Joseph Zamora carga el peso del nombre de su familia en su espalda. “El Sheriff”, como se le conocía a su papá Freddy García, es de los pocos jugadores nicaragüenses con más de mil imparables (1,386) y más de cien jonrones (129); su hermano Freddy Zamora firmó con los Cerveceros de Milwaukee por 1.3 millones de dólares y ahora, él pretende seguir ese legado familiar, al consagrarse como campeón de bateo (.369) en su primer año con el Miami Dade College.
Zamora tiene 20 años, mide 5’8 de estatura, admira a Derek Jeter y le gustaría emular a Francisco Lindor. Tan solo tenía un año cuando pisó los Estados Unidos y hasta hace tres años viajó por primera vez a sus raíces, conociendo Managua y Matagalpa, enamorándose de la fritanga, el nacatamal y su plato favorito: “el chancho con yuca”. “En mi casa siempre se ha comido gallopinto y les digo a mis amigos que la comida nicaragüense es la mejor. Quiero llegar a Grandes Ligas y me gustaría representar a Nicaragua. En mi familia nos enseñaron a apreciar nuestras raíces”, indicó el pelotero, mientras se preparaba para iniciar su entrenamiento.

Zamora será elegible para el draft el próximo año y no siente presión al respecto. “Si continúo entrenando de la manera que lo hago y sigo rindiendo como lo hice en la reciente temporada, confío en que las cosas saldrán bien. No tengo presión. Además, en mi familia mi papá y mi hermano siempre están ayudándome a ser mejor cada día al igual que mi entrenador”, explicó.
El muchacho se caracteriza por ser muy efectivo en su posición de campo corto: tiene una amplia capacidad de cobertura, una gran defensiva, potente brazo y posee un buen bateo de contacto, en la temporada reciente era capaz de darle a un mosquito con los ojos cerrados. “A pesar que tengo buenas cualidades aún debo mejorar otras como el aumento de la velocidad y la fuerza”, confesó.

La educación seguirá siendo parte elemental del desarrollo de Zamora, quien en la actualidad estudia Negocios. “Si las cosas no me salen bien en el beisbol como pelotero, me gustaría seguir ligado de otra manera al deporte, por eso deseo seguir estudiando para convertirme en gerente deportivo o agente”, admite.

Su entrenador Adrián Morales siente mucha confianza en las proyecciones de su pupilo. “Puede llegar hasta donde él lo desee. Sabe hacer las cosas y batea muy bien bajo presión. Lo tiene todo, solamente deberá seguir enfocado dentro y fuera del campo para cumplir sus metas”.
A Joseph la espalda no le duele por cargar el peso del nombre de la familia, sino todo lo contrario, es el combustible que lo motiva día a día.