Mujeres marchando en las calles de Nicaragua. Foto: Archivo/Programa Feminista La Corriente

8M: En una Nicaragua sin dictadura, las mujeres conmemorarían su día desde las calles

Defensoras y feministas, desde el exilio y la clandestinidad, detallan las nuevas formas que han tenido que adoptar para conmemorar su día, tras seis años consecutivos sin poder marchar

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en Nicaragua muchas de ellas lo conmemoran desde la clandestinidad, el exilio o, en el peor de los casos, tras los barrotes por un encierro injusto y arbitrario. En el país, desde hace seis años las calles no se visten de morado, las mujeres fueron obligadas a dejar sus espacios, los tambores, los bailes, los megáfonos, los foros y todas las actividades que realizaban como colectivos para conmemorar su día callaron a causa de la imposición de un estado de terror que dirige la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Ahora, mientras en otros países las calles se visten de morado y resuena el grito feminista, de mujeres y defensoras, en Nicaragua las mujeres conmemoran en silencio, desde la virtualidad, abrazando a las que desde el exilio gritan por las que en el país no lo pueden hacer. LA PRENSA conversó con mujeres en el exilio y otras que desde la clandestinidad explicaron cómo conmemorarían un 8 de marzo en un contexto sin dictadura, cómo siguen resistiendo para expresar sus demandas y las deudas pendientes que siguen aumentando para el Estado de Nicaragua.

“María”, una defensora y feminista de larga trayectoria, en entrevista con LA PRENSA resaltó que en un contexto sin dictadura, en un 8 de marzo las mujeres “seguramente estarían en las calles gritando, demandando derechos conquistados” y “sería un día de apapacharnos, acuerparnos, de reírnos, pero sin miedo”. 

“Creo que estaríamos en la calle demandando justicia, calidad de salud, de educación. Estuviéramos en las calles desenmascarando el machismo en la vida pública y privada. Creo que estaríamos con pancartas, con música, o leyendo las historias de las feministas del mundo. Conmemoraríamos demandando a los estados que cumplan con sus compromisos y marcos jurídicos internacionales. Estaríamos juntas desde la noche anterior, o días antes, haciendo pancartas, programas radiales, debates, listas de logros y pendientes, o deudas de los estados para con las mujeres”, resaltó.

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«Josefa», otra defensora nicaragüense que pidió estricto anonimato para evitar represalias de la dictadura orteguista, también consideró que en un contexto sin dictadura las mujeres «nos pronunciaríamos en las calles, visibilizando nuestras luchas, derechos conquistados, eso haríamos, estaríamos en las calles, haciendo uso de nuestros derechos a manifestarnos y expresarnos libremente».

Recordó que antes de estos seis años de agravamiento del contexto político y social, por la imposición de la dictadura orteguista, las mujeres se ponían de acuerdo para manifestarse a nivel nacional o local, pero «en los últimos años era cada vez más difícil hacerlas sin tener que estar con el temor de que nos cortaran el paso o que no nos dejaran acercarnos al destino donde pretendíamos terminar la marcha».

En Nicaragua conmemorarán en «silencio y resistiendo»

En el contexto de dictadura que vive el país, donde más de 19 mujeres están encarceladas por motivos políticos, decenas están desterradas y desnacionalizadas, y centenares de defensoras están exiliadas, “María” asegura que la forma en la que en realidad se conmemorará este 8 de marzo será “en silencio, con mucha rabia, resistiendo, al menos las que están adentro del país, mientras que las que están fuera, desnacionalizadas, desterradas, lo podrán conmemorar en esos países donde las han acogido, junto a otras mujeres, entre ellas mismas, alzando sus voces desde fuera».

Resaltó que las defensoras y feministas en exilio tienen la oportunidad de dejar huella y seguir denunciando «a la dictadura Ortega Murillo, que reprime y criminaliza cualquier actividad en libertad”.

«Desde afuera se podrá estar gritando por democracia y libertad, hablando de que nuestros cuerpos los queremos en libertad, demandando la libertad de las presas y presos políticos, libertad y democracia, esa demanda estará fuera y, desde adentro, también habrá mujeres acuerpando esas demandas, aunque muchas no van a salir a las calles, se van a hablar, conectar, no solamente porque nos duele lo que ocurre en el país, no tener las calles, sino porque necesitamos juntarnos, hablar entre todas, porque este 8 de marzo es nuestro y lo será siempre», remarcó.

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«Josefa» destacó que pese a la represión del orteguismo, las mujeres resisten desde la virtualidad, realizando foros, divulgando mensajes en redes sociales, lanzando campañas para hacer conciencia de los derechos y libertades que no se están garantizando, procurando siempre no arriesgar a ninguna, aunque resaltó, las reuniones de mujeres que hablan de derechos y libertades «no son, nunca lo han sido y nunca serán una amenaza para la paz de ningún país».

«El que las mujeres nos organicemos para hacer conciencia de nuestros derechos y para manifestarle a la población cuáles son estos derechos y que las mujeres los conozcan, no es y no amenaza de ninguna manera la paz, al contrario, la paz solo la podemos conseguir cuando tenemos mayor igualdad entre todas las personas», recalcó.

Además, indicó que entre todas «celebramos que —aunque sea desde otros países— hay mujeres que pueden tomarse las calles y participar junto a mujeres de otros países, donde ellas estén, en las marchas y plantones, visibilizando que Nicaragua está de pie, que hay feminismo para rato».

«Juana», otra defensora nicaragüense que no puede alzar su voz usando su nombre por temor a represalias de la dictadura, expresó a LA PRENSA que el orteguismo no les ha podido cercenar totalmente la colectividad, pues resisten usando las nuevas tecnologías para seguir organizándose, luchando por los derechos de las mujeres.

«La colectividad no la han podido cercenar en su totalidad, todavía nos seguimos reuniendo aunque sea virtual, algunas veces con otros mecanismos para que sean presenciales, buscando la manera, pero no es lo mismo, un 8 de marzo se sonaba en Nicaragua, pero ahora se trata de vernos las unas a las otras, protegernos, darnos ánimo, mantener la llama de la esperanza, que es súper importante, porque no hay una dictadura que dure para siempre. Cuidarnos a nosotras, a nuestras familias, es el mayor acto de resistencia», resaltó.

El Movimiento Feminista La Corriente, en esta semana, previo a este 8 de marzo, haciendo eco de la lucha feminista que mantienen las mujeres de Nicaragua lanzó a través de las redes sociales una creación musical colectiva, con ritmo de cumbia, en la que resalta que las feministas «vamos a volver».

Deudas del Estado de Nicaragua siguen aumentando

La dictadura orteguista, aunque trata de tapar el sol con un dedo, realizando celebraciones «en honor a la mujeres nicaragüenses» y dando asueto, con goce de salario a las trabajadoras del sector público este 8 de marzo, en realidad —denuncian las defensoras—, violenta todos los derechos de las mujeres, las encarcela y les cercena libertades básicas como la de reunión pacífica, organización y expresión, cierra los espacios donde hacían colectivo, donde se atendía a víctimas de violencia, les impide el acceso a la justicia y las expone a criminales que absuelve pese a que son señalados de violentar mujeres.

«María» resaltó que algunos derechos que siguen siendo una deuda pendiente para el Estado de Nicaragua, desde antes de la dictadura orteguista, son el derecho a una vida libre de violencia, pues las mujeres siguen siendo asesinadas, golpeadas, en un contexto de plena impunidad, y «estadísticamente hablando, no sabemos cuántas mujeres están en sus casas sufriendo violencia machista, estatal, comunitaria, laboral, común, que la ejercen los hombres por tener poderes pequeños o grandes».

También recordó que otras grandes deudas son los «derechos a la maternidad libre, deseada, al aborto en toda su totalidad, porque son los cuerpos de las mujeres los que desean este tipo de libertad» y la igualdad en todos los sentidos, empleo, salario, oportunidades, acceso a salud, educación, justicia, derechos y libertades.

«Josefa» remarcó que las deudas pendientes del Estado de Nicaragua para con las mujeres, y para todos los nicaragüenses, sobre todo desde los últimos seis años, son la garantía del ejercicio de derechos políticos como «la libre manifestación, expresión, reunión, porque están vetados y nosotras vamos a seguir denunciando que se nos ha cercenado».

«Vivir con miedo es lo más complicado, lo más difícil. Que no podás llevar una pañoleta que diga ‘aborto seguro’, o, peor aún, que no podás llevar la bandera de tu país, cuando debería ser un orgullo y una posibilidad para todo el mundo, es todavía más grave, entonces, esos derechos, al igual que la libertad, no los estamos gozando en el país. Vivimos en un Estado que reprime todos nuestros derechos», denunció.

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