Ese año de 1952 el 8 de diciembre cayó también en viernes. Hoy hace 71 años, mientras Managua celebraba la Purísima Concepción de María y después de una larga y dolorosa enfermedad causada por un cáncer de páncreas, a las 9:20 p.m. la Purísima Virgen hacía el milagro de terminar el sufrimiento terrenal y darle paso a gozar del eterno descanso a Don Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, mi abuelo. Tenía 61 años de edad.
Mi abuelo, recto y firme, bondadoso y sencillo, modesto y humilde, apasionado de la historia y de la verdad, distraído, pero conversador, lector empedernido y muy exigente con la ortografía, verdaderamente un hombre justo, un verdadero cristiano. Mi madre lo describe así: “Era de un caminar con los pies al monte y de paso largo, agachado, tal que siempre parecía como si quisiera alcanzar algo, o a alguien. Si, así era él: confiado y crédulo, y a veces ingenuo; era sencillo, disciplinado y austero, pero con sentido del humor”. Alto y delgado, cabello entrecano y un poco escaso. Solía vestir de traje de lino blanco almidonado, camisa blanca, de corbata, faja y zapatos negros, sombrero de pita de ala corta, con una cinta negra, y bastón de roble con empuñadura de cuero, era miope y por eso usaba anteojos de aro de metal redondos.
En el año 1928 los entonces dueños de La Prensa lo llamaron para que se hiciera cargo de la dirección, al año compró el 50 % de las acciones y a finales de 1931 decidió comprar el 50 % restante pasando a ser dueño completo. Él contaba que tomó la decisión de comprar La Prensa después de pedirle un consejo al padre Rossi SJ, sobre si invertía en la industria de cigarrillos o compraba La Prensa; el padre Rossi le contestó: “Un medio de comunicación puede ser o tan bueno o tan malo, según quien lo dirija; es un arma de doble filo, pero creo que usted tiene un fondo moral basado en valores y principios cristianos bien claros y firmes, los que puede divulgar y transmitir a sus lectores a través de artículos y, de ese modo, orientar y guiar la publicación hacia el recto y buen proceder.” Así fue como Pedro Joaquín Chamorro Z. refundó La Prensa y por eso le llamamos el Director Fundador.

Mi abuelo le imprimió a La Prensa su espíritu de lealtad y honestidad, de credibilidad y de apego a la verdad; adquirió el compromiso con Dios y con Nicaragua de usar a La Prensa para guiar, orientar, investigar, informar y señalar los errores que se estaban cometiendo, especialmente por el gobierno. Se comprometió a que La Prensa sería un medio pluralista y democrático que defendería todas las libertades, comenzando con la libertad de expresión, de prensa y de pensamiento, derechos fundamentales y solo segundos al derecho a la vida. Su objetivo era —y sigue siendo el nuestro— forjar una nueva y limpia Nicaragua, guardar y mantener los valores y principios católicos, éticos y cívicos en total independencia, en total libertad para que Nicaragua fuese ejemplo digno de los pueblos y orgullo de los nicaragüenses ante el mundo. En fin, La Prensa es todo lo que lo caracterizaba a él; supo transmitir y plasmar en La Prensa todo lo que había aprendido y heredado de sus ancestros y de los cuales se sentía muy orgulloso.
Nosotros, los que quedamos, tu esposa, tus hijos, tus yernos, tus nietos y aún tus sobrinos te hemos cumplido abuelo, no te hemos fallado ni a vos, ni a Nicaragua ni a Dios. Todos hemos sabido llevar con dignidad y gallardía tu legado, tu hijo Pedro Joaquín dio su vida para continuarlo y también fue ejemplo para todos. Hemos sabido guardar con mucha responsabilidad y con mucho sacrificio el legado que nos dejaste. La Prensa sigue siendo lo que vos deseaste que fuera, un instrumento por y para la verdad y la justicia, una tribuna para que aquel que no tiene voz tuviese voz, un espacio para debatir y construir juntos la senda de la República que vos soñabas para Nicaragua.
Tu legado, abuelo, ya no nos pertenece; nosotros somos solo guardadores del eslogan “El Diario de los Nicaragüenses”. La Prensa es de Nicaragua.