Melvin López dejó de ser todo lo que era, perdió su esencia y el castillo de arena que le construyeron con su récord de 29 triunfos y 19 nocauts fue desnudado esta noche en la pelea más importante de su vida contra el boricua Emmanuel Rodríguez por el título mundial de la Federación Mundial de Boxeo (FIB) en las 118 libras. Las tarjetas reflejaron la cruenta y dura realidad: el nicaragüense fue incapaz de ganar un solo round (120-105).
Una pelea de título mundial no se gana sin tomar riesgos, usando solo el jab como arma inicial, secundaria y final, tampoco guardándose la mano izquierda, en otras palabras, López no tuvo presencia en el ring, se vio lento y sus golpes eran dibujados, anunciando su llegada al oponente. Melvin mostró retroceso boxístico, desde que decidió entrenar en Miami cambió su modo de combate, se alejó de la ferocidad y se atragantó con demasiada precaución, la escuela cubana arruinó su carrera.
Rodríguez tuve una noche tranquila, manejó el combate a su antojo, sin necesidad realizar ningún despropósito y con la tranquilidad que el nicaragüense no hizo ajuste alguno, su mayor preocupación no era la peligrosidad de su rival, sino que le diera un tercer cabezazo que le pudiera reventar el rostro, el cual estaba inflamado su costado derecho por dos choques de cabezas anteriores.
Te puede interesar: Amargo regreso de Erasmo Ramírez al Tropicana Field (laprensani.com)
Desde el primer asalto cada round se convirtió una repetición del otro con Rodríguez hacia adelante, Melo retrocediendo y recibiendo el recto de derecha o en volado en el rostro, a veces el upper y por momentos la izquierda en cruzado. Rodríguez sintió en el segundo asalto que podía noquear el nicaragüense al estallarle una combinación de cuatro golpes que lo tambalearon, sin embargo, sobrevivió y su esquina lo mandó a tomar las cosas con mucha más calma por cómo se podría desarrollar la pelea.
El nicaragüense pasó en la segunda parte de la pelea dedicado a terminar en pie, sin hacer cambios, solo tratando de evitar el nocaut, aunque tocó el piso en el último asalto la campana lo salvó de la derrota por la vía del cloroformo. El caso de López es uno de los más curiosos en el pugilismo nacional, cómo un muchacho con tanto talento se ensombreció a decadentes combinaciones, siendo un huérfano sobre el ring y perdiendo su esencia boxística.