Humberto Ortega, también fue símbolo de corrupción y represión en Nicaragua

Humberto Ortega Saavedra, quien falleció el lunes 30 de septiembre, era hermano del actual dictador de Nicaragua, Daniel Ortega y fue una figura al menos controvertida dentro de la historia contemporánea del país centroamericano.  Su rol militar y político fue objeto de denuncias de abusos y violaciones de derechos humanos durante y después de la Revolución sandinista en la década de los 80. Como exjefe del Ejército Popular Sandinista, Humberto Ortega fue uno de los principales arquitectos del sistema de defensa armada del sandinismo.

Bajo su liderazgo el Ejército se consolidó como una de las instituciones más poderosas del país. Sin embargo, su legado está profundamente marcado por acusaciones de corrupción, enriquecimiento ilícito y traición a los principios revolucionarios que los sandinistas decían representar. 

Concentración de poder y venta de activos

Una de las críticas más recurrentes hacia Humberto Ortega fue su aprovechamiento del poder para enriquecerse a través de la venta de activos militares. De hecho, fue el responsable de haber gestionado la venta de equipos y armamento perteneciente al Ejército sandinista, incluyendo tanques, helicópteros y vehículos, a otros países, varios de aquellos envueltos en conflictos bélicos durante las décadas de los 80 y 90.

Estos bienes, que fueron comprados con fondos públicos y donados muchos por el exbloque soviético, fueron vendidos a un precio subvalorado, y las ganancias no se reintegraron al Estado nicaragüense, sino al mismo Humberto Ortega e intereses privados que beneficiaron directamente a su círculo cercano. A través de la venta de esos activos Humberto Ortega logró consolidar junto con excomandantes y exgenerales un imperio económico en una Nicaragua fracturada por la guerra y la pobreza.

Este tráfico de bienes militares sin dudas también cimentó la imagen de Humberto Ortega como un hombre cuyo interés personal estuvo por encima del bienestar de los nicaragüenses. Los periodistas y analistas documentaron extensamente sus decisiones militares y políticas caracterizadas por decisiones opacas y poco éticas que también mantuvieron vigente las ambiciones perversas de su hermano, el dictador Daniel Ortega.

Militarización y represión

Como jefe del Ejército, Humberto Ortega tuvo un papel clave en la militarización de Nicaragua, y aunque oficialmente dejó el cargo en 1995, su influencia política se mantuvo vigente por años. Bajo su liderazgo maligno, el Ejército se convirtió en una herramienta de represión y control, especialmente en el contexto de la guerra civil hacia los “contras”. Bajo su mando e influencia el ejército sandinista cometió, sobre todo en el campo, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y torturas, con el fin de mantener el poder y sofocar cualquier disidencia interna.

A pesar de haber dejado el liderazgo militar en los años 90, Humberto Ortega mantuvo una influencia significativa en la estructura de poder sandinista y en las decisiones estratégicas del régimen de su hermano Daniel Ortega. Algunos sectores lo perciben como uno de los arquitectos de la consolidación de la actual dictadura familiar Ortega-Murillo que ha optado por la concentración de poder, el clientelismo y la persecución de opositores.

Además, su relación con el régimen de su hermano Daniel Ortega lo llevó a una complicidad activa y pasiva en la instauración de la actual dictadura familiar en Nicaragua. Aunque Humberto se distanció públicamente de algunas de las decisiones del régimen de su hermano, especialmente en la represión a las protestas de 2018, no puede desvincularse del legado autoritario y represivo que ha caracterizado a la dictadura Ortega-Murillo.

Para los sandinistas, Humberto Ortega fue un comandante que jugó un rol crucial en la defensa de la Revolución sandinista y en la transición política de Nicaragua, mientras que para la mayoría de nosotros será recordado, junto con su hermano, como un símbolo de corrupción, oportunismo y maldad.

Su enriquecimiento a costa de los recursos públicos, la represión que lideró durante su jefatura militar y su complicidad con el régimen de su hermano lo convirtieron en un personaje que debe ser recordado como uno de los responsables del colapso de la democracia en Nicaragua y de que el actual ejército sandinista sea uno de los pilares de la opresión de la familia Ortega-Murillo contra los y las nicaragüenses.  

La muerte de Humberto Ortega marca el final de la vida de otro de los grandes arquitectos del mal en Nicaragua, uno más que se va sin haber rendido cuentas ante la justicia por sus crímenes y abusos. Es irónico que, después de haber sido cómplice en la consolidación del régimen de su hermano, su propio deterioro y eventual muerte puedan haber sido facilitados por las tensiones y conflictos internos dentro de la familia Ortega-Murillo. Así, su legado no será recordado por los ideales revolucionarios que alguna vez defendió, sino por su traición, corrupción y, al final, el precio que pagó al convertirse en una víctima más de los mismos que ayudó a empoderar.

El autor es director ejecutivo de Expediente Abierto.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Amén! Eso fue Humberto Ortega. El no es ningún heroe. Un individuo con una ambición sin límite de enriquecerse de mala forma. A proposito de Carlos Fonseca, ellos mataron al pobre ciego. Samuel Genie, ex-jefe de inteligencia de la Guardia Nacional, afirmó que Tomás Borge denunció la presencia de un comando cubano en la zona de Zinica. La Guardia envió una fuerte patrulla a la zona para trabar combate con los cubanos. Borge sabía que eran puras mentiras y que era Fonseca el único que estaba en la zona.

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