Masacre en el Estadio Azteca
Antes de que acabara el primer minuto del partido, Brasil ya había anotado su primer gol. Aquello sucedió tan rápido que un jugador de la defensa nicaragüense todavía estaba persignándose cuando el balón perforó la red protegida por el arquero Salvador Dubois. Había comenzado una “carnicería” que terminaría con el marcador 14-0, hasta hoy el peor resultado de Nicaragua en partidos de futbol.
Fue hace 48 años, el viernes 17 de octubre de 1975, en los VII Juegos Panamericanos, realizados en la ciudad de México. Brasil venía de levantar la Copa del Mundo en 1962, 1966 y 1970, pero había mandado a su segunda selección y hasta antes del minuto cuatro de aquel partido, el seleccionado nicaragüense de verdad creía que tenía posibilidades de hacer goles. Así lo recuerdan sobrevivientes de la “masacre” en un amplio reportaje publicado por Magazine en agosto de 2014.
En el minuto cuatro cayó el segundo gol brasileño, sin que ningún jugador oponente hubiera podido siquiera rozar la pelota. A lo largo de 90 interminables minutos, toda la acción del juego se concentró frente a la portería nicaragüense, con ocasionales y nerviosos tiros largos que salían como balas perdidas hacia el arco brasileño, en un infructuoso intento por despejar el área.
Luego del segundo tanto, los goles continuaron cayendo a razón de cuatro minutos de por medio; mientras Dubois miraba su reloj y deseaba con toda el alma estar en cualquier otro lado. En 2014 el portero nicaragüense le confesó a Magazine que lo único que sentía cuando la ofensiva brasileña se acercaba era arrepentimiento de estar ahí.
Al final, Nicaragua, que estaba en el grupo D, perdió sus partidos contra Brasil, Costa Rica y El Salvador. Jugadores brasileños que participaron en ese partido brillaron en el Mundial de 1978, en el que Argentina se quedó con la Copa.
Puede leer la historia completa en el reportaje El partido de la vergüenza.

Aplastados por México y Cuba
Para el cuarto inning la pizarra ya iba 9-0. Cuba aplastaba a la selección nicaragüense en el parque Escarré de San José, Costa Rica. Era el miércoles 12 de abril de 1961 y estaba en marcha el XV Campeonato Mundial de Beisbol Amateur.
En ese momento, la “pelota menor” de Nicaragua llevaba casi siete años sin participar en un torneo mundial, pues había perdido cancha desde la aparición del beisbol profesional en el país; así que muchos fanáticos se permitieron sentir una discreta esperanza de recuperar “la vieja gloria” del beisbol amateur. Sin embargo, los más conocedores se alzaron como profetas para afirmar que esa selección carecía de fuerza de bateo y que, encima, solo el departamento de pitcheo era rescatable.
Unos 17 buses con aficionados de Masaya, Granada y otras ciudades llegaron para disfrutar el debut de los nicas. El primer partido fue contra Guatemala y acabó con un respetable 4-0 que alegró al público nicaragüense e hizo mella en el pesimismo de los cronistas deportivos, que empezaron a considerar la posibilidad de que los nicas “llevaran algo en la bola”.
Pero las esperanzas no duraron mucho. El siguiente partido fue contra México, considerado uno de “los Tres Grandes”, y Nicaragua fue blanqueada con un 14-0. La paliza desmoralizó al equipo y quedó listo para ser aún más vapuleado por los cubanos, que les anotaron 16 carreras y no permitieron ninguna.
Había un silencio absoluto entre los usualmente parlanchines muchachos de la selección nica, que dos semanas antes del Mundial todavía no habían recogido el dinero necesario para viajar a Costa Rica y que, para ahorrar, se dieron a hacer sus uniformes en una sastrería de Managua.
“Nadie dijo una sola palabra cuando íbamos de regreso en el bus, por lo menos la mitad estaba llorando”, recordó el pelotero Reinaldo “Camarón” Torres en el reportaje El peor partido de beisbol de Nicaragua, publicado por Magazine en septiembre de 2017.
El 3 de diciembre de 1972 la selección nicaragüense volvió a enfrentarse a Cuba, en el XX Campeonato Mundial de Beisbol Amateur, y la venció 2-0 en un partido que todavía se celebra como una de las mayores victorias del país a nivel de selecciones nacionales. “No lo logramos nosotros, pero otros lo hicieron”, pensó el Camarón, mientras escuchaba el juego en la radio, narrado por Sucre Frech.
Sin embargo, su amigo Alejandro “Zorrito” Arana nunca pudo sacarse la espina de no haber podido tener una revancha contra Cuba cuando se sentía mejor preparado para ello, porque en 1961 apenas tenía 16 años.

A poco de hacer historia
Aunque no hubo distancias abismales en el marcador, lo que pasó en septiembre de 2015 dolió igual o más. Nicaragua jugaba en la tercera ronda clasificatoria para el mundial de futbol Rusia 2018 y luego de que los seleccionados dieran un gran partido en Kingston, capital de Jamaica, las esperanzas de verlos avanzar a la cuarta fase crecieron como nunca antes. Después de todo, el partido de vuelta sería en el estadio de futbol de Managua, ¿cómo iban a perder en casa?
El primer tiempo del partido de ida fue dominado por Nicaragua, con una goleada de 3-0 que, teniendo en cuenta la historia futbolística del país, fue considerada una hazaña. Pero los jamaiquinos reaccionaron en la segunda mitad del juego, anotando goles en los minutos 68 y 77 para un resultado de 3-2 a favor de los nicas.
En el siguiente partido Nicaragua necesitaría, como mínimo, mantener el marcador 0-0 para avanzar a la cuarta ronda, mientras que Jamaica debía ganar con al menos dos goles de diferencia. La balanza parecía inclinarse a favor de la Azul y Blanco, como si los dioses del futbol al fin se hubieran fijado en este pequeño país.
El 8 de septiembre de 2015 el Estadio Nacional de Futbol estaba repleto. Muchos creyeron que el sueño podía lograrse.
Durante casi todo el partido las esperanzas nicas se mantuvieron vivas, porque ningún equipo anotó nada. La barra animaba el juego, emocionada; mientras las manos se alzaban con banderitas y cervezas. Fue hasta el minuto 89, cuando el partido ya agonizaba, que Simon Dawkins abrió el marcador a favor de los jamaiquinos. Suspenso. El gol que sepultó el sueño nicaragüense llegó tres minutos después, en tiempo extra. Dolor y silencio en las graderías; llanto en el campo.
Los años pasaron, pero se siguió hablando del tema. En enero de 2017 Henry Duarte, entonces técnico de la selección, dijo que la gran efervescencia que se vivió ese día fue precisamente lo que dejó a Nicaragua fuera de las eliminatorias, porque entre tanta expectativa y celebración los jugadores se desconcentraron.
Aunque todavía le faltaba mucho camino por recorrer, eso es lo más cerca que Nicaragua ha estado del sueño mundialista.
El número 16
Con 18 imparables, en octubre de 2011, República Dominicana derrotó a Nicaragua 16-1 en la primera etapa de la Copa Mundial de Beisbol, que se llevó a cabo en Panamá. Fue el peor resultado del seleccionado nicaragüense en ese torneo, del que salió con un global de 47 carreras permitidas y 18 anotadas, seis derrotas y una victoria (contra Alemania, que al igual que Grecia perdió sus siete partidos).
“¡Horrible!”, título el diario L PRENSA al siguiente día, el 9 de octubre de 2011. “Nicaragua sufrió anoche su probable derrota más terrible en la historia de los campeonatos mundiales de beisbol, al caer por súper nocaut de 16-1 ante República Dominicana, en seis tenebrosos innings en el estadio Omar Torrijos”, lamentó el periodista deportivo Gerald Hernández, especialista en beisbol.
Además del 16-0 ante Cuba, en 1961, otros resultados demoledores fueron el 16-7, también contra la selección cubana, en 1984; el 16-3 contra Venezuela en 1969 y el 16-0 ante Puerto Rico en 2009. Siempre 16.

Las lágrimas de Alexis
Alexis Argüello fue, y sigue siendo, uno de los deportistas más queridos en Nicaragua; por eso el país lloró con él sus dos derrotas más dolorosas. La primera cuando todavía no había ganado ningún título mundial; la segunda cuando iba por el cuarto.
El 16 de febrero de 1974 las calles de Panamá estaban tan llenas de nicaragüenses que parecía que se caminaba por las avenidas de Managua. Los nicas estaban seguros de que Argüello, gran promesa del boxeo pinolero, le ganaría al púgil panameño Ernesto “El Ñato” Marcel y se convertiría en el primer campeón mundial de Nicaragua.
Sin embargo, todavía no era el momento de Alexis y perdió por decisión unánime en una pelea de 15 rondas. Al finalizar el combate, el boxeador del barrio Monseñor Lezcano exclamó, con la voz entrecortada, un “¡Viva Nicaragua!”, para luego retirarse a llorar en privado. Managua parecía un cementerio, pero la confianza en su boxeador permanecía intacta. Al día siguiente el diario LA PRENSA profetizó en letras gigantes: “Alexis campeón, pero todavía no”.
Luego de esa derrota, Argüello obtuvo tres títulos mundiales que lo consagraron como el mayor pugilista en la historia de Nicaragua. Pero quería un cuarto cinturón y el 12 de noviembre de 1982 retó al estadounidense Aaron Pryor, que ostentaba el campeonato mundial superligero reconocido por la AMB. El nica perdió por nocaut técnico en 14 asaltos en una pelea que todavía es objeto de debate, pues al finalizar el round 13, cuando la balanza se inclinaba a favor de Argüello, a Pryor le alcanzaron una botella que contenía un misterioso líquido oscuro, tras lo cual salió con energías renovadas, “como un toro”, y acabó rápidamente con El Caballero del Ring.
La “infame botellita”, como le llaman algunos, contenía una mezcla de medicamentos para el asma disueltos con “algo color azul” que proporcionaba un golpe de energía a quien la consumía. Eso reveló muchos años después el boricua Luis Resto, expupilo de Carlos “Panamá” Lewis, entrenador de Pryor durante la pelea con Argüello y conocido por marrullero y tramposo.
Aunque El Flaco Explosivo no se retiró inmediatamente después del combate contra Pryor, la derrota marcó el final de su carrera. A pesar de todo, esa pelea es una de las más recordadas en la historia del boxeo mundial y la revista especializada The Ring la eligió como la mejor de la década de 1980.