Ahora es fácil ver a Harvy Gutiérrez castigando a los pítcheres y colocándose en la cima de los bateadores del Pomares con un promedio de .469, mientras persigue con desesperación los 1,000 imparables en su carrera. El jinotegano está encendido y aunque quedan muchos juegos por delante, hasta ahora ha mostrado una llamativa consistencia y estabilidad en su liderato.
Sin embargo, hace tres años él pensó que no volvería a jugar beisbol, y peor aún, se temía lo peor sobre su vida. Un accidente de motocicleta lo llevó inconsciente a emergencias del hospital de Jinotega y aunque el dolor y la incertidumbre fueron disminuyendo con el paso de las horas, Gutiérrez quedó conmovido al verse en un espejo del baño del centro médico.
“Cuando desperté en el hospital tras impactar contra un poste del alumbrado público, por esquivar a un motociclista que venía contra la vía, pensé que era algo leve por mi estado de inconsciencia, pero a como pude fui al baño y al verme en el espejo el rostro desfigurado, el mundo se me vino encima y me dije, ‘ya no podré volver a jugar beisbol”, recuerda Harvy.
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Los médicos dieron un tiempo para precisar su estado, aunque su familia afuera del hospital seguía esperando lo peor. No obstante, luego de varios estudios y análisis, se determinó que tenía varias fracturas en la cara y que requeriría la intervención de un maxilofacial tras el desprendimiento de varias piezas dentales, pero el resto de golpes eran leves en su cuerpo.
“El accidente me hizo reflexionar sobre el amor y la gran misericordia que Dios tiene para mi vida. Sé que él tiene propósitos que va cumpliendo en mi vida y hoy en día le sirvo a mi Dios y exalto su nombre donde quiera que vaya”, señala Gutiérrez, de 33 años, papá de tres hijos y, en el Pomares, líder de bateo con .469 y en hits con 23 hasta este momento.
Harvy señala que es Dios precisamente la clave para su espectacular desempeño ofensivo. Asegura que es Dios quien le da las fuerzas para el trabajo extra cada día, pero también se refiere a la disposición para escuchar y aprender de las indicaciones de los entrenadores, lo mismo que a la disciplina y experiencia acumulada a través de los años que ha jugado.
“Hay una frase que dice que ‘la vida no se trata solo de ir alcanzando metas, sino también de disfrutar del camino que nos llevará hasta ellas’. Así que, aunque tengo mis anhelos de carácter personal, como llegar a 1,000 hits y tener un título de bateo, también trabajamos para ganar un campeonato y darle esa alegría a la afición de Jinotega”, aseguró.
Gutiérrez tiene a varios feroces perseguidores detrás como Sandy Bermúdez, de los Toros, con .455 (44-20) y Saúl Orozco, de Matagalpa, con .444 (49-22), sin embargo, eso no parece perturbarlo. Después de sobrevivir a su accidente y regresar al deporte que tanto ama, a Harvy todo le sabe a gloria a pesar de que hace tres años se temía lo peor.