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Origen del Ejército: la sorda pugna entre Humberto Ortega y Edén Pastora

El ejército de Nicaragua que este 2 de septiembre cumplió 43 años nació en medio de pugnas, zancadillas y presiones que finalmente le dieron el control a los hermanos Ortega y el grupo que representaban

Entre enero y febrero de 1979 se produjo en la base militar panameña de Río Hato-Farallón, una reunión de guerrilleros sandinistas que fue determinante para la historia de Nicaragua, a pesar que casi no se habla de ello en las memorias sandinistas.

Fue una especie de cumbre tercerista a la que asistieron Germán Pomares y Francisco Rivera (El Zorro) por el Frente Norte, Joaquín Cuadra y Oscar Pérez Cassar, por el Frente Interno, y Edén Pastora y Javier Pichardo por el Frente Sur. En el lugar se encontraban ya Víctor Tirado, y los hermanos Humberto y Daniel Ortega.

Para ese tiempo, el movimiento guerrillero Frente Sandinista se encontraba dividido en tres tendencias: Proletarios, Guerra Popular Prolongada (GPP) e Insurreccional o Terceristas. Los nombres de cada facción los definía el método de lucha que proponían para derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Los proletarios creían que el pivote de la lucha debía ser el sector con “más conciencia de clase”, como los obreros; los GPP era el viejo Frente Sandinista que proponía una guerra de desgaste desde las montañas para luego avanzar sobre las ciudades, y los insurreccionales, que se debía insurreccionar a las ciudades. A estos últimos se les llamó también tercerista porque aparecieron como una tercera opción entre los ya divididos Proletarios y GPP.

Fidel Castro fue decisivo en la formación del ejército sandinista. En la gráfica con guerrilleros nicaragüenses el 26 de julio en Cuba. (Foto CHM)

Para la reunión en la base panameña, la tesis insurreccional prácticamente se había impuesto, y ya con la sartén por el mango, se iba a definir la composición de la dirección tercerista, aprobar el plan de la insurrección final y, algo muy importante, quién sería el jefe de las fuerzas armadas de Nicaragua una vez que cayera el gobierno de Somoza.

La reunión era una moneda al aire porque podía determinar incluso la permanencia o no de los hermanos Ortega en la dirección sandinista, y que Edén Pastora, el famoso Comandante Cero, a quien el general en retiro Joaquín  Cuadra define como “un loco”, lograra imponer sus ideas sobre la guerra, se colocara como miembro de la Dirección Nacional y se alzara como jefe del futuro ejército revolucionario.

La noche anterior a la primera reunión, Daniel y Humberto Ortega llaman por separado a reunión a Germán Pomares, Oscar Pérez Cassar, Francisco Rivera y a Joaquín Cuadra.

—Aquí nosotros estamos en una situación bien precaria—diría Humberto Ortega según el relato de Cuadra. —Ustedes vienen representando tropas, fuerzas, el Frente Norte, el Frente Interno y el Frente Sur. Nosotros, una Dirección que está allá (Costa Rica), podemos salir en cualquier momento como tapón de corcho. El Frente Sur viene con esta posición: imponer su concepción de la guerra, que se amplíe la Dirección Nacional, meter a la Dirección a Edén, a Cuadra y Pomares. Y, sobre todo, imponer el giro de la estrategia militar con el énfasis, no en el desarrollo insurreccional, sino en el avance desde el Frente Sur.

“Ah y además se iba a nombrar a un jefe militar de todo que era Edén. Un golpe de Edén. Nosotros le dijimos que no, que ni verga. Hicimos una alianza. No hay ampliación de la Dirección”, señala Cuadra.

—Nosotros los vamos a apoyar, pero ustedes soquen en que se mantenga y prevalezca una línea insurreccional—les dijo Cuadra a los hermanos Ortega. —El Frente Sur jugando su papel, importante, muy importante, pero su papel, y no comiéndose todo el mandado.

Finalmente no progresaron las intenciones de Pastora, para tranquilidad de los hermanos Ortega.

Altos mandos del Ejército Popular Sandinista (EPS) en sus primeros años.

Reparto del Estado

Para mediados de julio de 1979 el Frente Sandinista —teóricamente unido aunque aun las divisiones estaban latentes y serían determinante—tenía unos 15 mil combatientes, de los cuales dos mil  “formaban prácticamente un ejército regular que había operado en el Frente Sur y en el Frente Noroccidental, tres mil formaban parte de columnas guerrilleras que combatieron en el Norte y el Oriente del país y el grueso, 10,000 personas, eran milicianos irregulares, espontáneos, con deficiente armamento, que lucharon en las zonas urbanas durante la insurrección final”, reseña la revista Envío en un artículo de 1983.

La Guardia Nacional, el ejército de Somoza, se calcula que tenía 7,500 soldados de los cuales  unos dos mil eran fuerzas elites de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), que dirigía personalmente Anastasio Somoza Portocarrero, alias El Chigüín, hijo del dictador.

Humberto Ortega reconoce que las viejas diferencias en el sandinismo determinaron en buena medida la repartición del Estado y la estructura del nuevo ejército. “Para ese tiempo están presentes siempre las tendencias, pero la Dirección Nacional neutraliza el peligro de la división. Persisten posiciones dogmáticas izquierdistas que no toleran el espacio político que le dimos a Edén Pastora y a Sergio Ramírez en la lucha insurreccional, a quienes ahora señalan ser agentes social-demócratas”, dice Ortega.

“Se forcejea entre las tendencias por copar la dirección del nuevo ejército, ya que desde antes del triunfo se había colocado a los Insurreccionales Daniel Ortega y Sergio Ramírez en la Junta de Gobierno, cediendo al GPP Tomás Borge el estratégico Ministerio del Interior, por lo que Humberto Ortega queda como jefe del nuevo ejército, el Ejército Popular Sandinista”, añade en su libro.

Edén Pastora estaba destinado a ser el jefe del ejército que sustituiría a la Guardia Nacional pero al final se impuso Humberto Ortega. (Foto Oscar Navarrete)

En sus memorias, Sergio Ramírez  esgrime otro candidato sandinista como potencial futuro jefe del ejército: Henry Ruiz, uno de los nueve comandantes de la Dirección Nacional conjunta. Humberto Ortega, dice Ramírez, habría aprovechado un momento de silencio de Ruiz durante las votaciones para autoproponerse y resultar el jefe.

Humberto Ortega dice que esa reunión de la Dirección Nacional que menciona Ramírez no existió. “A mí no tenía que nombrarme nadie, nosotros nos nombrábamos solos. ¿Quién me iba a nombrar a mí? Si nosotros teníamos el poder total. Nadie iba a decir no a Humberto Ortega. Nadie iba a proponer a otros que no fuera yo. ¿Por qué? Porque era obvio que, si nosotros llevamos el peso fundamental al final en esa lucha, y si fue la tendencia insurreccional la que abrió las puertas de la victoria, era lógico que Daniel fuera el presidente y Humberto el hombre de las fuerzas armadas. Eso no era discusión”, dice en entrevista a Fabián Medina publicada en el libro El Preso 198.

Henry Ruiz confirma que el Ministerio del Interior ya estaba decidido para Tomás Borge desde antes de tomar el poder, como premio de consolación porque Borge “estuvo pujando para ser el presidente”, y el cargo de jefe del Ejército se fue a votación. “Yo voté a favor de Humberto. Si hubiera votado a favor mío, salen las cuentas a favor mío. Pero para mí eso no altera nada”.

—¿Y Humberto Ortega votó por él mismo? —le pregunto.

—Por supuesto. Esos están votando a favor de ellos desde que nacieron.

El Ejército sandinista nació con unos 12,500 miembros, sin mayor preparación militar y equipado con el armamento que dejó la Guardia Nacional y con que traía la guerrilla. Desde su primer día de vida, el ejército se definió como una institución partidaria. En la propia Dirección Nacional funcionaba una “comisión militar” compuesta por Humebrto Ortega, Tomás Borge, Henry Ruiz y Luis Carrión. Dieciocho de los 37 “comandantes guerrilleros” del Frente Sandinista quedaron en el Ejército.

Lo que decidía el partido pasaba a ser ley. El decreto número 54 del 22 de agosto de 1979, estableció la primera Comandancia General, integrada por Humberto Ortega con el cargo de Comandante en Jefe del Ejército Popular Sandinista; el Comandante Luis Carrión Cruz, Segundo Comandante en Jefe y el Comandante Tomás Borge Martínez, como Comandante Adjunto.

El servicio militar obligatorio fue promulgado el 3 de septiembre de 1983 y supuso la movilización a los frentes de guerras de centenares de miles de jóvenes nicaragueses. (Foto Oscar Navarrete)

Reuniones secretas

Humberto Ortega expone en su libro La Epopeya de la Insurrección una versión distinta de la reunión de Río Hato-Farallón, pero reconoce la pugna que hubo porque Edén Pastora fuese el jefe del ejército y la atribuye más a presiones internas que a pretensiones del mismo Pastora.

Para Ortega, a raíz de la toma del Palacio en agosto de 1978, agentes y militares  panameños y norteamericanos, “conspiran” para separar a Pastora del Frente Sandinista ofreciéndole la jefatura del nuevo ejército que tendría Nicaragua una vez que cayera Somoza.

Según el general en retiro, acordó con Pastora “seguirles el juego, y por esto se hace público después, en el Frente Sur, el nombramiento de Edén de Jefe del Ejército al derrocar a Somoza”.

“El 23 de octubre de 1978, la Dirección Tercerista en un afán de mejorar su imagen política con las fuerzas democráticas de la región y de institucionalizar la fuerza guerrillera, convoca a la prensa internacional en los campamentos guerrilleros del Frente Sur, y a través de Daniel Ortega Saavedra da a conocer que el Comandante Cero, Edén Pastora, está a la cabeza del naciente Ejército Sandinista de Nicaragua que ha de sustituir a la GN, una vez que sea derrocado el régimen de Somoza”, relata en el libro citado.

Sin embargo, el presidente panameño, general Omar Torrijos y el Jefe militar Comando Sur de Estados Unidos en ese tiempo, general Dennis McAuliffe, se reúnen en secreto con Pastora, no solo para que mantenga su posición como futuro jefe del Ejército sino también que  rompa con el Frente Sandinista.

“Después de la insurrección de septiembre (1978) y en el contexto del proceso de mediación referido, se produce una reunión solicitada por parte del general Omar Torrijos a Edén Pastora para un encuentro con el Jefe del Comando Sur norteamericano, en ese entonces acantonado en Panamá. Pastora es autorizado por nosotros a viajar a ciudad Panamá y asistir a dicha reunión, en la que no participa Torrijos. Además del General McAuliffe están presentes Manuel Antonio Noriega, para ese entonces coronel de las FDP; el Vice-Ministro de Seguridad de Costa Rica, Enrique Montealegre, y militares de la Inteligencia de Venezuela y Colombia. Todos ellos, en tono enérgico emplazan a Edén Pastora para que rompa lo inmediato toda relación con los sandinistas, a cambio del apoyo que luego brindarán EEUU y los países latinoamericanos a la opción no sandinista ante la caída de Somoza”, señala Ortega en su libro.

El ejército sandinista se apertrechó con el armamento que dejó la Guardia Nacional. En la gráfica, su “Batallón blindado”. (Foto CHM)

Según Ortega, Pastora, en “compadre hablado” con los hermanos Ortega, alega que necesita consultar con hombres de su confianza para ganar tiempo. Pocos días después vuelve a reunirse con los mimos personajes, pero Pastora llega acompañado de Daniel Ortega porque aparentemente no le creían que haya recibido tal propuesta. “Todos los presentes vuelven a la carga sobre Edén y sin importarles la presencia de Daniel, le urgen a romper con la Dirección Nacional sandinista”, dice Humberto Ortega. “Finalmente le creemos a Edén lo que nos había informado del primer encuentro sucedido. Daniel Ortega, preocupado, le expresa a Pastora que hay que irse cuanto antes de Panamá para evitar que los eliminen”.

Ahí terminaron las posibilidades de Edén Pastora de ser el jefe del Ejército que estaba por nacer. Humberto Ortega fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército Popular Sandinista y Edén Pastora jefe de las milicias y, en diciembre del 79, viceministro de Defensa. Pastora nunca aceptó cómo cayeron los dados. En julio de 1981, se desmarca de la revolución sandinista, y luego activó una fuerza contrarrevolucionaria que desde Costa Rica atacaba las posiciones sandinistas del sur. Se alió con la Central de Inteligencia Americana (CIA) y se le vinculó al narcotráfico. Tanto contras como algunos jerarcas sandinistas aseguran que Edén Pastora en realidad hacia un trabajo de quita columna por encargo de Humberto Ortega. Pastora lo negó hasta el último día de su vida.

La Prensa Domingo
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