El salto de Norchad Omier a la NBA pasa por su desempeño en la Universidad de Miami, que compite en la Conferencia de la Costa Atlántica, una de las más fuertes de la División I de la NCAA, el mejor baloncesto universitario del mundo. El ala-pivot nicaragüense empieza este lunes (6:30 p.m., hora de Nicaragua) una temporada que dará luces a su destino deportivo en dependencia del rendimiento que sostengan en un quinteto y división más competitiva a Arkansas State y la Sun Belt, donde arrasó en los dos primeros años.
Omier es una máquina para recoger rebotes y hacer doble dígitos. Es su principal característica. En las dos temporadas en Arkansas State promedió 15.6 puntos, 12.2 rebotes, 1.0 asistencia, 1.4 robos y 1.7 tapones por partido con una efectividad del 59.4 por ciento en tiros. Sus números llamaron la atención de varias universidades que deseaban contar con sus servicios. También algunos ojeadores de la NBA le empezaron a dar seguimiento y ahora estarán más atentos a su evolución en Miami — que ha llevado a 16 jugadores a la NBA— para ver si tiene material para el mejor baloncesto del mundo.
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El ala-pivot nicaragüense aceptó ir a Miami porque le ofrecía las condiciones para seguir creciendo. En primera instancia necesitaba contar con la confianza de su nuevo entrenador y Jim Larrañaga, coach de Miami, ha apostado por él dándole la titularidad desde el inicio, algo que se miró el pasado fin de semana en el partido de fogueo en el que Omier terminó con 10 puntos, siete rebotes y dos tapones en 21 minutos, números que se alejan de lo que está acostumbrado hacer pero que con mayor tiempo de juego podría igualarlo.
Omier llegó a Miami porque en teoría tendrá al menos media hora por partido para desarrollar su juego y mantener su promedio de doble-doble por encuentro. Sin embargo la cantidad de minutos estará en dependencia de su temperamento y toma decisiones para evitar limitarse llenándose rápido de faltas, razón por la cual solo disputó 21 minutos el pasado domingo. Si mejora ese defecto no se le dificultará mostrar todo su potencial y desarrollar sus tiros de larga distancia (tres puntos, sobre todo), un requisito fundamental para que los scouts lo consideren a corto plazo un futuro jugador de la NBA.