Rigo Mena, sin haber jugado en las Grandes Ligas, es para muchos el mejor shortstop nica.

Esta es la explicación del porqué Rigo Mena no llegó a las Grandes Ligas

En 1967 Mena pudo haberse convertido en el primer nicaragüense en jugar en las Grandes Ligas, pero hubo que esperar 11 años más para ver a Dennis Martínez

En 1967, once años antes del aterrizaje de Dennis Martínez en las Grandes Ligas, Rigo Mena pudo haber abierto abrir el camino. El estupendo infielder capitalino, que había deslumbrado al público y a expertos con sus habilidades, estaba listo para unirse a los Astros de Houston cuando escuchó las palabras que acabaron con sus ilusiones.  

“Tú no tienes nada que ir a hacer a las Grandes Ligas. Mejor quédate aquí (en México)”, escuchó una tarde Mena de la boca de su mánager Wilfredo Calviño y aquello resultó una sentencia. A pesar de que hasta el propio Roberto Clemente le había preguntado ¿qué hacía aquí? en 1964, cuando brilló en la Serie Interamericana en Managua.

“Clemente y Orlando Cepeda me dijeron así con su acento caribeño, ‘pero ¿qué haces tú aquí?’ La verdad, me fue bien en este torneo jugando para el Cinco Estrellas, pero eso no quiere decir que era mejor que infielders como José Pagán o Gil Garrido”, dice con la humildad de siempre Mena, para muchos el mejor torpedero pinolero en la historia.

Registrado oficialmente como Rigoberto Martínez Murillo, pero conocido como Rigo Mena debido a la fama de su hermano, Daniel Mena, Rigo había sido firmado en 1960 por los Tigres de Detroit, pero después de cuatro años en las Menores pasó a los Cardenales, con quienes llegó a AAA, pero era Houston el más interesado en 1967.

“Un años antes había tenido una buena actuación con los Sultanes de Monterrey (.315, nueve jonrones entre sus 150 hits y 68 empujadas en 123 partidos) y los Astros me tenían en una lista de jugadores que desean para 1967, pero Calviño me negó el chance con el fin de que me quedara jugando para él en México”, se lamenta Mena.

Rigo continuó repartiendo palo, como lo hizo en cada una de sus 13 temporadas en México, donde acumuló un promedio de .300 justos (5645 turnos-1693 hits) en 1583 juegos, pero su sueño de jugar en Ligas Mayores se fue desvaneciendo hasta evaporarse, aunque su figura como ídolo nacional no pierdo intensidad.

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“Claro que sí, yo sentía que podía jugar en las Grandes Ligas y no estar solo de pasadita, sino estar mis varios años y eso habría cambiado mi vida, pero Calviño me lo impidió y no pude coronar ese sueño. En este deporte, además de talento, necesitás tener un ángel, si no, no podés avanzar mucho”, considera Mena, ahora a sus 80 años.

Justo como él lo admite, Mena no era propiamente un corredor veloz, pero no era lento, sin embargo, sabía ubicarse. No obstante, sus mejores armas eran su bate y guante. Rigo bateó por donde pasó. .298 (1617-481) fue su average en las Ligas Menores y a los 17 años era de la Selección Nacional de Nicaragua en los Panamericanos de 1959.

“Me inicié en el equipo San Carlos a los 15 años y fue ahí donde el mánager me puso Rigo Mena en el line up a pesar de llamarme Rigoberto Martínez Murillo. Luego pasé al Cabo Mejía. Estuve en la Selección en Chicago en 1959 y me firmaron los Tigres en 1960. Un año después jugué en la Profesional de Nicaragua”, enumera Rigo.

En la Liga Profesional de 1962 con la presencia de muchos peloteros extranjeros, varios de los cuales jugaron antes o después en Grandes Ligas, Mena pasó 138 turnos sin poncharse. Fue Más Valioso en la Serie Interamericana de 1964 y dejó bien plantado su nombre en el beisbol mexicano, pero se quedó a la orilla de las Ligas Mayores.

“Hay gente que me dice que yo he sido el mejor shortstop y les agradezco ese criterio sobre mí, pero también sé que otros consideran a Everth Cabrera y no tengo problemas con eso. Me habría gustado que hubiera jugado muchos años más, pero lamentablemente pasó lo que todos sabemos con él”, se lamento Mena sobre el nandaimeño.

Sin embargo, cuando a Rigo se le pregunta sobre los mejores torpederos que ha visto a nivel local, va a directo a Bayardo Dávila, César Jarquín y Edgard López. Asegura que hay otros que han destacado, pero que no los vio a todos y eso le impide opinar, pero que los tres anteriores fueron buenísimos, tanto o mejores que él.

«Esos tres fueron excelentes, quizá hasta mejores que yo», dice en un alarde de humildad Mena, quien en 1995 fue ingresado al Salón de la Fama del Deporte Nacional. Mena vive en Managua y está retirado tras haber integrado durante varios años cuerpos técnicos en el beisbol nacional. También dirigió a varios clubes e integró el staff de coaches de la Selección.

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