Filme “Memorias de un cuerpo que arde” conquista audiencias con una original mirada sobre la sexualidad femenina 

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La cineasta Antonella Sudasassi Furniss es la creadora de la exitosa película “Memorias de un cuerpo que arde” que recibió el Premio del Público en Berlín este año. FOTO/ LA PRENSA

La película costarricense “Memorias de un cuerpo que arde” nació de una memoria familiar y del deseo de su creadora de explorar y conocer las vivencias de la sexualidad femenina a través de los recuerdos de generaciones mayores de mujeres costarricenses.

La película, que se transformó en cinco años de una idea de la cineasta Antonella Sudasassi Furniss en la obra que vemos hoy, es una historia bella, tierna, íntima, inmensamente cálida y cercana a cualquiera. Es muy reveladora y rica sobre los tabúes sexuales, límites y barreras sociales, familiares y educativas que han influido en la vida afectiva de muchas generaciones de mujeres de este país.

Las memorias de tres mujeres mayores de 70 años, entre ellas la abuela de Sudasassi, son la base sobre la que se construye el guion (escrito por la directora misma).

Con buenas dosis de realismo, pero también con jocoso humor e ironía típicos de la idiosincrasia tica – y centroamericana, diría yo -, oímos sus tres voces llenas de recuerdos, anécdotas y reflexiones sobre su pasado, sobre cómo experimentaron su niñez, juventud, vida marital y la de hoy.

La historia se desarrolla en la pantalla interpretada por un grupo de actores que ilustran la vida personal de una mujer de 71 años que es a su vez la que encarna las 3 historias personales.

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Premio en la Berlinale 2024 y va a los Óscar en 2025

La obra de Sudasassi obtuvo el Premio del Público en la Berlinale 2024, uno de los festivales de cine más importantes del mundo.

Hace unos días, el Consejo Nacional de Cinematografía del Centro Costarricense de Producción Cinematográfica, del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ), la designó para representar a Costa Rica en la 97ª edición de los Premios Óscar en 2025 y en la competición por “Mejor Película Iberoamericana” en los Premios Goya del año próximo en España.

El filme ha tenido una acogida muy positiva en amplios sectores del público costarricense, la cobertura mediática ha sido amplia. Jóvenes, personas maduras y adultos mayores han asistido a verla en grandes grupos.

Hasta al menos el miércoles 18 de septiembre, “Memorias de un cuerpo que arde” podrá verse en Cine Magaly en San José, localizado en el barrio La California.

El pasado sábado 31 de agosto tuve el placer de conocer a Antonella y a su productor, Manrique Cortés, precisamente en el Magaly. Juntos manejan la productora Substance Films.

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¿Quién es la cineasta?

Directa, jovial y encantadora, Sudasassi concedió una breve entrevista a LA PRENSA.

Antonella Sudasassi Furniss nació en 1986 en San José, Costa Rica. Estudió Comunicación en la Universidad de Costa Rica (UCR), manifestando un gran interés por las artes visuales.

Su primer trabajo fue “El Despertar de Las Hormigas (2019)”.   “Memorias de un cuerpo que arde” es su segunda película.

¿Qué te motivó a hacer esta película?

Yo empecé como con una curiosidad y ganas de responder cómo había sido la vida para mis abuelas.  Al no tenerlas -tengo todavía a mi abuela paterna-, pero ya le agarré el último pedacito de la memoria, entonces empecé a hablar con otras mujeres. De esa conversación nace la película, de la curiosidad de saber cómo fue la vida para ellas, entenderse mujer, cómo fue encontrar su cuerpo, entenderlo sabiendo que era una sociedad bastante más represiva que la que tenemos ahora; cómo habían explorado la sexualidad en las diferentes etapas de la vida y cómo la viven ahora, en una sociedad donde a partir de cierta edad como que tenemos fecha de caducidad y jamás imaginar que las personas adultas mayores pudieran disfrutar de su sexualidad.

A partir de todas esas preguntas, comencé a hablar con esas tres mujeres, y de ahí sale la película.

¿Cuánto tiempo tomó desde que te surgió la idea hasta que se realizó la película?

Todo el proceso de hacer la película desde que planteé la primera idea en 2019 hasta que la estrenamos en 2024, (duró) cinco años.  Empezó desde que tuve esas conversaciones, luego entender qué podía funcionar para una película.  Obviamente, estas mujeres (que narran sus historias) me plantean el anonimato, o sea que no están dispuestas a aparecer en cámara; básicamente me dijeron: “Que nadie me reconozca”.  Entonces me suponía el reto formal qué representar en pantalla.

Al final, terminé trabajando con actrices, un poco para poder sentir en la piel lo que estas mujeres me estaban contando, visibilizar ese cuerpo adulto mayor que pocas veces se ve en el cine.

Todo el proceso de investigación, de escritura de producción y postproducción fueron cinco años de trabajo.

Me llamó mucho la atención que todo fue filmado en una casa. Supongo que eso es un ahorro importante en costos. ¿No pensaste que eso podría limitarte?

No, para nada. La decisión no fue en función de presupuesto, fue en función de una propuesta creativa, artística.  La película se filmó en una sola locación porque para mí la casa es una protagonista más.

Es ese lugar, casi que impuesto, en que les tocó vivir a esas mujeres, pero también es el lugar de despertar la memoria, despertar la ilusión, despertar la imaginación de qué querer ser a futuro. Allí en esas casas se crearon estas mujeres, era el espacio casi obligatorio. Su rol implicaba quedarse en casa, ser madres, esposas. Pero también es ese lugar de sueños, de querer ser, y por eso la película se hace en una sola locación.

Y también tiene que ver con la mente. La investigación la hice en pandemia y esas mujeres también estaban enterradas en sus casas. Ellas pasaban recordando sus experiencias, era como si los fantasmas de la memoria acompañan el cuerpo de esas mujeres. También de esa forma la casa se convierte en la menta de esas protagonistas; un cuarto se convierte en un hospital, y así.

Era jugar con cómo se recuerda.

¿No has temido una reacción muy conservadora de algunos sectores en la sociedad local?

No, realmente no. Creo que es una película basada en vivencias de mujeres reales.  Bueno, siempre una posibilidad por supuesto. Pero es una película basada en testimonios de vivencias de mujeres reales; creo que como que es difícil estar en contra de lo que ha vivido una persona.

Esas son las historias de ellas y más bien, tuvieron la valentía de contar esas historias, siento yo. La película habla mucho del silencio, de aquello de lo que no se habla, del tabú.

Naturalmente. Hablar de estos temas no ha sido fácil para mujeres de generaciones anteriores en estas sociedades centroamericanas, latinoamericanas.  Háblame un poco de tus influencias, cuáles son tus directores favoritos, tus películas favoritas.

No sé si tengo películas favoritas. Creo que para cada proyecto creativo que hago, revisito de alguna forma otras películas de directoras que me gustan. En general admiro mucho el trabajo de Lucrecia Martel (argentina), de (la escocesa Lynne) Ramsay, de Alice Rohrwacher (italiana),  de Michel Gondry (francés),  el trabajo de tantos directores. Cualquier película, puede ser (incluso) una película comercial, entre comillas, te deja un imaginario visual, y cuando creás, recurrís a todo ese imaginario que tenés guardado.

¿Cuál es tu próximo proyecto?

En este momento estoy produciendo la película de Manrique Cortés (el productor de “Memorias”) que se llama “Monstruos”, está en desarrollo temprano.  Vamos poco a poco, nos acabamos de ganar el Fauno (fondos) en su convocatoria para desarrollo, así que estamos escribiendo el guion, yo estoy produciendo y escribiendo.

Y, además, estoy en una especie de pausa creativa para ver cuál es la película que quiero hacer ahora.  “Memorias” cierra un ciclo creativo y ahora estoy en un impasse para ver cuál va a ser mi próximo proyecto propio.

Alberto Alemán es exeditor de La Prensa y un empedernido cinéfilo.

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