Amoroso. Sathya Sai Baba fue un gurú indio que se consideraba a sí mismo un “avatar de Dios” o “Dios encarnado” y predicaba que todas las religiones del mundo en realidad eran una sola: la del amor. Llegó a decir la palabra “amor” más de 115 veces en un discurso de apenas cuatro páginas, aparentemente convencido de que estaba llevando a cabo “la revolución del amor”.
Origen. Nació como Sathyanarayana Raju el 23 de noviembre de 1926 (aunque algunos investigadores dicen que fue en 1929) y a los 14 años se identificó a sí mismo como la reencarnación de Shirdi Sai Baba, un gurú del siglo XIX que a su vez declaraba ser la reencarnación del dios Shiva. Comenzó a captar seguidores y en 1950, a los 24 años, creó su santuario Prasanthi Nilayam en Puttaparthi, que se convertiría en el principal destino de peregrinación de sus devotos. Sus biógrafos oficiales aseguran que desde su infancia poseía poderes extraordinarios, como hacer aparecer comida decretándolo con el pensamiento. Fue él mismo quien eligió su nombre: “Sai” por santo; “Baba” por padre: el “santo padre”.
Milagros. Ante sus seguidores solía realizar “milagros” como “materializar de la nada” cadenitas, anillos y relojes; además de ceniza sagrada conocida como vibhuti. Por si fuera poco, también ponía huevos por la boca, pero no eran cualquier huevo, porque se trataba del Lingam de oro, considerado la “semilla cósmica de la creación”. Igualmente se atribuía tres casos de resurrección de los que nadie tiene pruebas.
Seguidores. Para 2011, año del fallecimiento del gurú, el número de seguidores saibabistas se estimaba entre 30 y 50 millones en 165 países y se había registrado la existencia de unos 1,200 centros Sai Baba en 114 países.
Abuso sexual. Las acusaciones por abuso sexual contra jovencitos comenzaron en 1982, pero causaron escándalo en la década de los noventa. Muchachos y hombres adultos que desde jóvenes habían sido devotos aseguraban que, durante sus entrevistas con Sai Baba, este les había frotado los genitales con aceite a fin de despertarles la energía kundalini o “el poder de la serpiente”. También había historias de violaciones y de jovencitos obligados a practicar sexo oral, pero el gurú no respondió por estas acusaciones. Tampoco lo hizo cuando Lokayya Pujari, estudiante de una universidad saibabiana, se “suicidó” quemándose vivo, en 1987, y alguien comentó que el joven “había sido testigo de indecorosos comportamientos homosexuales de Sai Baba”. De igual manera, el “santo” no fue investigado cuando en su propia residencia fueron acribillados a tiros cuatro muchachos exdevotos que se colaron armados con cuchillos, en junio de 1993.
Murillo. A comienzos de los años 2000, Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega, quien por entonces era solamente el secretario y eterno candidato presidencial del Frente Sandinista, encontró en su casa un pequeño elefante y de inmediato lo consideró “el objeto vinculante” que la llamaba a la filosofía del “maestro Sai Baba”. Así lo narró a la revista Magazine, en mayo de 2015, una fuente cercana a la hoy primera dama, vicepresidenta y vocera de la dictadura orteguista. De esa forma se estableció una conexión gurú-discípula que, tras el retorno de Ortega al poder, se vio reflejada en asuntos del Estado nicaragüense.
Influencia amorosa. Rosario Murillo contactó por correo electrónico a discípulos de Sai Baba en la India y para 2004 ya era toda una seguidora de la filosofía saibabista. El 21 de enero de ese año, por ser “día de la primera luna nueva”, distribuyó en Managua un folleto de 22 páginas titulado “Primer manifiesto sobre el poder del amor”, que fue entregado hasta en las afueras de los supermercados. En el documento, de clara inspiración saibabista, la palabra “amor” aparece cincuenta veces y se sugieren “acciones inmediatas” para crear “Comités del Amor” y convocar a un “Congreso Nacional sobre el poder del Amor”, actividades que no se realizaron porque en ese momento Nicaragua era gobernada por Enrique Bolaños Geyer.
Colores. Algunos analistas creen posible que los colores oficiales en los logotipos, manifiestos, afiches y demás papelería del régimen Ortega Murillo, tengan algo que ver con Sai Baba. Los edificios que el Fideicomiso Sathya Sai construyó en Puttaparthi, localidad de la India, son azules, amarillos y rosa. “Azul por espíritu, amarillo por intelecto y rosa por corazón, es decir, amor”, explican las páginas saibabistas. Esos tres colores predominan en la paleta utilizada por la dictatura en Nicaragua.
Maduro. Entre los discípulos famosos de Sai Baba se encuentra Nicolás Maduro, presidente de Venezuela desde 2013. En 2005, cuando Maduro era jefe de la Asamblea Nacional venezolana, viajó con su esposa a la India para ver en persona a “Dios encarnado” y se hospedaron dos días en la residencia VIP del centro espiritual. Hay una foto de ese encuentro, pero el venezolano ya había estado ahí en varias ocasiones. En los despachos de Maduro nunca ha faltado la fotografía de Sai Baba, afirma la periodista Isabel Munera en un reportaje de 2013. Ese año el heredero del chavismo recibió la bendición del movimiento saibabista, cuando era candidato presidencial en las elecciones celebradas tras la muerte de Hugo Chávez. “Es seguro que su fe influye en su manera de hacer política, que se basa en principios como la universalidad del amor, la verdad y la paz”, dijo A. Anantharaman, vocero del Centro Sai Baba de Puttaparthi.
Fortuna. Sathya Sai Baba murió el domingo 24 de abril de 2011 en un hospital de Puttaparthi, víctima de un paro cardíaco, a los 84 años de edad, aunque había anunciado que viviría hasta 2022, cuando contara 96 años. El 17 de junio de ese año se hallaron casi 8 millones de dólares entre dinero en efectivo, oro y plata, en uno de los santuarios del fallecido gurú. De acuerdo con declaraciones de su sobrino R. J. Ratnakar, se necesitaron 36 horas para que 15 discípulos y algunos empleados bancarios contaran el dinero y pesaran los metales preciosos. Acusado de fraude, en sus últimos años el santón se había centrado en la caridad y las ayudas sociales, apoyado por una fundación que, según Hacienda de la India, gestionaba más de 6,300 millones de euros en donaciones.