Seis meses después que el beisbol implementara el uso del bateador designado en la Liga Americana, Nicaragua lo adoptó en su torneo de Primera División. Y aunque los juegos se volvieron más alegres con más anotaciones de por medio, se generó una controversia que hoy día aún persiste, y a la vez, se privó de la oportunidad de batear a lanzadores que se destacaban por su habilidad con el madero en sus manos.
Ron Blomberg, un jardinero rubio de raíces judías, nacido en Atlanta, Georgia, y escogido por los Yanquis en el draft de 1967, se convirtió en el primer bateador designado en Ligas Mayores un 6 de abril de 1973 cuando los neoyorquinos iniciaron campaña contra Boston. Luis Tiant le dio un boleto con bases llenas en su primer turno y remolcó carrera. Al final, terminó de 3-1 en una derrota de los bombarderos 15-5.
En Nicaragua, el honor de ser el primer bateador designado correspondió a Carlos Aranda, un jardinero muy atlético y de elegancia en su juego, nacido en Santa Clara, Granada, pero radicado desde niño en Tisma, Masaya, y convertido más adelante en figura emblemática del San Fernando. Su historia la escribió el 10 de octubre de 1973 cuando jugó contra los Falcons de Miami con la Selección Nacional pinolera.
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Y así como en las Grandes Ligas vimos el establecimiento de artilleros que extendieron sus carreras como designados, tales como Harold Baines, David Ortiz, Edgar Martínez o Frank Thomas, aquí vimos también la consistencia de Orlando Ocampo, Pablo Juárez, Ariel Delgado o Juan Carlos Urbina, pero así como ha irrumpido Shohei Ohtani en las Mayores, aquí vimos a Porfirio Altamirano brillando en ambas vías.
Guardando distancias, ¿quiénes han sido los Ohtani pinoleros? Dennis Martínez tuvo la hazaña en una final del campeonato nacional juvenil en 1971, al ganar el juego decisivo 1-0 con el Jabón Prego Jr. de Granada, lanzando juego completo y decidiéndolo con jonrón. Sin embargo, quienes hicieron carrera y brillaron en los dos ámbitos del juego son Porfirio, Adolfo Álvarez y Francisco Rayo, entre los más destacados.
Porfirio ha sido el mejor
Lo de Porfirio en 1977 es sensacional: ganó la triple corona del pitcheo con 21 victorias, 143 ponches y 1.47 de efectividad, pero, además, fue líder en jonrones con 18 y tuvo un promedio de .344, mientras empujaba 56 carreras con el Estelí. Un año después, tuvo un récord de 19-3 y 2.60 como lanzador y como artillero terminó con .329 y se voló la cerca en 16 ocasiones. No hemos visto ni veremos algo parecido.
Álvarez registró 18-9 y 1.77 en 1980 con el Frente Sur. Ese año metió 186 ponches en 168 innings. Al año siguiente (1981) acumuló 15-1 y 1.49 (líder). Y en 1983, tuvo 12-6 y 1.28 (líder). Y cuando el brazo le flaqueó se puso a batear y lo hizo tan bien que en 1987 fue el líder de bateo con .377 y en otras diez temporadas terminó sobre .300 para demostrar que era un jugador con habilidades en el doble desempeño.
Francisco Rayo ha sido quizá el último de los jugadores exitosos en los dos roles. Chico registró .341, con 13 jonrones y 51 remolques en 1996 y un año después, .241, con 12 palos a las tribunas y 35 empujadas. Incluso, en 1998 bateó para .375 y .315 un año después. Y como lanzador, acumuló 10-3 y 1.47 en 2003 y 6-3 y 3.81 en 2004. Como lanzador ganó 73 juegos y como bateador resumió .275 con 59 jonrones.
Los tres ellos se destacaron incluso con la Selección Nacional y en ambos roles, por eso son, guardando las distancias, lo más parecido a Ohtani entre los jugadores nicas. Hay más lanzadores que se destacaban en el home plate y que tuvieron desempeños llamativos, pero es difícil ponerles un pie adelante a estos tres, encabezados por el gran Porfirio Altamirano, lo más próximo a un jugador completo en la historia pinolera.