Alexander Mejía, mejor conocido como Popeye, encontró su espinaca para prevalecer en la defensa del título nacional de las 122 libras en una cruenta batalla frente a Freddy Lainez, el muchacho de Chichigalpa que puso en aprieto al actual monarca. En el noveno asalto el médico del ring le indicó a Onofre Ramírez, réferi de la pelea, que debía detenerla porque la herida surgida en el octavo asalto en la ceja derecha del campeón era demasiado peligrosa, definiéndose el combate por decisión técnica en la que derivó en una victoria por unanimidad para Popeye (86-85, 87-84, 87-84).
Es un poco contradictorio pero lo mejor que le pudo pasar a Mejía fue ese corte, que no se pudo apreciar con exactitud que lo provocó, según Ramírez fue un cabezazo de Lainez. En ese momento el peleador de occidente se estaba recuperando, estaba girando la pelea a su favor y Popeye se veía deteriorado, exhausto por la explosividad de la pelea. Si el combate hubiese continuado el desenlace fuera diferente, Lainez hubiera salido con el triunfo y sería el nuevo campeón. No obstante, cuando se detuvieron las acciones, Popeye estaba legítimamente encima en las tarjetas. Vi ganar a Popeye 86-85, solamente un round de diferencia.
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Lainez ganó los dos primeros, parándose en el centro del ring a Popeye, pero es que además era más de ser efectivo en su golpeo, metía la izquierda a su antojo y martillaba con la derecha, mientras Popeye respondía sin encontrar distancia por los movimientos de cabeza y cintura del occidental. El experimentado campeón nacional giró la ruleta en el tercero y cuarto en donde mejor se vio, desplegando sus combinaciones y dinamitando toda la humanidad de Lainez. Popeye se sostuvo arriba del quinto al séptimo ante un Lainez que había bajado un poco el voltaje de sus acciones. Ya no se movía tanto producto del desgaste y se convertía en un blanco fácil para Mejía.
Sin embargo, la pelea dio el cambio de ruta en el octavo tras el ímpetu de Lainez por no claudicar y, cuando vio la sangre se convirtió en un tiburón tratando de devorar a su presa hasta que Onofre detuvo las acciones por órdenes del médico del ring, la cual terminó siendo la mejor decisión para cuidar la integridad del pugilista. Popeye demostró tesón, espíritu de lucha y estar listo para una oportunidad a nivel internacional, mientras Lainez ganó mucho, a pesar de la derrota, porque reflejó estar al mismo nivel de un exranqueado mundial.