tan solo el anuncio de mi madre el 2 de septiembre de 1993 de que en un año Humberto Ortega sería retirado, produjo los momentos más tensos de su mandato, según sus memorias en su libro Sueños del corazón.

La hoja de vida de una persona cuando fallece se debe evaluar haciendo un balance de sus aciertos y de sus desaciertos, que en este caso fueron muchos y han sido señalados profusamente.

Pero si no reconocemos la capacidad del ser humano de enmendar sus errores y nos enfrascamos en la tarea de condenar a quienes han tenido el valor de rectificar, arriesgándolo todo en el proceso, hasta sus propias vidas, nadie querrá rectificar en el futuro y tendremos para siempre la dictadura dinástica que justamente nos merecemos.

Hay que reconocer que en la crisis sociopolítica del 2018 Humberto Ortega apoyó la demanda de los obispos y del pueblo nicaragüense de adelantar las elecciones para que el pueblo decidiera si su hermano Daniel debía seguir gobernando y buscar una salida a la crisis por medio del método civilizado de dirimir nuestras diferencias, como lo son las elecciones libres. También reconozco que pidió la liberación de los presos políticos.

Y en este año 2024, después de 6 años de dictadura totalitaria, Humberto Ortega utilizó su privilegio de libertad de expresión, único dentro de Nicaragua, para criticar la deriva totalitaria de su hermano Daniel proponiendo la búsqueda de una salida pacífica por medio del diálogo, elecciones libres y vetando la sucesión dinástica de su cuñada.

Esta propuesta fue precisamente lo que le llevó a perder su libertad y fue primero aislado casa por cárcel y luego bajo custodia policial en un hospital, lo cual, debido a su crítico estado de salud, tuvo consecuencias funestas, como él mismo lo anticipó en una dramática grabación al medio Confidencial del 9 de junio, publicada y viralizada tras su fallecimiento esta semana.

En su lecho de enfermo en el Hospital Militar el general en retiro Humberto Ortega Saavedra debe haber sufrido mucho al reconocer que su propio hermano lo había confinado y lo había convertido en un preso político y que tal como su compañero de armas (y mi compañero de celda) el general en retiro Hugo Torres Jiménez, esperaba solo y sin su familia, el desenlace fatal.

He leído mucho de algunos opositores que lamentan su fallecimiento porque no fueron ellos los que le impusieron el castigo. ¿Cómo pretendemos que el régimen se desmorone o implosione desde adentro si lo que ofrecemos a todo aquel que tenga el valor de rebelarse es venganza en nombre de la justicia?

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”. Fue miembro del Directorio de la Resistencia Nicaragüense

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    PJCHC, padre del autor de esta pieza de opinión, siempre se opuso al criminal FSLN. Cuando Carlos Fonseca estaba preso en Costa Rica el Dr. Chamorro lo visitó en la carcel y el energúmeno de Fonseca lo «corrió» y acusó a los Chamorros de ‘vende patria’.

  2. Hace 2 años

    El apartamiento del protagonismo político de HOS, posterior a la nueva era de cambio, una vez que DOS y su camarilla entregarán el poder, este hecho de HOS se pudiera paralelizar con la gesta de Aureliano Buendia en Cien Años de Soledad, sin soslayar su entreguismo y ejecutor a los dictados de las potencias comunistas de Rusia y la Habana que fueron puestas en practicas acto seguido a la toma del poder en el año 79, y que como secuela de ello provocó la pérdida de nuestros más valiosos de nuestra juventud y avasallamiento del pueblo en general. A Pedro vale la pena recordarle que la comisión enviada a Sapoa llevaba exclusivamente las instrucciones de hacer una primera evaluación y acuerdo previo a ese proceso de negociación y no a negociar un alto al fuego de manera prematura. Producto de ello se vio la el desgrane de la gran división en las fuerzas de la Resistencia Nicaragüense que hasta hoy se ven los efectos en el desmembramiento de la sociedad,

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