Me da un poco de nostalgia mirar hacia atrás y pensar que han pasado cinco años desde el 19 de abril de 2018, un día que se recordará por siempre. Han sido años de mucho aprendizaje para todos los nicaragüenses, años en los cuales muchos personajes de la política mostraron su verdadero rostro, convirtiéndose en un desenmascaramiento, también han sido años de mucho sufrimiento. Difícilmente haya un nicaragüense al que la tragedia no lo salpicara: muerte, migración, exilio, pobreza, perdida de las libertades, amenazas, etc.
El tiempo ha convertido el estallido de abril en una batalla de resistencia, injusta por las atrocidades realizadas por el Gobierno de Nicaragua según las organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, pero a fin de cuentas eso es lo que es, un maratón que cada vez se ve mas cerca el final. Es como un contraste de realidades, mientras los victimarios se muestren invencibles es que cada vez más se están debilitando, la implosión está sucediendo.
Abril nos ha dejado el despertar de un país adormecido, la valentía de los ciudadanos por querer un cambio de rumbo, especialmente los jóvenes que nos hicieron creer a todos los adultos que realmente se podía conseguir, no solamente fueron nuestra reserva moral, como lo dijo monseñor Silvio Báez, sino que también siguen siendo nuestro combustible.
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Y como es normal en todo movimiento que busca organizarse puede haber diferencias, pensamientos e ideologías distintas, pero lo más importante es la meta común: la libertad de un país. No obstante, lo que más me ha gustado de abril es ese sentimiento genuino de los que salieron a marchar a las calles, quebrando el estatus de la política tradicional y, por eso fue tan efectivo, que los partidos políticos tomaron el lugar que verdaderamente les correspondía: la cola. Me gustaría que eso continuara y es a través de los jóvenes la única manera que esa esencia genuina se sostenga, ellos cometerán errores como todos, pero han demostrado valentía, moral y la capacidad de levantarse una y otra vez.
Y aunque me da nostalgia mirar hacia atrás, prefiero ver hacia adelante y en el futuro los que quisieron adueñarse del país los veo hundidos. No se trata de buscar la venganza o convertir el sufrimiento en odio, sino de que la justicia se encargue de ellos para que las familias nicaragüenses encuentren la tranquilidad y podamos vivir todos juntos como una sola nación, que ojalá sea liderada por los jóvenes que tienen más resistencia.