Rafael Estrada tiene 28 años. LAPRENSA/CORTESÏA / RAQUEL ENRIQUEZ

La historia detrás del primer jinotegano en ganar un título de bateo

Rafael Estrada está contento, tiene la miel en los labios, la sonrisa de oreja a oreja, esa mirada de orgullo por haber ganado el título de bateo del Pomares 2021

Rafael Estrada está contento, tiene la miel en los labios, la sonrisa de oreja a oreja, esa mirada de orgullo por haber ganado el título de bateo del Pomares 2021. Se convirtió en el primer jinotegano en conseguirlo con .396, sin embargo, cuando recuerda el número final arruga un poco el rostro. La terquedad de Estrada lo hizo brillar, pero esa testarudez también lo pudo haber enterrado. El muchacho no tenía que jugar un partido más y sus números hubiesen quedado en .406, su equipo estaba eliminado y nadie estaba amenazando su reinado, Aldo Espinoza (.390) se había despedido en la última serie contra el Bóer, no obstante, Estrada decidió jugar contra Estelí los dos encuentros finales y bajó. “Ahora que lo pienso debí parar para terminar sobre .400 puntos”, confiesa.

Una vez saltado ese trago amargo en medio de los vítores y el confeti, el receptor, ahora primera base y bateador designado norteño, relata el camino de espinas que vivió para levantar ese cetro. “Se dice fácil, pero ha sido mucho trabajo. Estoy en buena forma y si no conseguí .400 puntos en esta campaña será en la próxima”, dice de forma retadora. No obstante, habla como ese joven seguro de sí mismo, capaz de retar al destino y tomarlo por los cuernos como realmente lo hizo. Tuvo dos momentos difíciles: «El primero fue cuando sufrí una contusión en la mandíbula, fueron semanas horribles que pasé y regresé a jugar con problemas, manteniéndome en la cima; sin embargo, lo más difícil lo pasé en la recta final con la muerte de mi abuelo por covid-19”, relata.

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Estrada desde niño tuvo una muy buena relación con su ser querido. Durante el último año no lo pudo ver como hubiese querido y cuando le dieron la noticia que batallaba contra el virus sentía impotencia de no poder ayudarle como le gustaría. “Lo más difícil no es que haya muerto, todos debemos de lidiar con eso algún día, sino lo que me molesta es no haberme despedido de él.  Mi abuelo era una persona que siempre te sacaba una sonrisa, estaba ahí para alegrarte el día y es duro no decirle adiós en vida”, comenta con voz entrecortada al recordarlo.

Con esa sensibilidad que recorre el cuerpo y bloquea la mente, Estrada pudo sobrellevar el liderato de los bateadores. “Este título se lo dedico a toda mi familia por igual que han estado animándome día tras día y por supuesto que a Dios que me dio la fortaleza”, agrega. El jinotegano no tiene secretos, no ha tomado una pócima mágica ni cortado camino para el éxito. “Sencillamente no he parado de trabajar en el gimnasio”, concluye, mientras no se desespera para ser tomado de refuerzo. Dice que se alegraría si sucede y si no, vuelve al gimnasio a prepararse para la Liga Profesional.

Deportes Rafael Estrada archivo

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