Carlos Aranda, quien se convirtió en la primera gran figura del beisbol de Masaya, antes del surgimiento de Justo Rivas, de la consolidación de Renato Morales y el impacto provocado por Norman Cardoze, ha fallecido este sábado luego de una dolorosa enfermedad que le aquejaba desde hace buen tiempo y que le provocó un paro cardíaco.
De acuerdo a información suministrada por familiares de Aranda, el legendario jugador del San Fernando padecía de un cáncer en el estómago, lo que precipitó las dificultades cardíacas que al final fueron la razón de su deceso. Antes, en 2018, su hijo del mismo nombre, había fallecido debido al Covid, lo que golpeó duramente al progetinor.
Con un físico fuerte y atlético, Aranda entró pronto en el corazón de los fanáticos fernandinos, porque además de tronar fuerte con el bate, jugaba con buena técnica y se desplazaba con elegancia en las bases mientras robaba almohadillas y se movía en los jardines al fildear.
Pero además, Carlos logró detalles que aseguraron su presencia en el tiempo: fue el primer nicaragüense en conectar un jonrón en un estadio de Grandes Ligas y fue el primer bateador designado empleado en la historia del beisbol nacional.
Aranda se voló la cerca en el Shea Stadium (antigua casa de los Mets) en una gira de fogueo de la Selección Nacional en 1973 ante un equipo Todos Estrellas en Nueva York. Y el 10 de octubre de 1973, fue bateador designado ante los Falcons de Miami.
“Hay otro detalle que vale la pena recordar”, señala por el teléfono Francisco Pavón, el conocido locutor deportivo, historiador y excompañero de Carlos en el San Fernando. “Aranda jugó con sus dos hijos (Carlos y José) en 1983 en el San Fernando”.
Precisamente su hijo Carlos Aranda Rocha, falleció el pasado 21 de mayo del 2018 debido al Covid-19. Laboraba como coach de primera base en el San Fernando. Aranda padre denunció con energía todo el entorno que llevó al fatal desenlace que aún genera controversias.
Nacido en la comunidad Santa Clara, Granada, Aranda Salazar ha vivido desde niño en Tisma, Masaya. Debutó en el San Fernando en 1969 con un promedio de solo .181, pero fue en ascenso y en 1973 ya integró la Selección Nacional para la Copa Intercontinental de Italia.
Su impacto llegó en 1974, cuando se trenzó en un electrizante duelo con Bonard Luzey del Estelí, por el título de bateo, que debió ser resuelto por el cuarto decimal: Luzey tuvo .33093 (278-92) y Aranda .33082 (266-88). De modo que Luzey se llevó el cetro. Aranda fue segundo.
Ese año, además de batear .331, Carlos descargó nueve jonrones y fue líder de la liga en remolques con 49 e integró la Selección Nacional que viajó al Mundial de Tampa y San Petersburgo, Florida. A la Selección llegó por primera vez en 1968, incluso antes de abrirse la Primera División en 1970.
En ese 1968, se organizó en Tegucigalpa, Honduras, un primer campeonato centroamericano de beisbol y la Selección Nacional fue dirigida por Stanley Cayasso. Entre sus peloteros estaban Aranda, Calixto Vargas, Cirilo Errington, Calín Rosales y Francisco Pavón, entre otros.
En 1978 mostró volvió a tronar con.318 y en 1983 lo hizo una vez más con .304. En tres ocasiones más cerró con promedios superiores a los .290, incluyendo .293 en 1977, año en el disparó nueve jonrones y acumuló 60 carreras empujadas, su máxima cifra en una temporada.
Cuando se retiró en 1985, tras 17 campañas, tenía .273 de average, con 880 hits, 139 dobletes, 71 jonrones y 132 robos. Anotó 433 carreras y remolcó 451 en su historial. Una carrera sólida la de Aranda, con detalles que no los podrá devorar el olvido.
Primer nica con jonrón en un estadio de Grandes Ligas y el primer bateador designado en el beisbol de nuestro país. Antes de los jonrones de Justo Rivas, de los hits de Renato Morales y de la explosión de Norman Cardoze, Aranda era el toletero de los masayas y una de sus figuras más queridas.
Sobre Aranda se crearon muchas historias, incluyendo aquella frase de: «si la agarra Aranda… la pierde», que es atribuida al doctor Luis Corea Lacayo, quien hacía alusión a la potencia que tenía Carlos, pero que probablemente le faltó más continuidad para disparar jonrones.
Aún así, Aranda es parte del patrimonio sentimental de los masayas y de los fanáticos en general, quienes ahora lamentan su fallecimiento.