El laberinto del dictador

En días recientes, en el contexto de un acto partidario sandinista al que atendieron la cúpula del régimen de Daniel Ortega, con su siempre mentiroso y dizque conciliador, y hasta actuado estilo “bonachón”, el tirano dijo: “A los nicaragüenses que siguen pensando en hacer daño, hay que unir esfuerzos para que nos beneficiemos todos”.

Primeramente, debemos siempre tener memoria histórica y recordar que, no hemos sido la oposición los que hemos asesinado a indefensos ciudadanos tanto de las ciudades como del campo, ha sido siempre el FSLN y la dictadura sandinista la que, con uso arbitrario y criminal de las armas, han asesinado, encarcelado, exiliado, desnacionalizado y confiscado a centenares de miles de nicaragüenses.

En el año dos mil dieciocho cometieron los crímenes públicos más sanguinarios que hayamos vivido en nuestra historia independiente, cuyos delitos han sido categorizados por diferentes organismos de derechos humanos independientes de organizaciones internacionales como crímenes de lesa humanidad.

Por consiguiente, los que han hecho un espantoso daño a los ciudadanos han sido precisamente ellos, los sandinistas y sus dictaduras de los nueve comandantes y, ahora, del dictador Daniel Ortega, con su codictadora Rosario Murillo, hijos y su círculo criminal de poder.

Pero ¿cuál es el trasfondo realmente de semejantes opiniones hechas en plaza pública?

Dejando de un lado la mala actuación del caudillo sandinista, debo valorar que, muy probablemente el dictador sandinista haya ya pactado con la vicedictadora su sucesión para el circo electoral del 2026, comprometiéndose con ella en delegarla como su sucesora y que sea ella la candidata presidencial.

Probablemente Ortega pensó que eso calmaría las pretensiones de su señora esposa, pero como eso únicamente, como un mecanismo de neutralizarla sin ningún interés genuino de que eso suceda considerando que Ortega piensa que él debe ser el “mesías” de Nicaragua hasta su muerte, o inclusive después de esta.

Murillo Zambrana, como el buen dicho criollo nuestro, agarró vara e inició toda una cruzada para ir despejando su camino para rodearse de los cuadros más obedientes y serviles a fin de que en el momento de la transición que le ofreció Ortega, ella ya tenga las garantías de poder que evite cualquier riesgo o alteración a su sucesión. Ortega no midió las consecuencias de su ofrecimiento y, hoy se ha convertido en una seria amenaza para su continuidad y la de sus criminales y delincuentes allegados.

El dictador busca, en su laberinto de opciones cada vez más reducidas y enredadas, cómo desmontar semejante y supuesto inofensivo compromiso, el cual inclusive, debe ya hasta contar con el beneplácito de su plebe, lo que eleva exponencialmente aún más la crisis para su sobrevivencia como el eterno candidato presidencial sandinista.

Ante ese escenario que pienso es altamente probable, el dictador se saca de la bolsa un caramelo envenenado y, sin mayor ampliación ni detalles, lanza su puente a la oposición para “unir esfuerzos”, que en términos políticos implica la posibilidad de un diálogo con la oposición.

No obstante, Daniel Ortega no ofrece ningún plan de reversión de todo el entramado de legislaciones represivas, de los oprobiosos convenios internacionales, de la urgente despartidización de los poderes del Estado que totalmente se encuentran en manos sandinistas, de restaurar todos los bienes confiscados, reintegrar la nacionalidad a todos aquellos que se les ha arrebatado, el de garantizar un retorno seguro para los centenares de miles de exiliados y, menos aún, en un compromiso por castigar a sus empleados civiles, militares y policiales culpables de centenares de asesinatos, como tampoco el llevar a una justicia independiente a sus testaferros por la cadena de incontables delitos de corrupción por medio de los cuales han saqueado el erario público.

Es evidente que la pretensión y único interés de Ortega es salvar su pellejo y, en esa línea, pretende arrastrar a la oposición nacional, tanto en el exilio como local a una nueva historieta de paquín con un dizque supuesto diálogo, el que poco o nada de beneficio para la democratización de Nicaragua traerá.

La oposición entonces tendrá que valorar si, por alguna media docena de diputaciones y el restablecimiento de personerías jurídicas, está dispuesta a convertirse en una oposición cómplice, silenciada y a los pies del dictador; o por el otro, rechazar radicalmente esos castillos en el aire y empujar una definitiva y para siempre salida del poder del sandinismo que además de sangre y dolor, ha traído atraso, pobreza y miseria para Nicaragua.

Al final, será el sabio pueblo el que, con su acostumbrada y popular forma castigará a aquellos que, por prebendas personales, terminen pactando con el sandinismo y se alejen de las urgentes aspiraciones y lucha libertaria.

El autor es exiliado político. Exdiputado y exconcejal liberal.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Con el criminal FSLN no puede existir reconciliacion de la misma forma que los aliados y el pueblo alemán consideraron que no podía haber reconciliacion con el partido Nazi. Todos los símbolos y banderas del partido Nazi fueron dinamitados y quemados. Hubo una re-educacion en las escuelas donde se explicaba y se explica actualmente lo criminal que fue el Partido Nazi. El que dialogue con el FSLN no es solo ingenuo sino que baboso también.

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