Los juicios del Chipote: una obra de teatro macabra

Dedicado a los presos políticos de Nicaragua.

En el sistema acusatorio, previsto en nuestro ordenamiento procesal penal vigente, el Estado no puede castigar a una persona a menos que pruebe su culpabilidad con base en una acusación con pruebas lícitas, fuera de toda duda razonable, en un juicio oral y público ante un juzgador independiente e imparcial sometido al imperio de la ley. De tal forma que, si el Estado a través de la Fiscalía no cumple con la carga de la prueba, la presunción de inocencia del procesado permanece intacta y, por tanto, debe ser puesto inmediatamente en libertad.

El régimen autoritario de Ortega-Murillo ha convertido al sistema penal en un instrumento articulado de persecución política para criminalizar y judicializar a quienes alzan su voz por una Nicaragua libre, justa y democrática.

Los operadores de este mecanismo tienen como guion “llevar a escena” la verdadera comisión de graves y sistemáticas violaciones de Derechos Humanos dentro de una obra de teatro macabra en la que se lleva a cabo un “simulacro de juicio” donde la Policía, la Fiscalía y los jueces exhiben su obediencia al régimen triturando la Constitución, las leyes y los tratados internacionales en materia de Derechos Humanos ratificados por el Estado de Nicaragua.

La “obra teatral” se lleva a cabo en una cárcel de tortura, bajo amenazas e intimidación policial, en audiencias cerradas, en las que se presentan cargos infundados descritos en acusaciones prefabricadas y deficientemente formuladas, basadas en hechos inexistentes, contradictorios e incongruentes, con pruebas ilícitas y testigos falsos que declaran ante jueces sometidos a la voluntad de la dictadura, conocedores de antemano de la sentencia que “van a leer” y garantes de las graves violaciones a las garantías del debido proceso legal.

En esta obra teatral grotesca los abogados defensores son los héroes defensores de los inocentes y de la ley, y en sentido más amplio, son defensores de la libertad dentro de una cruel parodia de la justicia puesta en escena por quienes dirigen esta obra teatral macabra, que tiene como víctima-espectadores de su maldad y perversidad, a hombres y mujeres que aman a Nicaragua que deberían ser liberados al caer el telón.

La autora es catedrática universitaria. Doctora en Derecho e integrante del Consejo Ejecutivo de la Alianza Cívica.

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