Las refresquerías y su aporte natural

LA PRENSA/Libro Cocinando con María Esther VOL. I

Cuando era una cipota, recuerdo que era muy común encontrar una refresquería. En Managua una de las más famosas y recordadas fue la que estaba ubicada frente al otrora cine Salinas (hoy Ixchen) en el barrio San José Oriental.  

Su oferta diaria incluía fresco de cacao, ensalada de frutas o tutifruti, semilla de jícaro, cebada, avena con leche, naranja, limonada, jengibre, granadilla, arroz con piña, leche con banano, melón, papaya, linaza, chía y algunos de temporada como la pitahaya, guanábana, guayaba, anona, tamarindo, coyolito, etc.  Generalmente en las refresquerías el maridaje perfecto era la oferta de repostería nicaragüense en un exhibidor o vitrina para tal efecto. 

Aparte de los nutrientes que cada uno aportaba para la buena salud, estaban las joyas que se relacionaban directamente con los enfermos, aunque también se consumían por placer: cebada, avena con leche, semilla de jícaro, jengibre y limonada.  

También era común ver en los hospitales y centros de salud a las fresqueras ofreciendo este tipo de bebidas. Los servían en bolsitas o bien en vasos de vidrio reciclados, de esos en los que venden salsas y que luego de esterilizarlos dejaban entrever tan preciadas delicias para el paladar y la recuperación del cuerpo ante los estragos de los problemas de salud. 

Otra manifestación similar era lo que hacían en las ventas o pulperías que reciclaban botellas de otras bebidas envasadas como la Chica Rica y en ellas ofrecían chicha de maíz bien fría, al igual que cebada, fresco de cacao y semilla de jícaro.

No podemos dejar de mencionar a los vendedores informales de refrescos en los mercados o bien en las paradas, terminales de buses interlocales y lugares de tránsito y abordaje en carreteras, que entre pregones también complementan su oferta con cosa de horno, enchiladas y otros, aunque ellos también sufren los efectos del consumo de bebidas y otros productos empacados y cargados de químicos.

Hoy se habla de los batidos con frutas locales y de importación, que a propósito de estas últimas, vuelven su costo más elevado, pero en realidad los batidos no son nada nuevo.  Si analizamos bien lo anterior, nosotros ya hemos utilizado la mezcla de frutas, vegetales y semillas en las bebidas antes mencionadas. En nuestra Costa Caribe, uno de los batidos ancestrales es el wabul, que puede ser de banano verde, fruta de pan, plátano maduro, quiquisque o guineo previamente cocidos y mezclados con leche de coco, que se maja en el wabulero o se procesa en la licuadora desde que se cuenta con este electrodoméstico.  Como un dato interesante sobre esta bebida, don Avelino Cox, investigador y escritor costeño, me explicaba en mi visita a Puerto Cabezas en 2013 que este batido es el último alimento que piden los miskitos para iniciar su viaje al más allá, como una especie de rito espiritual, ya que ellos no creen en la muerte, sino en la trascendencia de la vida a otro nivel.  

Actualmente existen algunas refresquerías, pero ya su concepto y oferta no son como los de antes y en definitiva las refresquerías en Nicaragua atraviesan la cruda realidad de la tendencia a desaparecer. Es importante destacar que hoy en día han proliferado además de los batidos, expendios de granizados y bebidas con café calientes o frías. 

Las nuevas generaciones prefieren un producto envasado cargado de preservantes, azúcares y sabores artificiales que ocasionan detrimento en la salud, propiciando diversos tipos de enfermedades, antes que una de las bebidas naturales arriba indicadas que aportan una gama de nutrientes completa de vitaminas, minerales, fibra, etc. 

Desdichadamente, sobre todo Managua, al ser la capital, ha sido trastocada por el consumismo de productos envasados con mayor fuerza.  En departamentos como León y Masaya, en algunos municipios y comarcas, siguen teniendo mayor presencia los refrescos naturales en los hogares, pero no significa que a ellos no haya llegado esta vorágine de transculturación.

Fresco de cacao

(Rinde 3½ litros)

Ingredientes:

4 onzas de semillas de cacao

  ½ taza de arroz (opcional)

  ¾ taza de agua para el remojo

    rajas de canela al gusto

3 litros de leche

    vainilla al gusto

    azúcar al gusto

    hielo para servir

Elaboración:  

Si agrega el arroz, entonces lave, escurra y ponga a remojar el arroz en el agua por 20 minutos.  A fuego medio en un comal o paila caliente, tueste el cacao por aproximadamente 8 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta observar en el centro de la semilla una especie de óvalo negro y que se escuche el sonido al reventar la cáscara y saltar la semilla.  Traslade a una superficie seca y limpia.  Deje enfriar bien.  Tome cada grano, coloque sobre los dedos medio e índice y presione ligeramente con el dedo pulgar para desprender la cáscara. Coloque el arroz con su agua, el cacao y ½ litro de leche en la licuadora y procese a velocidad alta 3 minutos o hasta que se note un licuado muy fino. Si es necesario agregue un poco más de leche. Finalmente, en un recipiente apropiado vierta el licuado, el resto de leche, la vainilla y el azúcar. Mezcle bien y sirva con hielo.

Vida cacao frescos maría esther lópez archivo
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