Aunque a menudo los reflectores enfocaban hacia otro lado, José Luis Quiroz nunca estuvo en la sombra. Brilló con luz propia y logró impactar tanto desde el montículo que su labor lejos de perder brillo, se vuelve más radiante con los años.
Armado de un repertorio amplio, compuesto por una enorme curva, un slider dañino y un sinker devastador, lo mismo que de una velocidad respetable, Quiroz tuvo como gran soporte su valentía y nunca se echó hacia atrás ante ningún reto.
Mejor administrado debió conseguir mejores cifras en el beisbol nacional, pero en los Tiburones de Granada no se tuvo mucho cuidado de su brazo y sometido a un intenso ajetreo, a los 31 años ya estaba fuera del box, pero se aseguró de dejar sus huellas.
Nacido en la comarca Miramontes, en San Lorenzo, Boaco, Quiroz debutó con el Granada en 1991. Era un tercera base convertido en lanzador por Juan José Espinoza. Heberto Portobanco lo ponía en los juegos perdidos por su equipo y ahí aprendió.
Y después de un tímido récord de 2-1 y 4.26 como relevista en su temporada inicial, saltó a un plano estelar para 1992 con 11-4 y 2.09, más cuatro salvados, siempre como relevo. Sin embargo, en 1993 mejoró a 15-9 y 3.12 en 187.1 innings, ya instalado como abridor. Y de ahí saltó a la Selección.
En su debut en la Copa de Italia en 1993, blanqueó 5-0 a México en recorrido completo de solo dos hits permitidos. Ese mismo año, derrotó a Puerto Rico en el duelo por la medalla de oro durante el Premundial realizado aquí en nuestro país.
Su brazo lució resentido a nivel local y con el Granada acumuló 6-11 y 3.87 en 1994, pero durante el Mundial realizado en Nicaragua, registró 2-0 y 1.76 para espantar dudas. Le ganó a China 7-1 en un recorrido completo de nueve innings y luego a Panamá en uno de los duelos del playoff.
Ya con la carabina reparada, José Luis alcanzó su punto más alto en 1995 con una labor de 18-11 y 2.91 en 241.1 episodios con 20 juegos completos, mientras volvía a brillar con la Selección ese año, cuando se ganó medalla en todos los torneos en que se participó.
En ese año, Quiroz acumuló 4-1 y 1.93 en 28 innings con 24 ponches y junto a Daniel Miranda formó una mancuerna exitosa para el equipo pinolero. Y le debió ir mejor, pero en la Copa de Cuba, aunque registró 1.42 en efectividad, no ganó por falta de respaldo. Era el lanzador para los juegos difíciles. Siempre se las arreglaba para salir a flote.
En 1996 sus dificultades regresaron a su brazo y tuvo 10-8 y 4.31, pero una vez más se creció en la Selección y fue el mejor de los tiradores nicaragüenses en los Juegos Olímpicos de Atlanta, con marca de 2-1 y 3.14, más 15 ponches en 14.1 innings.
Quiroz todavía conservó su nivel en 1997 con el Granada al cerrar con 10-4 y 4.13, pero bajó en la Copa de Barcelona (0-1 y 7.59), sin embargo, dijo adiós a la tropa nica con registro de 2-0 y 4.20 en el Mundial de Italia 1998, cuando se ganó bronce.
En su carrera a nivel local, José Luis logró marca de 81-57 y 3.63 en diez temporadas y 1,077 innings lanzados. A sus 31 años ya estaba fuera de circulación. No obstante, quedó la sensación de que debió haber dado mucho más, pero realmente había hecho suficiente.
Sin duda, Quiroz ha sido uno de los lanzadores más eficientes y valientes que han desfilado por el beisbol nacional y por la selección pinolera. «Cobarde nunca fui», me dijo un día como para resumir una carrera que tuve el privilegio de ver de cerca.
Ahora trabaja como coach de pitcheo en el Pomares.