Las fiestas de fin de año en Nicaragua han tenido su propio toque y, por supuesto, la gastronomía hace gala de sus más ansiadas recetas reservadas para esta ocasión.
Las mesas se cubren de platos fuertes con servidos de gallinas, patos, chompipes, lomos, perniles, pollos revestidos del color de los vegetales y el aroma agridulce. Los postres como Pío V, Sopa Borracha, Tres leches, Queque de Frutas se toman el cierre perfecto.
Un capítulo muy especial, merecen las bebidas: el fresco de jengibre; los ponches de naranja o de piña; el ginger beer, con sus toques a jengibre, vainilla, frambuesa, dulce de raspadura, canela, clavo de olor y pimienta dulce, según el caso. También la chicha de maíz; la chicha bruja; agualoja y otros fermentados derivados de este maravilloso grano de nuestro continente.
Una bebida de especial recordación para mí, es el ponche de leche, que muy a pesar nuestro ya empieza a mostrar signos de peligro de extinción, pues no son muchos los que lo preparan debido a que se ha acogido el rompope de origen mexicano y ha venido desplazando paulatinamente a nuestra bebida.
Cuando era niña, hace unas cinco décadas, en diciembre siempre hacía frío y en los hogares se preparaba el ponche de leche, claro, para los niños más que ponche era una infusión de leche con especias y huevo, y para los mayores su toque de ron que los hacía entrar aún más en calor.
Era todo un espectáculo ver su preparación, porque mientras se infusionaba la leche con sus aromas y el azúcar, se batía enérgicamente con un tenedor las claras hasta lograr maravillosas burbujas grandes espumosas, luego las yemas hasta espesar un poco, ralladura de limón, finalmente de golpe vertían la leche sin dejar de remover y el ron, si no se formaba una capa de espuma blanca en la superficie, no estaba bien logrado el ponche. Desde niña observaba a las matronas cómo en las cocinas, que eran aparte de la casa, llevaban a cabo sus labores, era como ver una película desde palco y en primera fila.
El ponche de leche, también era llamado ponche de nueve días, pues se repartía en los novenarios de los difuntos, aunque también en las velas ví que lo servían. Mis hermanos y yo, en nuestra niñez y extrema pobreza, lejos de entender el por qué había vela o novenario, concurríamos a estas, para disfrutar del pan, café y el ansiado ponche, aunque mi mamá siempre nos hacía de seña para que nos fuéramos temprano a dormir, claro, una vez ya nos habíamos saciado y tomado nuestro ponche de leche.
Les dejo la reflexión de lo que representa para todos, el traspasar a nuestros hijos y las futuras generaciones, cada una de las costumbres o prácticas que nos identifican y que forman la huella digital de la cultura popular de Nicaragua.
Felices fiestas de fin de año y no olviden preparar el ponche de leche que es nicaragüense, en vez de otras propuestas internacionales y si no conocen la receta, aquí se las comparto.

Ponche de leche
Ingredientes
Para la infusión:
1 litro de leche
1 cdita. de vainilla
2 rajas de canela
2 clavos de olor (opcional)
6 pimientas dulces (opcional)
azúcar al gusto
Para la mezcla final:
2 claras de huevo
2 yemas de huevo
ralladura de limón
la leche infusionada y caliente
ron blanco al gusto
Canela en polvo para decorar
Preparación
A fuego moderado, en una olla vierta la leche, vainilla, canela, clavo de olor, pimienta dulce y azúcar. Después de romper hervor, deje 4 a 5 minutos para infusionar. Mientras tanto, en un recipiente apropiado, bata las claras hasta espumar, agregue las yemas y la ralladura de limón, siga batiendo hasta espesar o esponjar. Cuele la leche y agregue de golpe al recipiente para que suba la espuma, bata y agregue el ron a su gusto. Sirva inmediatamente y decore con canela en polvo.