La última vez que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo sufrió una gran deserción entre sus filas —antes de Arturo McFields— fue en enero de 2019, cuando Rafael Solís, magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), renunció a su cargo a través de una carta en la cual expuso las violaciones a los derechos humanos que cometió el régimen contra los nicaragüenses que se manifestaron en las calles desde abril de 2018.
Al igual que McFields, Solís denunció la represión del régimen y en la misiva habló sobre la imposición de un Estado de terror, del fin de las manifestaciones, de los presos políticos, de los ataques a la Iglesia católica y la guerra contra la prensa independiente.
«Han sembrado el miedo en nuestro país y ya no existe derecho alguno que se respete», escribió en la carta Solís, quien afirmó que nunca hubo un intento de golpe de Estado, a como hasta la fecha lo repiten los Ortega Murillo.
Luego de la brutal represión de abril de 2018, las denuncias de trabajadores públicos que se sienten amenazados han venido aumentando.
Este 23 de marzo, McFields dio un certero golpe al régimen al denunciarlo en plena sesión de la Organización de Estados Americanos (OEA): «Denunciar la dictadura de mi país no es fácil, pero seguir guardando silencio y defender lo indefendible es imposible», manifestó McFields, quien hasta este 23 de marzo era embajador ante la OEA.
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«Tomo la palabra en nombre de más de 177 presos políticos y más de 350 personas que han perdido la vida en mi país desde el año 2018. Tomo la palabra en nombre de miles de servidores públicos, de todos los niveles, civiles y militares, de aquellos que hoy son obligados por el régimen de Nicaragua a fingir y a llenar plazas y repetir consignas porque si no lo hacen pierden su empleo», señaló.
Ruth Selma Herrera
Trabajó en las filas sandinistas y creyó en la revolución en los años ochenta. Ruth Selma Herrera llegó a ser en el 2007 la presidenta ejecutiva de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal). Renunció en abril de 2010.
Si bien su salida de Enacal fue por inconveniencias entre el régimen y su cargo, una vez fuera de la institución se volvió férrea crítica de la gestión de los Ortega Murillo.
«El desastre ambiental que está destruyendo Bosawas, la extracción de madera en zonas de Nueva Segovia, Chinandega, Matagalpa y otros departamentos del país, las amenazas sobre la Reserva Indio Maíz, así como la cantidad de madera que día a día se está extrayendo —con licencias del Inafor— y a la vista de las autoridades, nos hacen pensar que este gobierno (de Ortega), que muchos pensamos que tendría una política ambiental positiva, ha resultado ser un fiasco… Realmente, no hay voluntad política en el Gobierno», dijo Herrera en una entrevista de 2014 para el portal Envío Digital.
Ligia Gómez
Ligia Gómez era gerente de Investigaciones Económicas del Banco Central y secretaria política del Frente Sandinista de Liberación Nacional en el BCN, pero renunció a esos cargos en julio de 2018, precisamente tres meses después de que el régimen iniciara la brutal represión contra los nicaragüenses.
Meses después de su renuncia, Gómez compareció ante la Comisión Tom Lantos de Derechos Humanos del Congreso de Estados Unidos, en una audiencia presidida en Washington por el representante James P. McGovern, demócrata por Massachusetts.
Allí, la disidente del régimen plasmó cómo, durante el tiempo que estuvo en las filas del partido sandinista, recibió órdenes directas de Rosario Murillo a través de Fidel Moreno y del presidente del BCN, Ovidio Reyes, sobre todo con la operación «vamos con todo», durante la rebelión de abril de 2018.
«Me siento en deuda por haber participado apoyando al Gobierno, me siento en deuda con los jóvenes que han sido asesinados y con los presos políticos que están actualmente, y me siento obligada a hacer algo para lograr lo que todos queremos, justicia y democracia, y tener un futuro para nuestros hijos», dijo Gómez en una entrevista con el medio Confidencial en noviembre de 2018.
Otros desertores
En los años ochenta, hombres de plena confianza dieron la espalda al régimen sandinista: el teniente Álvaro Baldizón Avilés, quien murió tres años más tarde en circunstancias misteriosas, y Róger Miranda Bengoechea, quien laboraba como jefe de la Secretaría del ministro de Defensa y era la mano derecha de Humberto Ortega Saavedra.
Baldizón Avilés, el joven teniente a cargo de la Comisión Especial de Investigaciones del Ministerio del Interior (Mint), manejó información y pruebas documentales sobre conspiraciones y graves violaciones a los derechos humanos por parte de la Contra. Desertó en 1985.
En tanto Miranda Bengoechea, en 1987 desertó al entrar en contacto con oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para denunciar el “Plan Soviético de 1987”, que consistía en incrementar la cantidad de hombres en las filas del Ejército Popular Sandinista a 600 mil y poner a disposición de Nicaragua barcos de guerra y aviones supersónicos.
«Llega un momento que me digo a mí mismo: ¿A quién soy leal? ¿Al FSLN o al pueblo de Nicaragua? Yo decido ser leal al pueblo de Nicaragua”, declaró en una entrevista brindada a LA PRENSA en enero del año 2000.