Me duele mucho el corazón, un gran amigo, un excelente hijo de Nicaragua, un valiente paladín de la democracia nos ha dejado ayer. Michael Edwin Antony Healy Lacayo nació en Managua el 13 de agosto de 1962, pero botó el ombligo en Chatilla, Buenos Aires, Rivas. El día de ayer a los 61 años nos dijo adiós.
“Johnny Lawrence, Lawrence of Arabia”, me decía con mucho cariño cada vez que nos veíamos. No sé ni cuándo conocí a Mike, pues lo conozco de siempre, porque nuestros padres eran muy amigos. Don Mike y doña Esperanza tenían una pequeña casa en San Juan del Sur, donde llegaban a pasar fines de semana o vacaciones largas.
A veces íbamos a visitarlos a Chatilla, la finca de ellos, que don Mike trabajaba con mucha dedicación y donde vivía la familia. Doña Esperanza y don Mike se conocieron en Nueva Orleans; él, ciudadano norteamericano veterano de la guerra de Corea, se enamoró perdidamente de ella, no dudó en seguirla a Nicaragua, se casaron y juntos formaron una hermosa familia: María Esperanza, Rossana, Mike, Annabelle y Jacqueline.
Me contaba Mike que en 1979 tuvieron que salir de Nicaragua en un avión enviado por el gobierno de los Estados Unidos y así inició el primer exilio de la familia y también el primer robo y destrucción de sus bienes por los sandinistas. Recuerdo que mi papá hablaba con don Mike y este le decía: “Carlos, ya no aguanto este exilio, no hallo las horas de regresar a mi Nicaragua” y es que él se sentía extranjero y exiliado mientras estuvo en EE. UU.; fue así que ni una semana después del triunfo de doña Violeta en 1990 que don Mike se regresó a su Nicaragua a recuperar lo suyo y reconstruirlo, pero al poco tiempo la desgracia tocó a la puerta, falleció don Mike (a los 59 años) y fue Mike (hijo) quién tomó las riendas, no solo continuó la reconstrucción de lo que les habían destruido, sino que también lo multiplicó y diversificó. Mike conoció a Rossana Argüello en San Juan del Sur en el año 91, se enamoraron, se casaron y se fueron a vivir a Chatilla formando una hermosa familia. Mike amaba por sobre todas las cosas a Rossana, a sus hijos y nietos, a su madre y sus hermanas, fue un hombre de familia.
Mike tenía un gran corazón, se daba sin condiciones, su amor por Nicaragua era inmenso —segundo solo al amor a su familia—, un patriota, trabajador incansable, inquieto, líder gremial y empresarial, un triunfador, sabía reconocer y pedir perdón cuando se equivocaba, tenía el don de la palabra, era fogoso, entusiasta y te contagiaba con su entusiasmo y todas esas virtudes las usó en varias campañas electorales en la que le pidieron que fuera a sembrar la semilla de la democracia, a que organizara las bases, que llevara la campaña y la defensa del voto democrático en Rivas; lo hizo con gran éxito, sin pedir nada a cambio y después de cada campaña, regresaba a su labor de agricultor a seguir sembrando progreso y futuro, a seguir trabajando el patrimonio de su familia. Sus adversarios políticos en Rivas lo admiraban y respetaban por su entrega, por sus aptitudes cívicas, por sus capacidades, por su nobleza y por sus principios éticos y morales.
El 2018 llegó siendo Mike presidente de Upanic y asumió el reto con mucha valentía. En mayo de 2018 fue uno de los delegados del sector privado ante el primer diálogo donde la dictadura lo único que hacía era pedir que se quitaran los tranques a cambio de seguir ellos atornillados en el poder. Mike, con esa altivez irlandesa y la valentía del “indio nica” se plantó ante el dictador, lo increpó y lo retó diciendo: “Solo hay un tranque y ese tranque está en El Carmen. Una vez que quitemos el tranque de El Carmen, yo creo que Nicaragua va a caminar bien adelante…” y después dijo a Denis Moncada Colindres: “… llame al presidente, dígale que ponga su renuncia y va a ver qué rápido que este país coge su rumbo de vuelta”. Y es que Mike tenía confianza absoluta en que los nicaragüenses no solo se merecían ser libres, sino que también lo desean ser. Esa intervención fue suficiente para que los cobardes perversos dictadores Daniel y Rosario dieran la orden para que invadieran las propiedades de la familia Healy Lacayo, destruyeran y se robaran todo, no dejando piedra sobre piedra, demostrando que la amenaza dada por el procurador Hernán Estrada era cierta. Por esa perversidad sufrieron él y su familia, pero la perversidad no terminaría allí.
Mike no se arredró, ni se escondió ni se calló; en cambio, vino con mayor ímpetu y se entregó aún más a la lucha por buscar cómo recuperar Nicaragua. Asumió la presidencia del Cosep en 2020. “Vas a ver Juan, yo soy diferente”, me dijo y en verdad que sí lo fue. No descansó en sus reclamos por la devolución de lo robado. Doña Esperanza llegó a Nicaragua buscando, infructuosamente, que le devolvieran sus cosas, que la dejaran ver a sus deudos —en Chatilla hay un cementerio donde descansan varios familiares— y, finalmente, murió en el exilio en 2020 sin poder recibir justicia.
En noviembre de 2021 “nos llegó de visita” al Chipote Mike. Doña Esperanza no pasó por el sufrimiento de ver a su hijo secuestrado. En el Chipote Mike sufrió, como sufrimos todos los que allí estábamos, pero nunca se dio por vencido, tampoco se acobardó o entregó su dignidad, si se arrodilló fue ante Dios. Su voz ronca y sonora se oía en los pasillos al rezar o al reclamar por sus derechos que estaban siendo violados. Fuimos vecinos de celda de castigo, sufrimos juntos, rezamos juntos y juntos fuimos “liberados”, expatriados y desnacionalizados.
En el vuelo de la libertad, aquel 9 de febrero de 2023, fue él quien puso orden a toda la algarabía, tomó el micrófono y ordenó que todos nos sentáramos, o si no, el vuelo no despegaba… todos le hicimos caso y el avión logró despegar. Ese era Mike.
En la reconstrucción de la nueva Nicaragua Mike nos hará mucha falta, porque lo que más necesitamos son hijos que quieran a Nicaragua en la forma que Mike la quiso. Nos dejan los buenos. La justicia llegará, Mike, te prometo que llegará.
Descansa en paz mi brother, a donde vas no hay dolor, no hay injusticia, no hay ni tiranos ni dictaduras, que brille para vos la luz eterna. Un fuerte abrazo a Rossana, a sus hijos Mike, Patrick y Anabelle; y a sus hermanas. Ruego a Dios en su infinita misericordia les dé el consuelo para aceptar sus designios y la fortaleza para soportar el dolor.
El autor es ex preso político exiliado. Fue amigo de Mike Healy.