Óscar Martínez, el editor en jefe del periódico digital salvadoreño El Faro —que hace ocho días trasladó su operación administrativa y legal a Costa Rica— asegura que los periodistas del medio están al tanto de los ataques a la prensa costarricense que ha hecho el presidente Rodrigo Chaves, sin embargo, reconocen que en la nación del sur todavía existe un Estado de derecho.
«(En Costa Rica) el presidente no puede hacer lo que le venga en gana, como en El Salvador», dice Martínez en entrevista con LA PRENSA.
Lea además: Periódico digital salvadoreño El Faro traslada su operación administrativa y legal a Costa Rica
A través de un editorial titulado “El Faro se cambia de casa” el medio digital aseguró que la medida se tomó para proteger administrativamente al periódico, que ha sido todo este tiempo «la primera línea de ataque de un régimen obsesionado con ocultar sus negociaciones debajo de la mesa, su corrupción y su manejo arbitrario de las cuentas públicas».
El reconocido periodista, cofundador, coordinador y reportero de Sala Negra —la unidad de investigación de El Faro que cubre la violencia de las pandillas en El Salvador— comparte desde su experiencia la situación que enfrenta el periodismo salvadoreño, la persecución que sufren los periodistas de El Faro y las expectativas que tiene la institución en su nueva casa.
También destaca las similitudes que existen entre el régimen de Daniel Ortega y el de Nayib Bukele en cuanto a los ataques a la libertad de prensa y los retos que enfrenta el periodismo en la región.
Lea también: El Faro: Gobierno de Nayib Bukele intentó ocultar negociación con pandillas
¿Cuál es la situación del periodismo en El Salvador?
Esto no es algo que solo le ocurre a El Faro, no solo es algo de los periodistas de El Faro, incluso la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) ha hablado de más de 10 periodistas salvadoreños que ya están en exilio, ha asegurado que desde que Nayib Bukele llegó al poder en julio de 2019 todas las denuncias de acoso a la prensa, de falta de acceso a la información, de difamación, de ataques directos, han aumentado exponencialmente. Es decir, es un hecho registrado por la Asociación que se dedica a esto y vivido en carne propia en El Faro.
El periodismo salvadoreño está bajo ataque directo de todo el Estado, cuando me refiero a todo el Estado, no sólo a informaciones directas de parte de funcionarios públicos que constantemente nos acusan de diversidad de delitos absurdos, como lavado de dinero en el caso de El Faro o incluso nos han acusado de ser líderes de pandillas. El espionaje con Pegasus ha sido brutal, no solo El Faro, pero en el periódico tuvimos a 22 personas bajo espionaje de Pegasus, comprobado por el Laboratorio Citizen Lab de la Universidad de Toronto durante 17 meses. Es muy complicado hacer periodismo cuando tenés seguimiento físico, cuando tenés espionaje con Pegasus y cuando todo el Estado se encarga de intentar destruir tu reputación.
¿Qué expectativa tiene El Faro en Costa Rica?
La razón de por qué nos hemos mudado es porque este gobierno (el salvadoreño) ya nos demostró que desde que Bukele nos acusó sin prueba alguna de lavado de dinero, una cadena nacional, todo el aparato del Estado se está dedicado a intentar construir ese delito para concedérselo a Bukele y con eso atacar la institución, y si el institución cierra, todos sus periodistas sufrirían las consecuencias.
Entonces lo que esperamos es mudarnos a un país que nos ofrezca garantías legales, procedimentales, donde haya contrapeso de poderes, donde haya debido proceso, donde las auditorías y los procedimientos de ley se rijan por la ley y no por los deseos de un autócrata.
Además de Costa Rica, ¿ustedes pensaron en otro país para trasladar su operación administrativa y legal o CR fue la única opción?
En algún momento hubo sobre la mesa otras posibilidades, pero nos pareció que Costa Rica era lo más natural, siendo nosotros y desde siempre, como lo hemos dicho, un periódico centroamericano. El Faro lleva cubriendo la región centroamericana con énfasis en El Salvador, pero la región centroamericana desde hace más de 15 años, con proyectos como El Camino o Sala Negra, entonces eso nos pareció mucho más natural hacerlo de esa manera.
¿Cómo ha tomado la redacción de El Faro la decisión de trasladar dichas áreas a Costa Rica?
La decisión la tomó el periódico en pleno, es decir, su junta de socios o su junta directiva. Fue una decisión del periódico de la institución, una decisión institucional.
Durante todo el proceso, la redacción ha estado plenamente informada de lo que El Faro estaba haciendo. Hemos compartido cada uno de los pasos para que esto no fue una sorpresa, sino que fueran parte del proceso y estuvieran plenamente enterados y enteradas en todo el equipo. Con lo cual no deja de ser un recordatorio de que vivimos en un país controlado plenamente por un hombre que ha declarado su enemistad con El Faro que ha declarado públicamente, incluso usando el recurso del Estado en cadena nacional, ha acusado y difamado al periódico públicamente que ha acusado y difamado sus periodistas directamente.
Es un recordatorio de que ya no vivimos en una democracia, y eso no es agradable que se lo recuerden a absolutamente nadie. Pero la redacción está plenamente enterada, lo he estado ya desde hace algún tiempo, desde que empezamos este proceso, ha habido una serie de reuniones entre la gente está con la moral alta por una razón sencilla, porque comprenden que su periódico entiende estos tiempos y da pasos hacia adelante para protegerse y para permitir que toda esa gente siga siendo lo que es su misión, periodismo.
Con las políticas o comportamientos del presidente Rodrigo Chaves hacia la prensa costarricense, ustedes creen que Costa Rica les da seguridad?
Nosotros hemos visto y hemos escrito sobre todo en nuestra sección de opinión y pronto seguiremos cubriendo las preocupantes señales que el presidente costarricense, Rodrigo Chaves ha dado desde que era candidato presidencial. Los insultos, los agravios a la prensa, pero hemos hablado también con nuestros colegas costarricenses y en Costa Rica no gobierna sobre el presidente. En Costa Rica todavía gobierna un Estado de derecho, todavía hay contrapesos, todavía hay debido proceso, el presidente no puede hacer lo que le venga en gana, como en El Salvador.
Estamos al tanto de los ataques de la prensa que ha hecho el presidente Chaves, sabemos que se ha declarado enemigo de algunos medios en concreto y ha intentado difamar o restar credibilidad al periodismo independiente en Costa Rica, pero no creemos que eso haya acabado con las garantías constitucionales y procesales que Costa Rica todavía ofrece. Creemos que es posible existir ahí y tener una relación legal y legítima con un Estado.
De recrudecer la persecución a la redacción de El Faro, ¿ustedes han pensado en sacar su redacción de El Salvador?
Mira, nosotros ya hemos tenido que exiliar preventivamente a algunos colegas, al menos a más de cuatro. ¿A qué me refiero con exilios preventivos? Bueno, hay gente que ha estado meses afuera porque tenían o estaban emprendiendo investigaciones que les podían haber costado, gracias a las leyes espurias que se han creado, no solo la persecución, sino el posible intento de encarcelamiento de parte del régimen.
Hemos tenido que sacar alguna gente porque con las leyes mordaza que se han creado ahora, cualquier juez de los impuestos por Bukele puede interpretar qué significa generar zozobra entre la población. Intentar apresar a personas que estaban haciendo investigaciones sobre el pacto de Bukele con las pandillas. Ya hemos dado un primer paso, ya nos ocurrió que en una primera etapa hemos tenido que sacar gente del país para que puedan hacer su periodismo con garantías de que no van a acabar en prisión. Y no descartamos de ninguna forma que El Salvador y que este Gobierno continúe con su debacle autoritaria. Si en algún momento consideramos que para resguardar la seguridad de nuestro personal hay que sacar a alguien puntualmente o a varias personas, claro que lo consideraremos. No está lejos a lo que nos imaginamos que este país puede llegar.
¿Cómo ha lidiado la redacción de El Faro con ataques en redes sociales del presidente Bukele, así como sus funcionarios y seguidores?
Eso es bien complicado porque eso ha ocurrió en diferentes niveles, algunos son ataques, es decir insultos, pero el problema es que este gobierno ha dado un paso más allá. Amuchos de los periodistas de El Faro nos han acusado de delitos flagrantes, o sea hay diputados y funcionarios públicos que desde sus cuentas, con sus nombres y apellidos, nos han acusado de ser líderes de pandillas por ejemplo, de tener relaciones con organizaciones criminales que están incluso buscados por Estados Unidos, que están señalados trasnacionalmente, nos han acusado de ser lavadores de dinero directamente de esa forma, sin matices.
Todo eso genera que el Estado responda y empiece a dar pasos para convertir esas falsedades en acusaciones reales. Nosotros sabemos que hay carpetas de investigación abiertas en la Fiscalía para intentar construirnos algunos delitos espurios, sabemos que hay carpetas abiertas de investigación para perseguirnos, por lo que ellos consideran revelación de información confidencial —eso es una buena definición de mi trabajo—, entonces, ese nivel de acoso en las redes ya escaló. Ya no es solamente la molestia de que te te insulten, te ofendan y ofendan a tu familia, el problema es que empieza una narrativa desde el poder, que luego todo apunta a que las instituciones públicas intentan cimentar y convertir en una realidad.
El Faro está enfrentando acusaciones de lavado de dinero, el mismo delito que en Nicaragua ha sido recurrente para desmantelar organizaciones no gubernamentales e inclusos medios de comunicación como LA PRENSA ¿Podríamos hablar entonces de similitudes en el modus operandi del régimen de Daniel Ortega con el de Bukele?
Sí, claro que podemos hablar de varias similitudes. Esa y otras más, es decir, lo de atacar a las instituciones a través de investigaciones de Hacienda es un clásico no solo de Ortega, sino que de un montón de autócratas y autoritarios de América Latina.
Lo de eliminar todo el acceso a información pública y destruir todos los canales para obtener información pública, es otra característica que comparten plenamente Nayib Bukele con Daniel Ortega, el perseguir a cualquier funcionario o persona que consideren que es fuente de los medios a los que les han declarado la guerra, es otra característica que Daniel Ortega y Bukele comparten, el permitir que sus funcionarios acusen impunemente de lo que les dé la gana a los periodistas sin que sufran ninguna consecuencia, es otro de las similitudes. Entre Daniel Ortega y Nayib Bukele tienen muchas características parecidas, tienen muchas similitudes.
¿Cuáles son los retos que enfrenta el periodismo en la región?
El reto más importante, yo creo, que enfrentamos actualmente la protección de las fuentes y eso es algo en lo que a lo que en el periódico le ponemos enorme atención. La posibilidad de proteger a las personas valientes que a pesar de comprender que les puede costar su trabajo o incluso su libertad, hablar con medios como nosotros, lo hacen y nos revelan y nos entregan documentos y nos cuentan cosas desde adentro del gobierno. Ese es uno de los enormes retos, porque es una obligación del periodismo proteger a sus fuentes. Yo creo que continuar anticipando el futuro para dar pasos como este hacia adelante antes de que los periodistas ya estén presos como lo que tuvieron que padecer gente en Nicaragua, es otro de los enormes retos.
Pero luego hay un reto que también es muy grande, sobre todo en el caso de de de autócratas como Bukele que a diferencia de Ortega es enormemente popular en este país querido. Es construir cada vez más un periodismo que logre explicarle a la gente que lo que nosotros mostramos en muchas ocasiones no es una opinión, no es una creencia, son pruebas, es contundente, revelamos corrupción del líder al que en un país como El Salvador tanto aman. Lograr llegar a las audiencias, lograr revertir la poderosa maquinaria de desinformación, es otro de los retos que tenemos como periodistas.