Daniel Ortega y Rosario Murillo agarran pleito con mucha facilidad. El que menos se piensa agarra la “terminación” en su eterno pleito con “el imperialismo yanki”, ni el mismísimo papa se ha capeado de la ira absolutista de la pareja dictatorial.
Quizás el presidente Joe Biden ha sido tratado con mayor respeto que el mismo Inácio Lula da Silva, el izquierdista presidente del Brasil; Gustavo Petro, el también izquierdista presidente de Colombia; y anteriormente ya había cruzado espadas con Gabriel Boric, el también izquierdista presidente de Chile.
No me extraña en absoluto que la pareja dictatorial la emprenda contra el presidente de Argentina, Javier Milei, que es de ideología liberal, de derecha, pero ¿por qué tratar de esa forma a presidentes latinoamericanos que son “afines ideológicamente”, es decir, de izquierda?
Y no es que yo pretenda defender a estos presidentes de izquierda democrática, porque ellos tienen más y mejores argumentos para defenderse solos. Basta decir, que todos ellos fueron electos por la voluntad soberana de sus respectivos pueblos, lo que no es el caso de Ortega y Murillo, que en el 2021 tuvieron que meter en prisión a todos sus posibles contendientes para no tener que robarse descaradamente las elecciones —con el fin de mantenerse el poder a cualquier costo— como lo hizo recientemente Maduro en Venezuela.
Veamos el fondo del nuevo pleito mediático que se sacaron Lula y Petro por el hecho de promover una solución al conflicto en Venezuela mediante la realización de nuevas elecciones ampliamente observadas por la comunidad internacional, propuesta que fue rechazada tanto por la líder de la oposición venezolana María Corina Machado, como por el presidente electo Edmundo González Urrutia y por el propio Maduro. La oposición, por considerar que ello sería poner en tela de duda el aplastante triunfo en las urnas del 28 de julio y Maduro porque eso sería reconocer la posibilidad de que, en efecto, se robó las elecciones.
Para Maduro la propuesta de Lula y Petro tiene además el agravante de que en nuevas elecciones propuestas, con una amplia observación internacional y una amplia amnistía para todos los presos políticos, volvería a perder de manera aplastante porque esta vez no podría ejecutar el mega fraude y el CNE tendría la obligación de presentar las actas desde la noche misma de las elecciones. La oferta era pues veneno en papel de caramelo.
Pero además trascendió la noticia de que Lula habló telefónicamente con Biden unos días antes, así que para Ortega, que en todo ve la mano pachona del “imperialismo yanki”, esto fue la confirmación que la propuesta venía con el visto bueno de Washington y eso bastó para que este lunes 26 en la Cumbre del Alba despotricara contra Lula y el martes contra Petro llamándoles arrastrados del “imperialismo yanki”.
Aunque Lula ha guardado prudente silencio ante las ofensas, la contundente respuesta de Petro no se hizo esperar: “Nos ha llamado arrastrados Daniel Ortega, solo porque queremos una solución negociada, pacífica y democrática en Venezuela, tal insulto me permite contestarle: al menos no arrastro los derechos humanos del pueblo de mi país y menos de los de mis compañeros de armas y de lucha contra las dictaduras”.
El lenguaje de Ortega alcanzó esta semana un tono guerrerista al proyectar una posible guerra de Colombia contra la dictadura de Maduro y ha llegado al colmo de ofrecer imaginarios combatientes sandinistas en un caso también imaginario, de que tenga lugar un ataque desde Colombia.
¿Por qué Ortega se enfrenta a gobernantes de izquierda con los que supuestamente tendría “afinidad ideológica”? La respuesta es que no existe tal afinidad en los temas fundamentales de la democracia, como lo es el respeto a la voluntad popular y a los derechos ciudadanos.
Tanto el presidente Inácio Lula da Silva, como Gustavo Petro y Gabriel Boric fueron electos por márgenes de votación estrechos y sus contendientes respetaron el resultado, no como Maduro que perdió 68 por ciento a 30 por ciento y aún no publica las actas que demuestran el megafraude que tuvo que ordenar para revertir el resultado en el CNE.
No es pues un tema ideológico, sino de principios democráticos y ya sabemos que ni Ortega ni Maduro se guían por dichos principios, ellos están en otra liga, la liga de los dictadores que carecen de ideologías de izquierda o de derecha, su única ideología es preservar el poder a cualquier costo.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político expatriado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados”.