Hace pocos días los nicaragüenses fuimos nuevamente testigos y víctimas de un acto familiar-partidario que con recursos económicos de los nicaragüenses organizó la dictadura sandinista liderada por los protagonistas de la dinastía, Daniel Ortega, Rosario Murillo, su prole de hijos y nietos.
No me extraña ya, pues desde los años ochenta, inclusive durante los gobiernos democráticos de los noventa cuando desfalcaban recursos del seis por ciento universitario y de algunas alcaldías que poseían, y por supuesto que, desde su nuevo ascenso al poder en el 2007, los sandinistas han usurpado fondos del erario para llevar a cabo su celebración partidaria.
Muy alineados con su modelo al mejor estilo de la mafia internacional, han hecho de la corrupción su modus vivendi, pero no me cabe duda de que algún día habrá que hacer una contabilidad de tales desfalcos para llevarlos a los tribunales de justicia y obligarlos a restituir al erario todos los desfalcos que durante cuarenta y cinco años han venido perpetrando.
Pero, ¿qué realmente fue el fondo del acto sandinista de este diecinueve de julio?
Daniel Ortega se lució acompañándose mayoritariamente de representantes de subdesarrollados y pequeños países, fundamentalmente africanos, pero también mostró a sus potencias aliadas como Rusia, Irán, Corea del Norte y China. Asimismo, se hizo acompañar en el estrado de una criminal internacional, representante palestina o, más bien del grupo terrorista Hamás.
Ha puesto pues sobre el tablero no solo a sus peones, sino que también a sus caballos defensores para, según él, proteger su reinado.
La dictadura, desde hace un par años ha diseñado y puesto en marcha una guerra silenciosa contra Estados Unidos y, en ella, ha utilizado a esas naciones africanas, pero también a China y otros países de Medio Oriente y Asia.
Los Ortega Murillo no solo patrocinan, sino que también se benefician económicamente del negocio inhumano e ilegal del tráfico internacional de personas.
En ese macabro engranaje, utilizan el territorio nacional y proporcionan toda la logística necesaria por medio de todas las instancias de Estado a su disposición, para trasladar los migrantes a la frontera sur de Estados Unidos y así llevar la delincuencia y el terrorismo al interior de la nación norteamericana.
Los nicaragüenses sabemos que Ortega no actúa al azar y, que sus acciones siempre tienen un propósito prediseñado y calculado. También conocemos su retórica que termina haciendo lo contrario de lo que públicamente expresa a su cada vez más escasa y cansada base “partidaria”.
En esta ocasión y considerando el probable escenario de los resultados electorales de noviembre en Estados Unidos, debemos preguntarnos: ¿Está el sandinismo subiendo la parada a los Estados Unidos? O, ¿está Daniel Ortega subliminalmente pidiendo una escalera de negociación con Estados Unidos al mostrar sus fichas del ajedrez?
Cualquiera que sea el propósito que el sandinismo de los Ortega Murillo tenga, los Estados Unidos no debería considerar jamás, menos caer en la trampa de ninguna negociación con un régimen que, abiertamente y actuando en violación de las normas internacionales contra la migración, no solo es patrocinador del tráfico ilegal e inhumano de migrantes, sino que peor aún, se enfoca en el envío de personas con antecedentes criminales así como de terroristas a Estados Unidos con el objetivo de buscar como destruir desde adentro a la nación norteamericana.
Mientras la dictadura se mantenga en el poder en Nicaragua, indistintamente de la administración que gobierne Estados Unidos, Daniel Ortega continuará de una u otra manera atentando contra la seguridad nacional de ese país, porque para el sandinismo, Estados Unidos han sido, es y siempre serán sus enemigos; muy por el contrario de la amplísima mayoría del pueblo nicaragüense que no solo expresamos nuestra sincera amistad al país del norte, sino que también mostramos gran admiración por su vibrante democracia liberal y el irrestricto derecho a las libertades y el dominio de la ley y la justicia.
El autor es dirigente liberal. Excandidato a la Alcaldía de Managua, exconcejal y exdiputado.