Cerca de las 11:00 a.m. el sol golpea con toda su intensidad. En el bullpen del viejo Estadio Nacional Dennis Martínez se encuentran alrededor de 20 lanzadores esperando el llamado para subir al montículo. Al final de la deteriorada banca está sentado un chavalo de baja estatura observando todo a su alrededor. Cuando el coach de picheo pregunta por el muchacho de Río San Juan, Farle Dávila se levanta de inmediato y dice con orgullo: «Soy yo». El pelotero, de 19 años de edad, recibió una de las noticias que jamás olvidará: fue convocado a la Preselección Nacional Sub-23 que se prepara para el Mundial de México en septiembre próximo.
El serpentinero derecho es oriundo de la comunidad San Bartolo, Morrito, Río San Juan, y jamás pensó que sería tomado en cuenta para formar parte de una Preselección Nacional. «El estadígrafo de Río San Juan me dio la noticia de que me habían convocado y luego el entrenador de picheo me lo confirmó. En ese momento estaba trabajando en albañilería, ya que de esa forma ayudo a mi familia cuando termino de jugar en el Pomares con los Defensores», mencionó Dávila.
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Dávila jamás dudó en acatar el llamado, aunque eso significaba dejar de trabajar unas semanas. El pasado lunes 16 de agosto, el sanjuaneño se enrumbó hacia Managua con la firme intención de disfrutar la oportunidad que tanto había anhelado. «Mi cuñada me llegó a recoger a la terminal de buses en el mercado Roberto Huembes, en Managua, y ella me llevó al IND, porque yo no conozco la capital», detalló Dávila, quien es el único jugador de los Defensores que está en la Preselección Nacional.
Este miércoles, la mamá de Farel Dávila cumple un año de fallecida y el muchacho asegura que ella está viendo sus logros desde el cielo. «Ella siempre quiso verme jugando beisbol. Mi mamá me motivaba para ir a las prácticas de Río San Juan, pero lamentablemente no pudo verme debutar en primera división, debido que este es mi primer año en el Pomares», expresó Dávila con los ojos brillantes a punto de estallar en llanto.